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Frontón de la Tía Chula

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(Fotografías de Rosa Pérez)

El conocido como frontón de la Tía Chula es un templo solar con pinturas rupestres en Oliete, enclavado en la margen derecha del río Martín, en una roca cónica de 8 metros.

 

En el equinoccio de otoño se produce un fenómeno especial: al amanecer, la luz solar atraviesa unas oquedades rocosas y se proyecta en la ladera, es “la puerta del sol”. Este fenómeno está plasmado en las propias pinturas del frontón.

 

El descubridor de estas pinturas, el 9 de octubre de 1994, fue José Royo Lasarte, director del Parque Cultural del Río Martín, en el vértice geográfico donde comienza la cerrada de Sancho Abarca, procediendo más tarde a su verificación con su profesor Antonio Beltrán.

 

Los siguientes datos de la descripción de las pinturas proceden del libro de Antonio Beltrán y José Royo Las pinturas esquemáticas del frontón de la Tía Chula (Oliete) y del Recodo de los Chaparros (Albalate del Arzobispo) y del artículo de José Royo Lasarte “El frontón de la Tía Chula en Oliete. Un santuario solar con más de 4000 años de antigüedad” indicados en la bibliografía.

 

El conjunto de pinturas rupestres de la Tía Chula cubre un espacio liso de unos 40 cm de altura y entre 20 cm y 10 cm de anchura. El conjunto está formado por cuatro trazos verticales, gruesos e irregulares, rojos como todo el conjunto, de unos 25 cm de largo de promedio [...]. Estos trazos están cruzados por un quinto horizontal a mitad de altura, lo que nos ofrecería una visión de ocho trazos verticales [...]. Bajo este grupo se localiza un singular signo formado por tres cortos trazos verticales, gruesos como los anteriores, cerrados -más que cortados- en su parte superior por otro signo horizontal, que podríamos denominar como ‘pectiniforme’, originando dos espacios interiores libres de pintura. A la derecha se distingue un pequeño hombrecillo cornudo y esquemático asociado a dos manchas o confusos signos de apariencia circular, esteliformes o en forma de astro.

 

fronton tia chula2En ese momento, en 1995, los autores describieron el conjunto de pinturas y peñascos como un lugar de culto vinculado con el sol, con representación simplificada de estructuras construidas y relacionaron la figura humana cornuda con posibles divinidades, orantes o chamanes. Y es que, a diez metros a la derecha de las pinturas, frente al frontón, hay un peñasco con dos oquedades cuadrangulares, de 1,5 m de alto y 40 cm de ancho, que son las que reflejan las hornacinas pintadas. Dos oquedades de esas características claramente son antrópicas, por el paralelismo y simetría entre ambas.

 

Si se añade a la descripción el fenómeno de los equinoccios, se confirma la explicación de un santuario solar, de reunión religiosa, civil o ritual, relacionada con el momento en que se inicia en agricultura el ciclo de la vida (primavera) y la muerte (otoño), en un momento histórico en el que se iniciaba la agricultura (hace 4000-4500 años), economía principal de las poblaciones, marcando los ciclos de producción agrícola.

 

La bibliografía existente sitúa las pinturas entre el Eneolítico y la Edad del Bronce y se añade que guardan una gran similitud con las del Risco de La Zorrera en Candeleda (Ávila) o con el modelo de barro de un templo de Vounus en el Museo de Nicosia (Chipre).

 

fronton tia chula3La hipótesis planteada por Antonio Beltrán y José Royo se confirma; uniendo las pinturas y el fenómeno del equinoccio, la explicación surge sola: el sol entra desde arriba, por “la puerta del sol”, son las cuatro rayas verticales, los rayos solares, que las pinturas reflejan sobre la hornacina, “la puerta del sol”. A esto hay que añadir el dibujo del brujo bailando, realizando un ritual, y dos signos circulares, que se podrían interpretar como dos soles, los dos equinoccios, el de primavera y el de otoño.

 

La pintura está representando la realidad como un pictograma. Todas las sociedades agrarias prehistóricas desarrollan sus cosmogonías en torno al sol porque es vida, fertilidad, garantía de que el ciclo agrario anual se va a cumplir. El momento decisivo del ciclo agrario sucede justo entre los dos equinoccios: con el de primavera la naturaleza renace y da sus frutos; con el de otoño, las cosechas ya se han recogido y la naturaleza se prepara para el período de “letargo” invernal. Estamos ante un calendario, una ritualización del ciclo agrario y un observatorio solar.

La magia simpática se hace presente en estas pinturas: cuando se tiene una imagen, se tiene poder sobre lo que la imagen representa. El papel de las pinturas de la Tía Chula no es otro que tener la seguridad de que el ciclo solar se va a cumplir cada año; o, más exactamente, que el chamán que aparece en las pinturas tiene el poder para que el ciclo solar (garantía de cumplimiento del ciclo agrario) no se interrumpa jamás.

 

Mención aparte merece “la serpiente” que se forma con la sombra de la roca en la que están las pinturas y las colinas adyacentes, de unos 40 m de longitud, que se “mueve” conforme el sol va marcando su trayectoria y que presenta un parecido muy acusado con la serpiente pintada en los Estrechos de Albalate y que algunas publicaciones relacionan con el fenómeno que se produce en la pirámide de Chichen Itza (Yucatán, México).

 

José Royo, en su artículo, hace referencia a Purificación Atrián y su Carta Arqueológica de Teruel para referirse al poblamiento de la zona, ya que la cerrada de Sancho Abarca es una de las estribaciones de la sierra de los Moros; además de la proximidad geográfica, las fechas y cultura atribuibles a las pinturas son las mismas que las que se atribuyen al poblado que describe Purificación Atrián.

 

Hay carteles explicativos y un panel de situación en el mirador, desde donde se observa el valle del Martín a su paso por Oliete; el barranco del Mortero, distinguiéndose la cinglera rocosa del cerro Felio en Alacón; las excavaciones del Palomar de Oliete y las de la sima de San Pedro; los cañones, donde se ubican las pinturas del abrigo de la Higuera en el barranco de Estercuel (donde está la figura, especial por su rareza, de una mujer embarazada); los abrigos de la Cabaña Marco y el abrigo de Obón.

Referencias bibliográficas

  • Atrián Jordán, P., Vicente Redón, J., Escriche Jaime, C. y Herce San Miguel, A., Carta arqueológica de Teruel, Teruel, 1980.
  • Beltrán, Antonio y Royo, José, Las pinturas esquemáticas del frontón de la Tía Chula (Oliete) y del Recodo de los Chaparros (Albalate del Arzobispo), Teruel, Ayuntamiento de Albalate del Arzobispo y Taller de Arqueología de Alcañiz, 1995.
  • Royo Lasarte, José, “El frontón de la Tía Chula en Oliete. Un santuario solar con más de 4000 años de antigüedad”, Naturaleza Aragonesa, n.º 27, julio-diciembre, 2011.
  • Sarto Fraj, Pilar, "Equinoccio de otoño en el frontón de la Tía Chula", BCI (Boletín de Cultura e Información) n.º 23, Andorra, CELAN, diciembre 2013.

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