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Testigos de la transición

Las jornadas sobre la Transición han concluido con una mesa redonda que ha contado con invitados de excepción, universitarios durante este periodo, muy politizados y con ganas de cambiar la dictadura por un régimen que contase con las libertades propias de una democracia.

 

Estos ponentes han sido presentados por el coordinador de la mesa, Gustavo Alares, doctor en Historia y Civilización y autor de varias publicaciones como “Políticas del pasado en la España franquista. Historia, nacionalismo y dictadura, publicado en 2017”.

Así la mesa ha estado compuesta por Antonio Abad, licenciado en Historia y ex -director del Servicio Cultural de la fundación CAI; Enrique Tordesillas, licenciado en Físicas por la Universidad de Zaragoza, trabajador de Telefónica y secretario general de CCOO-Aragón entre 1996 y 2004 y José Luis Trasobares periodista del Heraldo de Aragón y del Periódico de Aragón y expresidente de la Asociación de periodistas de Aragón.

 

El moderador ha articulado el coloquio teniendo en cuenta bloques temáticos empezando por el Tardofranquismo enfocado como un proceso de politización de la sociedad española y ha planteado a la mesa cómo fue el proceso, en qué lugares y ambientes se generó y qué mecanismos personales les movieron.

El primero en tomar la palabra ha sido José Luis Trasobares agradeciendo de antemano que hayan contado con él para esta actividad. Según explica, tenía 20 años y entró en la política con naturalidad. Su familia era de izquierdas y, aunque se contaban entre los derrotados, no padecieron estrecheces. Sí recuerda que se reunían muchas veces en su casa, de forma clandestina, personajes como Ricardo Berdié o Mercedes Gallizo. En estas reuniones empezó a tomar conciencia de que la dictadura era un corsé que le impedía vivir en libertad, tener acceso a toda la información cultural y que fastidiaba su juventud. Así que entró por conciencia pero también por amistad, con la gente con la que se movía compartían la necesidad de cambio, muy influidos por el Mayo del 68 y por las ideas marxistas en todas sus variedades. Su experiencia política es la suma de la racionalidad y la emoción. Insiste en que el motor de su compromiso fue la amistad.

Enrique Tordesillas, por el contrario, nos cuenta que en su casa no se hablaba de política pero esto no cortaba las ansías de libertad. De hecho participó en la 1º manifestación contra el proceso de Burgos de la mano del P.C. (Partido Comunista). Este hecho y el movimiento estudiantil hizo que se fueran conociendo gente de diferentes cursos y una cosa llevó a la otra.

 

 

Antonio Abad explica que en su caso fue en la universidad donde se animó a buscar algo diferente a la mediocridad espantosa y gris que se mostraba, la censura estaba tan interiorizada que cualquier acción suponía salir de la neblina. De hecho comenta que el Franquismo generó un nido de antifranquistas. Añade que la izquierda, que lideraba estos movimientos, estaba totalmente fragmentada y todos eran enemigos de cualquier idea que se alejara un palmo de la suya. Trasobares puntualiza que la atmósfera universitaria era compleja e ironizando se ha referido a la “Vida de Bryan” para ilustrar la variedad de partidos con siglas diferentes e ideologías similares. Todos coinciden con la imagen de ser burbujas ideológicas aisladas que polemizaban entre ellos permanentemente y que, confiesan entre risas, no llegaban a ninguna conclusión. La universidad se convirtió rápidamente en un campo abonado para la protesta. Como cuenta Enrique, si había problemas académicos o de cualquier otro tipo se convertían, sobre la marcha, en motivo de protesta y a la par se iba tejiendo una malla de partidos en el que las relaciones personales eran fundamentales para darle forma. Trasobares añade que a partir de los años 70 la estructura social de la universidad estaba cambiando. Ya no eran los hijos de padres con posibles los únicos que accedían, las clases medias empezaron a llenar sus aulas. Todos estos alumnos estaban tremendamente concienciados en la lucha contra el Franquismo y empezaron a militar en esos grupúsculos. Muchos no tenían apenas infraestructuras para articular protestas de gran alcance. Enrique resalta la sensación de que no sabían en qué estaban exactamente sumidos. Por poner un ejemplo había un partido prochino que exaltó la revolución cultural del maoísmo sin saber muy bien qué ocurría en ese país. Ahora a todos les parece una barbaridad pero se creían en posesión de la verdad y de la razón absoluta. De nuevo coinciden en que actualmente todos los partidos y sindicatos quieren adueñarse de la transición pero apenas queda nada escrito, la clandestinidad obligaba a no dejar rastro de sus movimientos, discusiones, reuniones o acuerdos.

 

Otra cuestión es la de la violencia durante la transición. Enrique comenta que estuvo detenido y que en el interrogatorio contestó a todas las preguntas pero pasó mucho miedo. En la universidad no los detenían pero fuera de esas murallas sí. El miedo le llevó incluso a preparar algún cóctel molotov que nunca utilizaron.

Del tema de la violencia pasamos a los pactos de la Moncloa. Trasobares comenta que se quiere ver este periodo como un momento plácido en el que todos los políticos quieren pactar dominando la acción “de la ley a la ley” pero hubo casi 800 muertos, la actuación de ETA fue una autentica desdicha, perjudicando al proceso democrático y creando un ambiente absurdo y desasosegante. Por otro lado, el ala dura del franquismo seguía actuando con verdadera impunidad, así que no se puede hablar de momento idílico. La sociedad mostraba sus contradicciones, las clases altas de ideología de extrema derecha se iban a abortar a Londres o veraneaban en una Ibiza fuera de toda horma franquista. Cualquier movimiento aperturista en las antiguas filas del poder eran pequeños grupos sin apenas apoyo social como por ejemplo la Unión Democrática Militar (UDM). La gente quería una transición pacífica, es decir, cambiar pero sin arriesgar. Una situación del control de la violencia se dio en el funeral de los asesinados de Atocha. El PCE no quería que hubiera altercados y lo consiguió. Los afiliados controlaron todas las manifestaciones y las salidas de tono fueron sofocadas. Esto les valió el respeto de gran parte de la sociedad y lo rentabilizaron consiguiendo la legalización. Los pactos fueron necesarios y en ese momento cada acuerdo se vivía como una estación de tránsito hacia la Democracia. Aún con todo, los ponentes consideran que se blindó el documento de la Constitución en aspectos como la inviolabilidad del monarca o la dificultad que supone poder cambiar una coma.

 

Otra cuestión que Alares plantea es hasta qué punto las situaciones como el poder de la iglesia católica, la corrupción policial, el monocultivo del turismo, la cuestión de las puertas giratorias o los desequilibrios demográficos entre otros problemas son, en parte, fruto de la transición. Esta pregunta ha provocado las sonrisas de nuestros invitados ya que la contestación es de una complejidad enorme. Enrique responde que la cuestión monárquica o el poder de la iglesia no cambia porque nadie quiere meterle mano. Llegado a este punto Alares pregunta sobre el golpe de estado del 23-F y en qué medida influyó sobre la transición. Trasobares tiene muy claro que significó el fracaso del franquismo, el aborto del golpe dejó clara la derrota de la extrema derecha. A partir de aquí el ejército empieza un tímido cambio, ya no defiende a una persona o un sistema, se convierte una estructura de todos los ciudadanos. El desenlace fue positivo y el personaje político que mayores réditos sacó fue Felipe González, ya que consiguió el voto de la izquierda y de los indecisos del centro. Con el 23-F el final de este periodo se va dibujando. No se consiguieron grandes cambios, la sensación de fracaso y desencanto entre los militantes de izquierdas se extendió. Mucha gente cambió sus posiciones ideológicas pero sí que hubo una gran libertad, más de la que hay ahora en la que predomina la autocensura.

El desencanto se debe, básicamente, a percepción cada vez más patente de la imposibilidad de encajar las ideas políticas con la realidad. La complejidad del momento lo hizo cada vez más difícil. Enrique comenta que, a pesar de todo, continúa participando en política y es más de izquierdas que nunca. Antonio Abad abunda en la misma idea, la realidad y su idealismo universitario no tenían apenas correspondencia. Trasobares tiene muy claro que todos los partidos pactaron y que todos hemos cambiado al ritmo de los grandes cambios de finales del siglo XX. Con desencanto o no, ahora haría lo mismo. Sigue considerándose un idealista pero moderado (con cierta ironía habla de pequeño burgués) pero sigue apostando por la justicia social, la igualdad económica o por la igualdad entre hombres y mujeres. Muchos militantes universitarios de la transición siguen siendo de izquierdas.

 

Quedan muchos temas por tratar pero el coordinador no quiera acabar sin antes hablar sobre la irrupción de la mujer en la escena social. Como comentan la igualdad de sexos empezó con la transición aunque se venía de una cultura muy masculinizada. En ese momento se empezaron las primeras manifestaciones feministas y la lucha por la autonomía plena de la mujer. En la actualidad se sigue luchando y a los ojos de los participantes es una lucha imprescindible.

 

Para cerrar la mesa redonda y con ella las jornadas el moderador ha preguntado para qué sirve recordar este periodo. Antonio ha recurrido a la etimología de la palabra nostalgia, el regreso con dolor, para expresar cómo evoca la transición. Fue un periodo cargado de ilusión y de juventud en lo personal pero lo percibe como un lamento en lo social. Enrique recuerda la transición con una mirada crítica, cree que deben aprender de lo que hicieron bien y mal. Lo siente como un aprendizaje hacia el pacto y entiende que la población quería un cambio pero sin exponer demasiado, de ahí que el partido que salió reforzado fuera el PSOE que se escoró hacia el centro buscando la mayor cantidad de votos y obtener una posición política a largo plazo. Trasobares nos recomienda una lectura “Aquí no se viene a estudiar”. Cree que es imprescindible conocer la historia reciente, sobre todo ahora que estamos en una época de reconstrucción de esta etapa. España cambió de forma radical y los protagonistas fueron millares de personas.

 

 

Alares ha cerrado agradeciendo el caudal de experiencia, compromiso y buen humor que se ha destilado a lo largo de toda la tertulia.

 

Texto: Beatriz Ara Comín

Fotos: Pilar Sarto

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