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El 23 F y las resistencias al cambio político.

La segunda charla dentro de la programación de las Jornadas sobre la Transición (1975-1982) ha corrido a cargo de Javier Fernández López, escritor, delegado del Gobierno de Aragón de 2004 a 2012, militar y profesor de la Universidad de Zaragoza.

 

De nuevo Cristina Alquézar Villarroya ha trazado un recorrido por su dilatada carrera profesional. Con 68 años es Teniente Coronel en la Reserva, ha sido Delegado del Gobierno de Aragón de 2004 a 2012 y profesor de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de Zaragoza. Es especialista en historia militar y de la transición, autor de numerosas publicaciones entre ellas: “Diecisiete horas y media: el enigma del 23-F “

 

Tras la presentación el ponente ha agradecido al CELAN que se haya contado con él para explicar el entramado del golpe de estado considerando que es importante que llegue esta lección a todas las localidades sean grandes o pequeñas.

 

Para empezar nos aclara que va a exponer el acontecimiento como si de una novela se tratara, es decir, con planteamiento, nudo y desenlace. Seguidamente nos ha puesto en situación remitiéndose a su situación personal. Es hijo de Guardia Civil, cursó la carrera militar siendo, actualmente, Teniente Coronel del Cuerpo General del Arma de Ingenieros  en situación administrativa de Reserva. También cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Zaragoza y desarrolló su tesis doctoral durante cinco años sobre: “Los militares en el cambio de régimen político: España (1969-1982)”. Todos sabemos que estos trabajos son sometidos a examen y que deben ajustarse al rigor científico. Esta tesis le llevó a ahondar sobre el golpe de estado y a contactar con militares, guardias civiles y amigos que le permitieron acceder a información de primera mano y a hacerse una idea bastante aproximada de la realidad. Sirva de ejemplo sus conversaciones con Sabino Fernández Campo sobre el 23-F.

 

 

La segunda cuestión a la que ha hecho referencia es a los antecedentes históricos. Para ello se ha remontado al golpe de estado de julio de 1936 en el que no hay que olvidar que fue perpetrado por los militares, que toman el poder, que lo ostentan durante 40 años y que han adquirido privilegios de todo tipo que no están dispuestos a perder. El franquismo no acaba con la muerte de Franco. Otra cuestión importante es que el 23-F no es el único intento de acabar con la democracia, hay que sumar dos más en octubre del 82 y en junio del 85 que fueron desmantelados antes de empezar.

 

Con estos preliminares Javier F. se ha remitido al contexto inmediato para desgranar los entresijos del golpe.

Desde su visión este acontecimiento empieza a gestarse el 22 de noviembre de 1975, día de la coronación de Juan Carlos I. El monarca realiza un discurso muy estudiado por Torcuato Fernández Miranda en el que repite la frase “Voy a ser rey de todos los españoles” y que no cae muy bien a algunos sectores que no quieren una España normalizada. Casi un año más tarde, el 22 de septiembre, dimite como Vicepresidente primero de gobierno para asuntos de Defensa el teniente general Fernando de Santiago y lo sustituye Manuel Gutiérrez Mellado, cambio que fue muy mal recibido por la España más reaccionaria y la prensa franquista lo divulgó casi como una declaración de guerra, despreciando a Gutiérrez llamándolo “señor” o “Guti” frente a su endiosado predecesor. Sumando acontecimientos, el 9 de Abril de 1977 se legaliza el Partido Comunista de España (P.C.E.) y el ejército lo apunta como una infamia. En este contexto Milán del Bosch dijo la frase “habrá que hacer algo” que se interpreta entre parte del ejército como un grito de guerra.

A finales de 1978 Gutiérrez Mellado inicia una campaña por los cuarteles españoles para explicar las nuevas ordenanzas que se habían elaborado para el ejército y que debían aprobarse en el parlamento. Este viaje estuvo plagado de incidentes debido, en parte, a la falta de experiencia del ministro en estas lides. Estando en Canarias se descubre la “Operación Galaxia”, intento de golpe de estado malogrado, que le obliga a volver a Madrid. En esta operación ya salen a la luz los nombres de Antonio Tejero y Ricardo Saénz de Ynestrillas. Los juicios fueron vergonzosos y antes de un año ya estaban en la calle reafirmándoles en la idea de acabar con la joven democracia. Durante los años siguientes se realizan una serie de homenajes en distintas ciudades de apoyo a la Guardia Civil, víctimas mayoritarias de los atentados terroristas. En estos actos es donde van contactando los antidemocráticos y empieza a correr como la pólvora la fatídica frase: “habrá que hacer algo”.

Sumando acontecimientos el año 1980 supuso un periodo horrible para Suárez. Se inició, por un lado, el declive de su partido por las disputas internas y la desobediencia de los barones y por otro sus problemas de salud. En este contexto se puso en marcha una moción de censura capitaneada por el PSOE para destituir a Adolfo Suárez proponiendo a Felipe González e interpretada por la derecha como una maniobra golpista de los “rojos”. El resultado fue la dimisión de Adolfo Suárez.

Mientras se desencadenan los hechos políticos, hay una serie de militares que deben ser perfilados. Entre 1975 y 1977 estuvo como Secretario General de la Casa Real el general Alfonso Armada Comyn. Este personaje tenía contacto estrecho con el rey, administraba la Casa Real, había sido su profesor para acceder a la Academia Militar y de paso aprovechó esta cercanía para pedir el voto para Alianza Popular enviando correspondencia con el sello de la Casa Real.

Su mandato acabó tras una acalorada discusión con Suárez sobre la ley de Divorcio. El monarca cesó a Armada y lo sustituyó por Sabino Fernández Campo. Esta cadena de acontecimientos (su destitución y la dimisión de Suárez) le sirven para pergeñar la “Operación De Gaulle”, es decir, dar un golpe de estado y postularse como presidente de gobierno para resolver los problemas que estaba generando la transición.

Volvemos a Suárez y su sucesor. Se nombra a Leopoldo Calvo Sotelo que debe ser ratificado por las Cortes fijando el día del trámite para el lunes 23 de Febrero de 1981. Esta es la fecha elegida para el golpe de estado.

 

 

Hasta aquí nuestro ponente considera que llega el planteamiento, ya que está el contexto, los protagonistas y el inicio del desarrollo. El nudo y el desenlace suceden más rápidamente y son menos alambicados.

Los protagonistas son tres: el teniente general Jaime Milans del Bosch, Antonio Tejero teniente coronel de la Guardia Civil y el general Alfonso Armada Comyn. Días antes, la tensión por los atentados de ETA estaba desbordada. Tejero confundía terrorismo con democracia, consideraba que eran dos situaciones imbricadas, así que acabar con la democracia suponía acabar con el terrorismo.

¿Cómo contactaron estos protagonistas? La relación entre ellos fue a tres bandas y siempre con intermediarios y el lugar y momentos propicios fueron los nombrados homenajes a la Guardia Civil. Quién fijó el momento fue Tejero. El fin de semana se presentó frenético. Los golpistas llaman a Ricardo Pardo Zancada, comandante del ejército, para que acuda a Valencia y Milans contacta personalmente con Armada. Por otro lado el guardia civil busca desesperadamente apoyos que finalmente consigue, algunos engañados, con la consigna de que el rey estaba al tanto de la situación. Finalmente el lunes por la tarde se perpetró el asalto al Congreso mientras se llevaba a cabo la investidura del nuevo presidente, con imágenes que han quedado grabadas en la memoria de todos.

¿Quién paró el golpe? Indudablemente, dice Javier Fernández, el rey y algunos militares. Entre ellos hay que destacar las paradójicas palabras del general Quintero que llamó al orden siguiendo las instrucciones que les había dejado en herencia Franco por las cuales debían obedecer a Juan Carlos I. Desde el primer momento Milans pensó que este pronunciamiento triunfaría y Tejero dejó claro que no obedecía a nadie.

El desenlace, a ojos del ponente, fue una vergüenza. La justicia actuó dentro de los márgenes militares, no hubo justicia civil. Las penas fueron mínimas y hasta que no se redactó una reforma del Código Penal no se revisaron. Todos parecían defender a los culpables (los abogados propios y los fiscales) resultando un espectáculo bochornoso. Hubo secuelas como las que ya se han nombrado pero para el ponente esta situación es impensable que vuelva a producirse. La entrada en la OTAN supuso para las fuerzas armadas españolas un bálsamo, contactaron con militares de otros países, abrieron su mente y consiguieron cambiar la imagen tan nefasta que se tenía de ellos.

 

Tras la charla se ha establecido un turno de preguntas entre las que hay que destacar la que ha formulado uno de los asistentes poniendo el foco del empuje golpista en algún sector civil. Fernández ha aclarado que fue una actuación que requirió de muy poco aporte de capital y, por lo tanto, se hizo innecesaria su financiación.

 

Texto: Beatriz Ara Comín

Fotos: Rosa Pérez

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