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Dos exposiciones en Zaragoza

El CELAN organizó una jornada cultural en Zaragoza el 15 de diciembre, con la visita a dos exposiciones: “Esto no es un cartel de Isidro Ferrer”, en el Paraninfo, guiada por el propio autor, colaborador del CELAN,  quien nos hace las portadas de la Revista de Andorra y “Pablo Serrano, retratista retratado”, en el IAAC Pablo Serrano, comisariada por María Luisa Grau, miembro del CELAN, que guió la visita. 

La exposición del Paraninfo muestra la trayectoria artística de Isidro, más de 30 años haciendo carteles que se explican por sí mismos y están colocados cronológicamente desde el año 2000 hasta el último, que publicita la muestra. En las salas Goya y Sauras, cien objetos ocupan las vitrinas centrales y  170 carteles recorren las paredes, desde el realizado en el año 2000 hasta el último, el cartel de la exposición… un deleite de creatividad, imaginación, trabajo y acierto. No tienen cartelas, toda la información está contemplada en el cartel. 

Cuando hice la noticia de la inauguración decía: ¿Por qué lleva Isidro gorro casi siempre? Quizá sea porque las ideas le salen a borbotones y es una forma de que no se evaporen y desaparezcan. “Esto no es un cartel de Isidro Ferrer" es un ejercicio de descubrimiento, de sonrisas y genialidad. Me reafirmo en esa valoración y es que ha sido una gozada poder disfrutar de todas esas ideas que se plasman en objetos y luego en carteles… 

Comenzamos la visita con la explicación de Isidro sobre qué es un cartel. Isidro comentó que el arte es un pretexto integrado dentro de alguno de los carteles y que el cartel es un objeto y el acto de comunicación, explicando los elementos (receptor, emisor, referente, mensaje, código, canal, contenido) y cómo se articulan en el cartel. Se extendió en el tándem imagen-palabra, explicando que la palabra posibilita y hace las cosas y la imagen está asociada, pudiendo contener palabras en su interior. “Vale más una imagen que mil palabras”, Isidro añadía la frase de María Zambrano: “siempre y cuando esa imagen contenga esas mil palabras”. La palabra es esencial para la construcción del lenguaje gráfico. 

Entre las dos salas, un montón de verbos que definen la creación y lo que Isidro hace con su obra: Actuar, luchar, resistir, aceptar, reconocer, anunciar, reclamar, vencer, criticar, desvelar, denunciar, distinguir, señalar, convocar, renunciar, desafiar, traspasar, ahondar, lanzar, recoger, desordenar, nombrar, colaborar, ordenar, rechazar, justificar, provocar, invitar, sorprender, juzgar, subvertir, invitar, animar, descubrir, revelar, destripar, argumentar, jugar, reconocer celebrar, opinar, situar, valorar, recordar, festejar, señalar, contagiar, atribuir, datar e inaugurar. 

Isidro se va deteniendo en alguno de los carteles y los va desentrañando, explicando la multiplicidad de lecturas de lo que es sin llegar a serlo; la paradoja, metáfora, metamorfosis que incluye el candado de Buñuel: las manijas de las puertas abren, los candados cierran; Buñuel era un voyeur y tenía pánico a las arañas, Isidro utiliza esos elementos del universo buñueliano con carácter simbólico y estético: blanco y negro, desasosiego, inquietud…

Especial es el cartel No a la guerra, que reprodujimos en el CELAN y en ASA y lo divulgamos entre los socios: Un cepillo sirve para mantener limpios los dientes, sin enfermedades, una función preventiva; Bush hablaba de guerra preventiva… sustituir las púas de cerda por unos clavos, cambia la finalidad, anula, imposibilita la palabra… pero este cartel necesita el texto: No a la guerra… esa es la relación imagen-palabra, el cepillo cobra ese valor significativo. 

“A cielo abierto”, cartel para una exposición personal, utiliza el lápiz como instrumento de trabajo que conecta nuestra forma de actuar con un soporte, con el cerebro. La escalera tiene un valor simbólico: ascenso, subida, al que se une la percepción judeocristiana de la existencia, una percepción vertical en la que lo bueno está arriba… a Isidro le permite ascender en lo vital, el conocimiento y llegar a donde quiere llegar. 

El cartel “Ruido-silencio” hecho para los cursos de Albarracín recoge un martillo, que es lo que asociamos con ruido y lo hace frágil, para un solo uso, de cristal… la materialidad invalida su funcionalidad. 

Explicando algunos carteles, nos cuenta cómo trabaja: Primero es la idea, dibujada en el papel, aproximaciones conceptuales que luego intenta materializar, llevarla a cabo él o con ayuda de artesanos, como en el caso de Spain arts & cultura, de 2015, el botijo/gallo, un encargo del Ministerio de Asuntos Exteriores en Washington, para un programa de fomento de la cultura española en el que se planteaba la cerámica contemporánea ibérica. Planteó dos aportaciones singulares de España y Portugal, el botijo y el gallo y Francisco, maestro tornero madrileño (recomendado por Chema Madoz) fue el artesano que le hizo entender eso de “ojo de buen cubero” y que le aportó algunas ideas como poner el asa del botijo al revés para que fuera la cabeza del gallo y las marcas para la pilosidad de las patas.

La visita tuvo un apartado importante, cuando Isidro nos contó su colaboración con el Centro Dramático Nacional, 10 años y 8 temporadas, 150 carteles distintos. Se leía la obra el domingo por la tarde, con cerveza y pipas, tomando notas… el cartel es la puerta de entrada de la obra y luego estableces la conexión a la salida, es el prólogo y el epílogo, la imagen retenida en el cerebro para rememorar la obra y la experiencia. 

Nos sorprendió la utilización de la gigantización: la escala desaparece y cambia la percepción. Eso sucede en el cartel de la Muestra de cine europeo Ciudad de Segovia. La idea es la mirada lenta del cine europeo, frente al cine vertiginoso americano, que asocia con el movimiento del caracol y a la vez la espiral de la cáscara, que tiene que ver con la hipnosis y con quedarse embobado en la pantalla, con reminiscencias de Hitchcock (Vértigo, Psicosis). Hizo un casting de caracoles blancos buscándolos en el campo durante tres días, tuvo que comprar las pestañas y probarlas en sus caracoles y guarda ese ejemplar que fue el constitutivo del cartel, incluso con rimmel que le pusieron en uno de los préstamos “para darle viveza a la mirada”.

Para el cartel de la Constitución le vino a la cabeza la idea de Julio González: “La historia de España es como la morcilla de mi pueblo, está hecha de sangre y repite”. Ferrer embutió la constitución en tripa de cerdo. 

Para Isidro los hallazgos, los encuentros, es un tiempo que gana, porque le concede al tiempo otro valor distinto, es un logro. 

La falla Sense Permís (Corona) fue el encargo de un casal fallero. Berlanga diseñó una teta gigante con un pezón del que manaba un chorro de horchata por una escalinata alfombrada de rojo por la que subían los políticos. Cuando murió, se hizo la falla y a partir de entonces se encarga a artistas o diseñadores fuera del mundo fallero. Hace dos años se la encargaron a él y coincidió con la abdicación de Juan Carlos para consolidar la monarquía… su falla representa el peso de la monarquía sobre el ciudadano y sobre el propio rey que está desnudo y le imposibilita ponerse de pie. La corona es el poder, la singularidad del poder, todos deseamos nuestro pequeño cetro, somos esclavos de nuestras propias fantasías, estamos a merced del sistema por esas obligaciones que nos empeñamos en llevar, cargas que sobrepasan nuestras posibilidades. Isidro puso como condición que la falla infantil y la adulta estuvieran juntas y se quemaran a la vez; aceptaron su condición y así las plantó confrontadas, es la visión de la niña, contraria a la otra, vestida y le da la vuelta a la corona convirtiéndola en silla, sentándose sobre ella. Hay un duelo de miradas. Como por otra parte hay que presentar un ninot, hizo dos coronas nuevas, una tan endeble que la mosca la dobla y además las moscas van a la mierda, y otra podrida. 

La campaña de comunicación de Luzifer, una fábrica de lámparas, diseñada por Isidro, reúne una colección de animales y construye algunas de ellas de forma artesanal, con madera de olmo humedecida, como las que ocupan el espacio central de la sala, Luzifer Funny Farm.

El elogio del desorden, es el cartel para un curso en el museo Nivola, en Orani (Cerdeña), en el que une lo popular y la cultura con símbolos y significados: la representación clásica de la cultura es una lira, la de lo popular, en Italia, los espaguetis y así combina los dos elementos teniendo que hacer muchas cocciones para encontrar el punto exacto que permita cambiar las cuerdas por ellos. 

Terminamos sin querer terminar, con un montón de preguntas, hasta que nos echan del Paraninfo porque llevamos tres horas que parecen media… 

“Lo importante es abrir el interrogante. El análisis inicial es conceptual: necesidades, público, entorno, contexto, el significante que hace que se encierre el significado. Elaboras el listado de opciones y planteas interrogantes. (…) El trabajo y la espera vienen de la mano. La creación puede venir trabajando sobre el discurso o en otro momento (…) Trabajo en varios proyectos a la vez, trabajar en uno solo condiciona y obsesiona, en varios, favorece las asociaciones derivadas. (…) Mirando, leyendo, vienen muchas ideas, también hay relaciones sintácticas y hay otros hallazgos fortuitos desplazándose, el movimiento es necesario para la búsqueda y el hallazgo (…) Poner en marcha las cosas y agitarlas, para lograr nuevas relaciones (…) Para todo es necesario actuar, primero está la idea pero hay que salir a buscar lo significativo”.

Por la tarde María Luisa Grau nos explicó la exposición de la que es comisaria: “Pablo Serrano, retratista retratado”. Se plantea una doble mirada en torno al escultor de Crivillén, tomando el género del retrato como eje central desde el que se observa al escultor, pero también al hombre, con piezas de la propia colección del Museo y piezas pertenecientes a colecciones privadas. María Luisa valora el hecho de que la exposición haya surgido desde dentro, desde los investigadores de la colección. 

 

Tras un resumen de la biografía y trayectoria artística de Pablo Serrano, María Luisa nos explica el criterio de selección de las obras: personajes con los que tuvo relación de amistad o profesional y que pertenecían al mundo cultural. 

La primera parte de la muestra está dedicada al Pablo Serrano retratista; cómo miró, reinterpretó y modeló la personalidad de sus coetáneos a través de las Interpretaciones al retrato. Esta zona reúne un total de 18 retratos que conforman una galería de personajes que narra las relaciones personales y profesionales que Serrano entabló a nivel nacional e internacional dentro del mundo artístico y que son una manifestación del lugar que ocupó dentro del contexto cultural de la segunda mitad del siglo XX. 

Me ha interesado siempre la interpretación del retrato. Porque en cada hombre hay un rostro físico y otro metafísico. Me interesa de cada ser humano esto, sus dos espacios: los que vive y habita. Le observo. Lo aprendo. Cuando ya le conozco, lo interpreto. Ya no necesito su presencia física. Más bien me estorba. (Pablo Serrano)

Lo hace recurriendo a la figuración, entre el expresionismo y la abstracción. Serrano tiene formación y soporte técnico que puede abandonar, rompiendo con la visión frontal, trazando líneas diagonales que añaden expresividad y movimiento, rompiendo el estatismo; la asimetría en el tratamiento de los rostros y la deformación de rasgos que se pueden observar en el retrato de Aranguren o Gaya Nuño por ejemplo, en los que exagera, alarga, deja las huellas de los dedos, arrastra y hace hendiduras; son como caricaturas. Pablo parte del barro y de forma rápida, con las manos, de forma directa e intimista, en 22 minutos, lo ha formado. Pablo captaba el carácter, la esencia, del personaje. 

La segunda parte de la muestra se centra en el Pablo Serrano retratado; cómo le vieron e inmortalizaron en sus reportajes algunos de los fotógrafos más importantes de la época, que constituyen la cara pública que el autor quería proyectar de sí mismo.  

Se trata de una selección de imágenes del archivo fotográfico del escultor que están estructuradas en diversos ámbitos: el escultor en su estudio, en pleno proceso de creación, en la intimidad de su casa o en sesiones fotográficas de estudio que, vistas en conjunto, perfilan las distintas etapas vitales del autor. Un conjunto fotográfico con valor artístico y documental, que testimonia la creación fotográfica de la época y al Serrano artista en relación con sus obras, en el contexto de su creación. 

Pablo Serrano era muy presumido y “posaba”, además de tener una cabeza muy escultórica, un rostro potente. 

La exposición se cierra con una reflexión sobre cómo Pablo Serrano se vio a sí mismo, a partir de dos autorretratos que nos permiten descubrir esa "automirada" en la que se incluye la presencia de Unamuno, personaje con el que Serrano jugaba a la identificación como traslación de la admiración intelectual que sentía por él y el cierto parecido físico.

Entre las piezas que se muestran al público, acompañadas de documentación diversa, se incluyen los retratos del que fuera director del MOMA René D’Harnoncourt, del coleccionista Joseph Hirshhorn, de los artistas Juana Francés y Manolo Millares, de los intelectuales Gaya Nuño y Aranguren, del poeta Miguel Labordeta, o la de José Camón Aznar, prestada por la Fundación Ibercaja. Entre la nómina de fotógrafos están Sánchez Millán, Nicolás Muller, Juan Dolcet, Núñez Larraz, Henry Ries, Waintrobe, Marvin Bolotsky o Alberto Schommer.

¡Y hasta aquí todo lo que nos cundió el día!

Os invitamos a ver las exposiciones, la de Pablo Serrano hasta el 31 de diciembre y la de Isidro hasta el 12 de enero. 

Texto: Pilar Sarto. Fotos: JAP

 

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