Centro de Estudios Locales de Andorra

Ayuntamiento de Huesca

Es un ejemplo de la arquitectura civil aragonesa renacentista. La fachada principal mira a la plaza de la Catedral. Planta rectangular con tres pisos de altura flanqueados por dos torreones. En el centro de la primera planta abre la entrada principal; a continuación se levanta la planta noble con cinco sencillos balcones adintelados. La parte más interesante la encontramos en la tercera planta donde se dispone una galería adintelada con siete columnas dóricas sobre plintos que quedan unidos por los pretiles, decorados con óculos en el centro, que cierran la parte inferior de los vanos.
 
El alero es una espléndida obra de talla dentro del más puro estilo renacentista que incluye ménsulas con temática vegetal, rosetones, dentellones, ovas y dardos, etc.
En cuanto a las torres, son lisas hasta su parte alta donde abre una galería de tres arcos de medio punto doblados por fachada. Sobre la izquierda se levanta una sencilla espadaña.
El conjunto está formado en realidad por dos antiguos edificios, las Casas de la Ciudad y el Colegio de Santiago. A principios del siglo XVII se añadió la monumental fachada renacentista que podemos ver hoy en día, aportando uniformidad al conjunto.
 
En el interior destaca el patio, con su techumbre de madera y su escalera monumental. 
Aquí era donde originalmente se celebraban las reuniones del gobierno municipal.

Adosado a la fachada principal se encuentra el Colegio de Santiago, durante cientos de años fue el más prestigioso de la Universidad de Huesca.

 
 
Visitamos el antiguo salón de plenos con techo pintado por León Abadías y Santolaria (Huesca 1836-Córdoba 1894), discípulo de Federico Madrazo, Carlos Mújica y Bernardino Montañés, que perteneció a la Academia de San Fernando. En 1872, pinta un fresco con figuras geométricas y elementos del escudo de Huesca: el árbol del Sobrarbe, la cruz de Íñigo Arista, la cruz con las cuatro cabezas, el amarillo que indica reino vasallo del Vaticano… 
 
 
 
Y pasamos a la Sala de la Justicia, donde se expone el óleo “La Campana de Huesca”, pintado por Casado del Alisal. DestacaY el cuadro especial, la leyenda del rey monje (Ramiro II de Aragón) y la campana de Huesca, cuadro de José Casado del Alisal, pintado en 1880 y en depósito del Museo del Prado.  Tras la defunción de Alfonso I de Aragón, que falleció en 1134 sin haber dejado descendencia, heredó el reino de Aragón su hermano Ramiro II, obispo de Roda-Barbastro, a pesar de que Alfonso I había legado su reino en su testamento a las órdenes militares del Temple, del Hospital y del Santo Sepulcro. Se ignoró su testamento y las ciudades y los nobles aragoneses apoyaron la candidatura de Ramiro II al trono, mientras que los pamploneses y navarros optaron por secundar a García Ramírez de Pamplona, que era biznieto del rey García Sánchez III de Pamplona. Y en este contexto se desarrollaron los hechos históricos, ocurridos entre 1135 y 1136, que pudieron originar la leyenda de la campana de Huesca. La crónica de San Juan de la Peña, escrita en el siglo XIV, afirma que, estando Ramiro II preocupado por la desobediencia de sus nobles envió un mensajero a su antiguo maestro, el abad del monasterio de San Ponce de Tomeras, a fin de solicitar el consejo de su abad, y éste llevó al mensajero al huerto y cortó unas coles que sobresalían por encima de las demás y, a continuación, el abad ordenó al mensajero que repitiera al rey el gesto que había visto. También consta en dicha crónica que el rey convocó Cortes e hizo llamar a los principales nobles para que acudieran a Huesca, con la excusa de hacer una campana que se oiría en todo el reino, y cuando llegaron, ordenó decapitar a los nobles más destacados,  sofocando con ello la revuelta. 
Una vez ejecutados, las cabezas de los nobles fueron colocadas en forma de círculo y la cabeza del obispo de Huesca, el más señalado de los rebeldes, fue colgada en el centro a modo de badajo de la campana. Posteriormente, el rey dejó entrar a los otros nobles en dicha sala para que contemplaran la campana con los nobles que habían desafiado su autoridad y escarmentaran. 
 
 
 

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