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Monasterio del Olivar

El monasterio de Nuestra Señora del Olivar en Estercuel constituye por su valor histórico y artístico uno de los monumentos más importantes de la comarca de Andorra-Sierra de Arcos.

monasterio olivar

 

Aunque su origen constructivo se remonta al siglo XIII, el monasterio actual data fundamentalmente de los siglos XVI y XVII. Si bien la mayor parte de sus bienes muebles han desaparecido, el conjunto arquitectónico ha llegado a nuestros días en un buen estado de conservación gracias a que se trata de un monasterio vivo, habitado por frailes mercedarios, y a las labores de restauración efectuadas en las últimas décadas, lo que permite disfrutar de la belleza del claustro, de la escalera principal y de la iglesia.

Olivar

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando dictaminó en su día que el monasterio del Olivar reunía los méritos suficientes para merecer la declaración de monumento histórico-artístico, reconocimiento que obtuvo por Real Decreto en 1982.

 

En la publicación Monasterio del Olivar, perteneciente a la colección Cuadernos Comarcanos editada por el CELAN, hay amplia información sobre cada una de las siguientes secciones a las que se puede acceder desde los enlaces vinculados a sus títulos.

Historia

Según cuenta la tradición, a mediados del siglo XIII el pastor Pedro Nobés halló una imagen de la Virgen en el interior del tronco de un olivo, a unos cuatro kilómetros de Estercuel, en un paraje aislado que reunía los requisitos propicios para ser escenario de una aparición mariana. La aparición a algún miembro de la comunidad –casi siempre un pastor o un labrador- era la señal más directa de que un ser sobrenatural estaba dispuesto a actuar como intercesor de un pueblo. Este tipo de manifestaciones en las que existen testigos que afirman haber tenido la visión se consideraban hechos históricos y obligaban a las autoridades a intervenir. En Estercuel el pastor corrió a contárselo a su señor, don Gil de Atrosillo y la imagen fue escoltada repetidas veces en procesión al pueblo, pero al día siguiente volvía a encontrarse en el lugar del hallazgo. El señor de Estercuel decidió respetar la voluntad de la Virgen y erigir una ermita en ese paraje. Gil de Atrosillo donó la ermita, una casa, el molino, el horno y tierras de cultivo, entre otras posesiones, a la Orden de la Merced en 1260 con la tarea de fundar un convento.

 

El convento creció y adquirió prestigio, las viejas construcciones desaparecieron para dar paso al monasterio actual, que data fundamentalmente de los siglos XVI y XVII. En esa época la devoción atrajo romerías desde los pueblos de la contornada y también de otros más alejados. En el mes de mayo, en Pentecostés y en septiembre, los devotos se acercaban para pedir a la Virgen favores o agradecérselos y realizaban una procesión y una ofrenda de cirios. También existían romerías extraordinarias para protegerse de la peste, la langosta o las sequías, y hay constancia de que los fieles peregrinaban en ocasiones de manera individual.

En ese esplendor del monasterio fue figura decisiva Juan Cebrián, mercedario que llegó a ser arzobispo de Zaragoza, virrey y capitán general de Aragón.

 

A lo largo de los siglos XIX y XX el monasterio sufrió múltiples avatares: desamortización de Mendizabal en 1835, supresión de las órdenes religiosas, restauración de la Orden de la Merced en el convento en 1878, incendios en el convento y fusilamientos de mercedarios durante la Guerra Civil, regreso al convento y restauración del mismo...

 

En la actualidad el monasterio (uno de los pocos monasterios masculinos habitados hoy día en Aragón) combina la vida conventual con la oferta hacia el exterior del servicio de hospedería y se ha convertido en punto de encuentro de astroturismo certificado por la Fundación Starlight.

Arquitectura

pozo olivarLos restos constructivos conservados del monasterio inicial del s. XIII se reducen al pozo ubicado frente a la entrada de la iglesia y a simples vestigios tectónicos cubiertos por las construcciones actuales.

 

Durante el siglo XVI la comunidad mercedaria decidió levantar un nuevo templo más amplio. La edificación tuvo tres fases: en 1512 tuvo inicio el arranque de las obras de construcción del tramo habido entre la cabecera y el púlpito de la iglesia. Entre 1547 y 1561 se desarrolló la segunda fase, que abarcó desde el púlpito hasta los pies de la iglesia, poniendo prácticamente fin a las obras del templo, que se completó con la edificación del atrio a finales del siglo XVI.

 

No fue hasta el siglo XVII cuando se acometió la edificación de un nuevo convento. En la planta baja, estructurada alrededor del claustro, se situaban el vestíbulo, el zaguán, la sala de profundis, el refectorio y la sala capitular, todo lo cual ha llegado a la actualidad sin apenas cambios. Desde la gran escalera situada en el claustro se accedía al piso superior.

El traslado de los frailes no supuso el derribo del antiguo inmueble, que se mantuvo como noviciado hasta el siglo XX, desempeñando, además, a lo largo de los años diversas funciones, entre las que se incluyeron la de establo o almacén de grano.

 

Salvo pequeñas excepciones, las empresas constructivas iniciadas en el monasterio se paralizaron en el siglo XVII para no ser retomadas hasta finales del siglo XIX. Desde entonces, el edificio ha sido objeto de diversas tareas de restauración, con las que se ha pretendido subsanar los daños provocados por el paso del tiempo. La de 1975, que comenzó como una reforma de la techumbre terminó ampliándose, arreglando las fachadas y derribando el antiguo edificio anejo al lado norte del templo. Aunque supuso la pérdida de una de las construcciones más antiguas del monasterio, su demolición permitió dejar a la vista la bella cabecera mudéjar, que había permanecido oculta durante siglos, y restituir la iluminación natural en el interior de la iglesia al quedar libres las ventanas, hasta entonces cerradas por la presencia de este anexo. En 1986 dio comienzo la gran labor restauradora que se prolonga hasta los noventa, en la que sobresale la reforma del techo del refectorio, de la gran escalera, de la fachada del monasterio, la sustitución de la solería de la planta baja en su totalidad y la construcción de nuevas habitaciones dedicadas a los miembros de la comunidad. Con la intención de aprovechar el amplio espacio disponible y mantener la vida en el edificio, los frailes sugirieron la posibilidad de alojar una hospedería, incorporando así a la vida conventual un uso de carácter secular.

Un paseo por el Olivar

Los cuatro recintos principales son la iglesia, el claustro, el refectorio y la sala capitular:

 

claustro olivarEl claustro en la actualidad está cerrado al jardín exterior, pero en origen lo más probable es que contara con una serie de arcos abiertos. Es un espacio cubierto por una combinación de bóvedas de medio cañón con lunetos para los tramos de las alas y bóvedas vaídas sobre pechinas para los cuatro ángulos de este espacio. Los arcos que componen dichos tramos de bóvedas y cúpulas se ven sustentados por numerosos pilares fasciculados, que recorren las cuatro alas de este claustro. Además, todos estos elementos de cubrición se decoran con un gran número de flores en relieve, que ornamentan la techumbre completa de este claustro.

 

En la crujía orientada hacia el este está el refectorio, antecedido por la sala de profundis, donde la riqueza decorativa del claustro se torna sencillez al tratarse de un espacio, con cubierta de medio cañón sobre lunetos, de carácter funcional en el que el adorno tenía un papel menos relevante.

 

La sala capitular muestra unas características muy similares a las vistas en el refectorio al tener una planta rectangular con una cubierta de medio cañón con lunetos. También, como el refectorio, es un espacio funcional, pero con un carácter más noble, debido a la función a la que estaba destinado, por lo que la decoración alcanza un mayor desarrollo al ornamentarse la bóveda con elementos similares a los del claustro, es decir, con motivos geométricos y vegetales.

 

En cuanto a la iglesia, en el exterior destaca la cabecera mudéjar, un bello trabajo de ladrillos que tapiza su superficie y que se extiende hasta el alero dibujando aspas alternadas con frisos que reproducen motivos geométricos gracias a la variada disposición del ladrillo. Un atrio porticado permite el acceso de los fieles al templo. Se trata de un espacio de gran altura, abierto al exterior por cuatro arcos de medio punto decorados en sus enjutas con delicados motivos vegetales. La puerta de entrada, de evidente sabor clasicista, rematada con un frontón triangular partido, está presidida por la letanía “Quasi oliva speciosa in campis” -‘Como oliva hermosa en los campos de aquel desierto’ (Eccl. 24,19)–, dedicada a María y que por sus connotaciones resultaba idónea para dar la bienvenida a todo aquel que se acercaba al templo del Olivar.

 

iglesia olivarEn lo que respecta al interior, se proyectó una iglesia de diseño sencillo, similar al de otras iglesias de la zona, consistente en una planta de nave única de tres tramos y capillas laterales, todo ello rematado con una cabecera de perfil semicircular. En el interior y sobre el primer tramo se elevaba el coro, destinado a los miembros de la comunidad mercedaria, que accedían al mismo desde una puerta que comunicaba el claustro alto con la iglesia.

El espacio del templo se completa con las cuatro capillas independientes, de escasa profundidad, que se abren en los dos tramos que anteceden a la cabecera. Al fondo, el presbiterio, sobreelevado por medio de tres escalones en alusión a la Santísima Trinidad, que conduce al altar mayor y donde además se encuentra la escalera de acceso a la cripta. Desde esta zona, en concreto desde el lado de la epístola, se accede a la sacristía, mientras que desde el lateral correspondiente al evangelio se llega al pequeño cementerio interior y al acceso que conduce al camarín de la Virgen.

 

El alzado resulta de la misma sencillez que caracteriza a la planta al constar de dos únicos cuerpos. El primero de ellos corresponde a los arcos de medio punto que dan acceso a las capillas laterales, mientras que el segundo y último cuerpo está ocupado por los vanos de iluminación, alternándose los de medio punto y los de perfil apuntado. La separación entre ambos está marcada por un friso que recorre todo el perímetro del templo, salvo el coro y la cabecera. De este friso nacen los nervios que dan forma a las elaboradas cubiertas de los tres tramos de la nave y de la cabecera, que reproducen los habituales esquemas del gótico final y que son un buen exponente del fuerte arraigo que este estilo tenía en Aragón.

 

Presidiendo el interior del templo está el altar mayor, ornado con un retablo cuya advocación, como cabía esperar, es la de Santa María del Olivar, realizado tras el fin de la Guerra Civil en sustitución del conjunto anterior, que había sido destruido durante la contienda. El retablo, construido en 1944 por una cuadrilla de albañiles y pintores, es de yeso; está estructurado en dos pisos y tres calles decoradas con un conjunto de sencillas pinturas y esculturas en las que se observa el gusto historicista de la época (nacional-catolicismo). El cuerpo central, flanqueado por toscos relieves de angelotes, queda reservado al camarín en el que hay una talla de la Virgen -realizada en 1955- que sustituye a la original. Como la imagen no acababa de convencer a los fieles, se propuso su reforma a Pablo Serrano, que en 1957 se trasladó al monasterio y retalló el rostro de la Virgen.

Los bienes muebles

En general se trata de piezas de datación muy reciente ya que las pérdidas materiales sufridas por el monasterio a lo largo de su historia han sido muchas y más en el caso de este tipo de bienes, como sucede con los seis cantorales que alberga el monasterio: uno de ellos está actualmente expuesto en una de las vitrinas de la sacristía del convento, los otros cinco permanecen almacenados y presentan unas condiciones pésimas de conservación: hojas sueltas, desordenadas, fragmentos de hojas, cubiertas sin ningún contenido… 

 

Cuantitativamente, lo más destacado es la amplia colección de pintura que decora los espacios más importantes del edificio y que tiene su mejor exponente en el conjunto de lienzos realizados por Alejandro Cañada y Nati Cañada.

Además de la obra de los Cañada, existe un conjunto de siete pinturas del catalán Juan José Abella, fechadas en 1992.

 

armario sacristia olivarLa pieza más destacada del convento es el armario-relicario conservado en la sacristía y realizado en el siglo XVII a iniciativa de fray Juan Cebrián. Se trata de un armario empotrado en el muro, que recorre toda su altura hasta el arranque de la cubierta de la sacristía. Si bien al exterior esta pieza solamente sorprende por sus grandes dimensiones, el interior asombra por un tratamiento decorativo impecable con las técnicas del dorado y del policromado. Todo el fondo y los laterales de este mueble se policroman mediante motivos vegetales, estrellas doradas en la parte baja de las baldas y grutescos de diversos colores, así como la representación doble de los escudos de la Orden de la Merced y de Juan Cebrián. La cara interior de las puertas de este armario-relicario recibe igualmente una profusa decoración, protagonizada por dos escenas en las que se representa a san Ramón Nonato ante la imagen de la Virgen y a san Pedro Nolasco montado en el barco que le conducía a Barcelona, todo ello rodeado de un despliegue decorativo que cubre toda la superficie de las hojas de la puerta.

Bibliografía

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