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Finca La Codoñera (Estercuel)

La finca La Codoñera (Estercuel), de propiedad particular, es uno de los enclaves naturales autóctonos de mayor interés de la comarca de Andorra-Sierra de Arcos. Es un inmenso pinar, atravesado por las choperas en torno al Escuriza, que se extiende prácticamente desde el monasterio del Olivar hasta el embalse de Cueva Foradada, en cuyas cercanías todavía persisten las edificaciones de una sociedad resinera. Próximo al monasterio sale el camino que se dirige a la rocha del Moncoscol, formidable atalaya desde la que contemplar dicho valle.

 

Contenido


Situación

Situada en el centro de gravedad de la comarca, la finca de La Codoñera es un espacio natural de indudable interés. Para ubicarla mejor contaremos con la ayuda del río Escuriza, que tiene el privilegio de ser el que más kilómetros recorre por la comarca; aunque algunos veranos especialmente secos cueste adivinar su curso.

Desde su nacimiento en las estribaciones de la sierra de San Just, y tras penetrar por el sur en el término de Gargallo, el río Escuriza atraviesa, rumbo norte, buena parte de la comarca de Andorra-Sierra de Arcos, hasta entregar sus aguas al Martín, ya en las proximidades de Ariño. En su recorrido sur-norte divide en dos mitades casi simétricas el territorio comarcal.

 

Siguiendo su curso, y después de dejar atrás las localidades de Gargallo y Crivillén, incrementa su exiguo caudal con el aporte del río Estercuel, que un poco antes ha regado las huertas del convento del Olivar. Cerca de este se disfruta ya de una amplia panorámica de La Codoñera; para ello hay que subir por una pista que, partiendo un poco antes de llegar al convento, a la izquierda, nos acerca a lo alto de Moncoscol: balcón privilegiado sobre la finca.

 

La confluencia de los ríos marca el extremo sur de la finca; por el norte, el embalse del Escuriza establece los límites. Aguas abajo, en la margen derecha, acotando la estrecha vega, una cornisa caliza apenas surcada por algún barranco encauza las mansas aguas hasta su entrada al embalse por el estrecho: pliegues apretados de rocas calcáreas se suceden formando un laberinto por el que se abre paso el río. Por la margen derecha, procedente de Los Mases de Crivillén llega al embalse con su modesto tributo el río de Los Mases, labrando pequeños y fértiles vagos en su corto trayecto.

La huella del hombre 

Los vestigios de presencia humana en la finca son abundantes y remotos. Las posibilidades de encontrar abrigo, defensa y comida, así como la proximidad de agua, hace suponer a los especialistas que pudo haber vida durante el Paleolítico en los abrigos localizados en la cornisa caliza cercana al río. Sí puede asegurarse la existencia de poblados iberos, reconocidos y catalogados por el patrimonio arqueológico.

En la margen izquierda, en un altozano al lado del camino que bordea el río, en su parte norte, encontramos una serie de tumbas antropomorfas talladas en la roca. El origen de esta pequeña necrópolis podría ser medieval o visigodo.

 

Tenemos que esperar la llegada del siglo XV para encontrar documentos en los que aparecen nombres propios relacionados con la finca (denominada la Codoniera) y sus titulares. Así, en un testamento otorgado ante el notario de Zaragoza don Lázaro Marcén, el día 18 de diciembre de 1422, el propietario resulta ser Don Berenguer de Bardaxí, Justicia Mayor del reino de Aragón.

En los siglos siguientes la propiedad de la finca pasa a los herederos que resultan de matrimonios entre miembros de la nobleza aragonesa, linajes conocidos: Marqueses de Cañizar, Palafox, de Lazán, se suceden como propietarios.

En el siglo XIX, tras la primera guerra carlista y las desamortizaciones, el marqués de Lazán y el municipio de Oliete se ven envueltos en varios litigios por la Codoñera y la dehesa del río Seco, finalmente resueltos a favor del marqués.

Es hacia finales del siglo XIX cuando la comunidad de regantes de Híjar plantea la conveniencia de regular las aguas del río Escuriza y decide acometer los pantanos. El proyecto inicial contemplaba la construcción de dos embalses: el primero, en el lugar que ocupa el actual. El segundo situaría la presa a continuación, aguas arriba, en el lugar denominado el Estrecho. Esta segunda presa acabaría desestimándose. Para la ejecución de la obra se constituyó la Junta Central del Sindicato de los Pantanos de Híjar y se procedió a la compra de los terrenos que habría de anegar el pantano, por los que en el año 1880 la Junta pagó la cantidad de 16 504 pesetas a los entonces propietarios, D.ª Joaquina Rebolledo Palafox y su marido, el conde de Bureta.

 

La construcción del embalse modificó sustancialmente el entorno elegido, al ocupar unas 35 hectáreas de superficie. La presa, situada en el término de Alloza, cierra la garganta por la que se abre paso el río en medio de un macizo calizo que limita el embalse por el noroeste. Buena muestra de obra civil de finales del siglo XIX, la presa está rematada por dos torres en el coronamiento, actualmente en un estado de total abandono. 

 

Restos de la fábrica resinera
Restos de la fábrica resinera. Unos años después, la finca pasa a ser propiedad de una Sociedad Resinera que, procedente de Bilbao, inicia su explotación. La recolección de resina, mediante el sangrado de los pinos y su tratamiento para la obtención de aguarrás, constituirá su actividad. Para tal fin la empresa construye un complejo de edificaciones –planta para el tratamiento de la resina, almacenes, alojamiento para trabajadores y cuadras para los animales–, situados al norte de la finca, en las proximidades del pantano. El testimonio de esta época, que cambia significativamente los usos que tradicionalmente se le habían dado, lo proporciona un conjunto de ruinas diseminadas por el pinar, en medio de las cuales se alza una espléndida chimenea circular construida en ladrillo, que sorprendentemente ha resistido los embates del tiempo y el olvido, aunque ya va necesitando un poco de atención, y que bien merece figurar en un catálogo de arqueología industrial.

El auge de la resinera proporcionó trabajo y vida a la finca, teniendo en cuenta lo artesanal de la explotación y las condiciones en que se realizaban los transportes en aquellas fechas, así como el aislamiento de la finca y su lejanía de los mercados. Hay quien dice que bien pudieron trabajar hasta cuarenta personas.

A lo largo de la tercera década del siglo la actividad inicia un lento declive hasta su cierre definitivo.

 

En cuanto al aprovechamiento agrícola de la finca podemos decir que es marginal y está muy condicionado por la abrupta orografía que presenta buena parte de la finca. En las zonas limítrofes occidentales se cultiva cereal de secano, y en el pasado, la viña tuvo bastante más presencia que en la actualidad. Unos cuantos apicultores distribuyen sus colmenas, aprovechando la abundancia de romero y tranquilidad del lugar. En la vega del Escuriza, las plantaciones de chopos, como en tantas riberas, se han erigido en cultivo dominante.

 

Tras el paréntesis que supuso la resinera, la finca ha seguido siendo fundamentalmente un coto de caza. Antes y después sus dueños han podido disfrutar de un coto en que abundaba el conejo y la perdiz. En los años sesenta los propietarios organizaban cacerías en las que participaban conocidos personajes. Actualmente en el coto encuentra refugio ideal el jabalí.

 

En los años setenta la minería del carbón experimenta un auge en la comarca. La subida de los precios del petróleo revaloriza el sector y las empresas mineras toman posiciones. En 1978 la empresa SAMCA (Sociedad Anónima Minera Catalana-Aragonesa) compra la finca de la Codoñera en un movimiento estratégico por el control de los posibles yacimientos de carbón que pudiera albergar. Han pasado los años y los cambios habidos en la minería del carbón han sido muchos y de calado. El paraje ha quedado, por el momento, al margen de los caprichos de la coyuntura económica.

Dos propuestas para conocer La Codoñera 

La primera ruta ya se ha mencionado anteriormente: el Moncoscol. Una vista imprescindible desde el exterior de la finca.

La segunda ruta parte del cruce de Crivillén: tomamos un camino asfaltado que conduce a las minas de arcilla y Los Mases de Crivillén. En el primer cruce nos desviamos por la primera pista más triada que hay a la izquierda. Cuando la pista se va adentrando en el bosque mixto (pino –amenazado por el muérdago–, enebro, sabina, carrasca…), recorre un tramo por un amplio cortafuegos, que marca el límite con la finca. Pasaremos al lado del corral de la val de Mateo y continuaremos por la pista principal que desciende hacia la izquierda buscando el Escuriza. Un poco antes de cruzar el río, a la izquierda del camino hay una pequeña fuente. Desde aquí, aguas abajo se ve el Estrecho. Tras vadear el río se continúa por la pista que sube a la derecha para encontrar enseguida las construcciones de La Codoñera (no pasar por alto la hermosa chimenea de la antigua resinera).

 

embalse escurizaPuedes acercarte a la orilla del pantano (toma la pista que se inicia al lado un cobertizo próximo a la casa del guarda, y hazlo andando). En todo este tramo se pueden encontrar a veces: jabalíes, cabras montesas, liebres, zorras, perdices, palomas, patos y alguna rapaz. Retomamos el camino, de vuelta al río, y antes de cruzar tomamos la primera pista aguas arriba hasta encontrar unas señales que nos avisan de las tumbas medievales, al lado del camino y cerca de una monumental carrasca. Esta es solo una referencia, a partir de la cual vosotros, con facilidad, podréis encontrar nuevos recorridos.

 

A este y oeste del eje trazado por el río se extiende la finca, ocupando mayor superficie en la parte occidental, repartida por los términos municipales de Oliete, Alcaine y Estercuel. La masa boscosa que puebla la finca (con predominio del pino, aunque abunda la sabina y el enebro, encina y coscoja así como matorral bajo) se aclara en los límites occidentales dejando el protagonismo a los cultivos de secano. En la parte oriental, más quebrada, la finca penetra por los términos de Alloza y Crivillén. Cerca de las minas de caolín próximas a Los Mases de Crivillén podemos tomar una de las pistas (aconsejable hacerlo andando) que permite el acceso al parque por este lado.

Bibliografía

  • Soriano Ibáñez, Javier, "La Codoñera: un enclave natural en el corazón de la comarca", CELAN BCI (Boletín de Cultura e Información) n.º 9, Andorra, CELAN, primavera 2004.
  • Carbonell Plaza, Vicente, "Los mases de Estercuel", BCI (Boletín de Cultura e Información) n.º 19, Andorra, CELAN, otoño 2011.

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EL CELAN (Centro de Estudios Locales de Andorra) tiene como objetivo la investigación y estudio de los diferentes aspectos de la realidad cultural de Andorra y su ámbito comarcal, así como la defensa del Patrimonio Artístico e Histórico.

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