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Mases de Ariño

(Reproducción íntegra del artículo firmado por Vicente Carbonell, José M.ª Peguero, Rosa Pérez y Javier Soriano -con fotografías del Grupo Lumière-, citado en la bibliografía).

 

Los Mases de Ariño

Empezaremos nuestro recorrido en Ariño para ir adentrándonos en el barranco del Mas del Gato, donde nos encontraremos con los mases del mismo nombre. En este lugar había dos masías; una del tío Bautista “el Mateo” y otra de los “Hilarios”. En esta zona, en épocas pasadas, había mucha caza, sobre todo conejos. Seguiremos por la pista hasta llegar a la cuesta Mingo y girar a la derecha hasta parar en el mas de Mardarnas, situado en lo que se denomina loma Purna. En este mas pararemos para ver un aljibe que se llena con el agua de lluvia. Desde este punto también podremos divisar el mas del Tío Rito. Continuaremos camino del cabezo del Grillo, donde veremos el mas del Soldao y el balsete del mismo nombre. Una vez aquí subiremos hasta la torre forestal y admiraremos el paisaje desde la máxima altura. Descenderemos por la zona llamada “El aliagar”, donde avistaremos parte del Puerto. Al lado de la torre forestal podemos ver una balsa nueva llamada la balsa Servial, aunque algunos lugareños también la denominan la balsa de la torre. De nuevo en nuestro camino bajaremos por el Puerto y “El servial” para encontrarnos con los mases de la Cantera y un poco más abajo nos pararemos en los mases de la segunda balsa y mas del Gorrete. Seguiremos bajando y contemplaremos los mases de la Sarda situados en una zona denominada “El Beltrán”. Desde aquí nos acercaremos a los mases de los Garibaldes, situados en el cerro-arriba. Por último seguiremos la pista por las lomas del Pito y llegaremos a los mases de su mismo nombre; uno de ellos es de “Los Punzones” y el otro de “Los Desiderios”.Mases de Ariño - Mas del Gato

Mas del Gato

(coordenadas 41º 04,073 N y 0º 37,721 W)

 

Una vez visitados los últimos mases, volveremos a la pista y, desde este punto, continuaremos por el mismo camino que al comienzo de este recorrido, pasando de nuevo por el barranco del Mas del Gato y terminando en nuestro destino, Ariño.

Entrevista a Ramón García Peguero

Ramón García PegueroUna de las personas que mejor nos pueden contar la forma de vida de los que acudían a los mases del Puerto es Ramón García Peguero.
En una tarde de agosto en Ariño, hablamos con Ramón, que nos cuenta sus primeras experiencias en el Puerto. Dice que se crió en el Puerto, que estaba más allí que en el pueblo. Recuerda que ya subía con nueve años, a los diez ya labraba sólo y repite, con frecuencia, que sus recuerdos son buenos, que había un gran hermanamiento y se ayudaban si alguien tenía algún problema y no podía atender la faena.
Recuerda con nostalgia la actividad que había en otro tiempo, en el que podían salir hasta 30 pares de caballerías a labrar. Muchos pasaban en el mas toda la semana y, a veces, hasta 18 días seguidos labrando, para bajar sólo al pueblo a cortarse el pelo y a afeitarse. Tardaba tres horas en bajar al pueblo andando. Ahora, ya sube muy poco al Puerto, porque según dice ya no queda casi nada, algunos “masecicos” que se han arreglado los que disfrutan con la caza y poco más.
Mases de Ariño - Mas de las Mardarnas

Mas de las Mardarnas, en la partida de la loma Purna

(coordenadas 41º 04,847 N y 0º 37,245 W)

 

¿Qué recuerdos guarda de cuando subía al Puerto?
Allí se subía a trabajar. Lo mismo ibas con las caballerías que con el ganado. Había muchos ganados repartidos entre varias partes del Puerto, algunos eran propios y otros de alparcería. Había muchos rebaños en el Puerto, entre cabras y reses. Llevábamos un rebaño cada uno y entre cuatro llegamos a juntar 250 cabezas. Íbamos a días, al que le tocaban dos días o al que le tocaban tres, pero “ajuntaos”. Había, por lo menos, un par de pastores en cada mas, la mayoría eran de aquí, sólo he conocido a uno que era forastero y estuvo poco tiempo. El ganado se vendía al “comprero” todos los años. Vendíamos unas 30 cabezas por año y te las quitaban de las manos.
La tierra se trabajaba en todo el término de Ariño; lo que no valía para trigo o para cebada, para centeno. Viñas no se ponían en el Puerto. Sólo he visto unas maticas y no se llegaba a poner negra la uva. Algunos frutales también se ponían, pero pocos, yo recuerdo dos almendreras y un albaricoquero, que han estado hasta hace poco.
Mases de Ariño - Mas del Tío Rito

 Mas del tío Rito

El primer tractor que hubo en el Puerto lo trajo uno de Alacón, que trabajaba por allí en un corrico que tenía el tío Elías y otro corrico de otra persona, hace casi 50 años. Menudo adelanto. El día que lo vi yo había subido del pueblo a labrar y ya eran las cuatro de la tarde. Llevaba labradas unas tres “ajuadas” y como hacía mucho frío, se me ofreció para ayudarme. Me dijo que echara la simiente de la avena, que él me la enrunaría con el tractor. Al acabar nos marchamos, yo al mas y él a Alacón, y aún no había preparado la cena cuando llamaron a la puerta y era el del tractor, que se le había atascado en la balsa. Tuve que coger los machos y unas cuerdas para desatascarlo.
Mases de Ariño - Mas del Soldao

 Mas del Soldao, en el paraje del Cabezo del Grillo

(coordenadas 41º 06,208 N y 0º 39,758 W)

Mi padre compró una máquina de segar, porque no podíamos llegar con el trabajo que teníamos e íbamos a buscar peones a Alacón. Al principio te bajabas gente pero luego, al abrir las minas y demás, casi no encontrabas gente por ninguna parte.
La trilla también se hacía en el Puerto. Las eras eran colectivas. Las utilizábamos entre cuatro o cinco, cada era. En cuanto hacía aire había que levantarse a aventar, a las cinco de la mañana la mayoría de las veces. La jornada de trabajo era desde que amanecía hasta que se terminaba. Cuanto más madrugabas, más te cundía.
¿Las mujeres subían al Puerto?
Las mujeres también subían, las que tenían cabras subían a ordeñar las cabras todos los días y subían andando, las caballerías eran para trabajar. La tía Abelardo, la del Esquilador, subía todo el año al mas del Gato y al que hay encima del Molino.
Mases de Ariño - Mases de la Cantera

Mases de la Cantera, en el Puerto

(coordenadas 41º 05,521 N y 0º 40,518 W)

Mases de Ariño - Mases del Gorrete

 Mas del Gorrete, en el Puerto

(coordenadas 41º 04,966 N y 0º 40,218 W)

¿Cómo eran las comidas mientras se estaba allí?
A mí me daban una cesta de huevos con unas siete u ocho docenas y unos 15 panes en un saco. Guardaba todo en dos tinajicas en el mas para que no se lo comieran los ratones. Si el pan se ponía un poco reseco lo envolvías en un paño un poco húmedo y volvía a estar como el primer día. Aquel pan aguantaba más que el de ahora. Como mi padre mataba tres tocinos cada año, teníamos tocino y perniles. También llevaba judías de monte y ollas de conserva. Yo, por las mañanas, dejaba el puchero puesto y ponía boñigas con un puñadico de paja en el fuego y cuando venía, al mediodía, ya estaba la comida. Por las mañanas me comía un par de huevos fritos o tortilla. Eso cuando estaba solo, cuando estábamos toda la familia y venía mi madre ya era otra cosa. Aunque estábamos solos solíamos comer juntos, con los otros de los mases, si estábamos cerca.
Mases de Ariño - Mases de la Sarda

 Mas de la Sarda, en el paraje El Beltrán

(coordenadas 41º 04,718 N y 0º 39,605 W)

¿La caza también era importante?
Entonces se cogían muchos conejos, a mano y con los perros. Mi perro era muy bueno sacando conejos.
Las perdices las cogían con lazos y escopetas. Yo tenía una escopeta que era del padre de mi abuela, me la dio por si mataba algún bicho allí arriba. Pero me asusté por un disparo con imprudencia, cuando me levanté apoyándome en ella, que nos pasó por medio de la cara del tío Mariano “el Negro” y yo, y la dejé ya, abandonándola “arrebullada” en un saco que encontré hace poco en el granero.
¿De dónde cogían el agua?
El agua se cogía de los balsetes. Se iba con las “cantaras”, cogías el macho y las cargabas. De mi mas al balsete tardabas un cuarto de hora andando. Había que limpiar la balsa de vez en cuando, así que cuando se secaba se escombraba, en cuanto veíamos que quedaba un palmico de agua la limpiábamos. Lo hacíamos con las caballerías en grupo y nos juntábamos entre diez o quince personas. Sólo he visto acabarse el agua de las balsas dos veces. Ahora las cuidan un poco los cazadores. Además teníamos un pozo que no lo he visto seco nunca. Sin embargo, otros dos se han perdido por no llover.
Mases de Ariño - Mas del Pito

 Mas del Pito, en las lomas del Pito

(coordenadas 41º 04,395 N y 0º 38,657 W)

¿Cómo era el mas por dentro?
El mas por dentro era como un corral. Tenía el corrico del hogar, bancos. Se dormía en la pajera, al lado del banco. La cuadra estaba cerca de la pajera. De muebles sólo teníamos alguna silla mala y poco más. A comer a la era, en el suelo, salvo en el invierno, que se comía adentro. ¿Y en los ratos libres qué hacían? En el mas charrabas y te entretenía un poco, pero el tiempo era para trabajar y como estábamos cansados, a dormir. Por la mañana, cuando uno movía, todos a enganchar. El tiempo no se perdía allí.
¿Cuándo se dejó de ir al Puerto?
Yo dejé de ir al Puerto a los 45 años, que me eché a la mina. Ahora tengo 80.
Fui de los últimos en subir. Muchos de los que subían conmigo han muerto, como “el Miguel”, mi primo Salvador, “el Mariano”. De los que viven aquí no está más que “el Melchor”, que subía desde que se casó con “la Simona”. El tío Felegrín también es de los que subió al Puerto hasta última hora.
Cuando llegué a los 21 años, me salí del servicio en la mina, y ya se empezaba a notar un cambio y empezó a “flojar” el Puerto, unos a la mina, otros se iban…. Y los ganados también empezaron a “flojar”. Nosotros aguantamos hasta los 45 años y eso que cuando vino mi hermano “el Hermenegildo” del servicio dijo que no quería más ir con el ganado y vendimos la mitad. Yo ya me había casado y tenía la carnicería. Al poco tiempo vendimos todo y en este pueblo sin el ganado no se puede vivir. Si no tienes trabajo y un jornal, con la tierra no se sostiene una familia.

El Puerto de Ariño

Todo herida, polvo, silencio. Allí donde hubo vida.
La mirada se queda quieta, busca”.
José Giménez Corbatón

En el extremo occidental de la Sierra de Arcos, al norte del río Martín, se encuentra el Puerto de Ariño. En lo más alto del Puerto, por “El aliagar” o “El servial”, podemos disfrutar de una dilatada panorámica: siguiendo la Sierra de Arcos hacia el sureste, atisbando el horizonte hacia el norte, donde se funde en la lejanía con las llanadas de Belchite, más allá de Lécera, o mirando hacia el suroeste, desde San Just hasta la sierra de Cucalón.
En este enclave, a mediados del siglo pasado, se concentraban buena parte de los mases existentes en el término de Ariño. Hoy, salvo unos pocos mases que han sido rehabilitados, sólo quedan algunos vestigios de la intensa actividad que animaba la vida en el Puerto: perfiles inverosímiles, como osamentas de lo que fueron estancias para hombres o ganado; balsas dispersas; eras que sucumben al asalto de la maleza. Ruinas que se enseñorean del paisaje, espléndido en esta mañana de primavera tardía en que lo recorremos con Juanjo “el Lino”, buen conocedor desde chico de sus rincones, amable anfitrión, siempre dispuesto a trasmitirnos su pasión por un territorio que es el de su infancia.
Tierra para cereal y pastos para el ganado –nos dice Ramón García Peguero que llegaron a estar censadas 18.000 cabezas de ganado lanar en Ariño–, buscando el frescor de la sierra en los duros estiajes. Viñas y frutales, pocos. Algunas colmenas y suficiente caza para completar el avío, sobre todo conejo y perdiz. Trajín de hombres y mujeres cuando los trabajos acucian. Que suben de Ariño o acuden de pueblos vecinos: Oliete, Alacón, Lécera. Memoria que recuerda largas y penosas jornadas, tantas veces repetidas por sucesivas generaciones desde tiempos remotos.
Hasta que algo empieza a cambiar: el trabajo en la mina y la perspectiva de unos ingresos estables, o la esperanza de abrirse camino en alguna de las grandes ciudades que empiezan a desperezarse al calor del desarrollismo, allá por los años sesenta, van acabando con la resistencia de los últimos masoveros, según nos cuenta con cierta melancolía Ramón García Peguero, “uno de los últimos en subir”, antes del abandono definitivo.
Quiebra rotunda de un modo de vida, que hemos querido recoger en el reportaje que os ofrecemos.

Bibliografía

  • Carbonell, Vicente; Peguero, José M.ª; Pérez, Rosa  y Soriano, Javier , "Los mases de Ariño", Boletín de Cultura e Información (BCI) n.º 15, Andorra, CELAN, junio 2008.

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