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Ermitas y capillas de Oliete

(Reproducción íntegra del artículo firmado por Josefina Lerma con fotos de Rosa Pérez publicado en el BCI n.º 35 citado en la bibliografía)

 

virgen cantal

Ermita de la Virgen del Cantal

El casco histórico de Oliete, con sus calles sinuosas y estrechas, es uno de los más ricos de la comarca Andorra-Sierra de Arcos. Su estampa más característica es la de las casas y restos de muralla encaramados en un borde rocoso que mira hacia el río. Por su situación estratégica en el valle del Martín, el pueblo tuvo un carácter fortificado que dio pie a la construcción de tres capillas abiertas, dedicadas respectivamente a los Santos Mártires, Virgen del Pilar y Santa Bárbara. Por otra parte, encontramos las ermitas de San Bartolomé y de la Virgen del Cantal –copatrones de la localidad-, la del Santo Sepulcro y, alejada de la población, la de San Pedro de los Griegos; hay también una pequeña capilla en el pantano de Cueva Foradada.

 

Para conocer su historia y sus características es indispensable consultar los libros Historia de Oliete, del párroco Francisco Falcón, publicado en 1930 con valiosas descripciones y datos de archivo, y, sobre todo, Guía histórico-monumental de Oliete, del historiador José Royo, que recoge mucha información sobre el patrimonio cultural de la localidad. Llama la atención que todos estos edificios han sido restaurados en época reciente y que los tres arcos-capilla y las ermitas de la Virgen del Cantal y de San Bartolomé fueron declarados Monumentos de Interés Local en 2013. El impulso del Parque Cultural del Río Martín y la sensibilidad de sucesivos consistorios han hecho de Oliete una admirable excepción: no tiene ermitas en ruinas.

 

Hay que citar, sin embargo, que hubo una, dedicada a San Martín, derribada en el siglo XIX para construir un nuevo ayuntamiento en su lugar. La plaza conserva el nombre del santo y hay referencias en la visita pastoral de 1785. También existió una pequeña ermita de las Almicas, reflejada en el mapa topográfico nacional de 1928 (a escala 1:50 000), donde se indica su situación, muy próxima a la Virgen del Cantal; en su lugar se levantó en los años 90 un peirón con la misma advocación.

 

Fernando Aínsa, escritor oriundo de Oliete y fallecido en 2019, expresó que “para adentrarse realmente en el paisaje hay que descubrir en Oliete las luces y el color dorado de la chopera en otoño; los inviernos rigurosos, aunque secos y sanos; sus calles desiertas, pero sus habitantes solidarios; el verdor que surge como por ensalmo tras las escasas lluvias; su primavera, en que todo parece resucitar, dando una nueva oportunidad a la vida y la esperanza”. Y añadía que adentrarse en el paisaje era también profundizar en la historia, en los restos prehistóricos, en los poblados íberos y en ermitas como la de la Virgen del Cantal, a la que se llega atravesando calles enroscadas. Un punto de vista que invita a rescatar la historia y a disfrutar de ese paisaje en el que, en ocasiones, se funden estos pequeños templos.

 

Capilla de los Santos Mártires

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Capilla de los Santos Mártires

El fenómeno de las capillas abiertas es una de las creaciones más originales del patrimonio turolense. Se concentran, sobre todo, en la mitad oriental de la provincia y son fruto de la gran cantidad de recintos amurallados que se dieron en este territorio. Muchos de los arcos de muralla, desaparecido su valor defensivo, se convirtieron en lugares preferidos para expresar la religiosidad popular, erigiendo sobre ellos espacios para el culto y conservando así un valor simbólico muy vinculado a esa linde entre lo urbano y lo rural. Las de Oliete fueron construidas entre los siglos XVII y XVIII y son, en conjunto, las más representativas de nuestra comarca.

 

La tipología más habitual es un volumen cúbico apoyado sobre el doble arco del portal, que se abre intramuros mediante un vano con arco casi siempre de medio punto, barandilla de madera y hojas de carpintería del mismo material. La estancia se suele cubrir con bóveda de casquete esférico sobre pechinas, dispone de una escalera empotrada en uno de sus muros laterales y se remata con un sencillo tejado.

 

La capilla de los Santos Mártires (san Fabián y san Sebastián) se encuentra al final de la calle Mayor, sobre un portal que suponía la apertura del pueblo hacia el este. En un cartel con información histórico-artística (los hay junto a todos los arcos) puede leerse que las puertas de la muralla se abrían durante el día y controlaban el paso de personas, animales y mercancías, dejando extramuros a enfermos contagiosos o sospechosos de pillaje. Está construido con ladrillo tradicional y en su parte exterior todavía conserva la cerámica del siglo XIX que informaba al viajero: “Villa de Oliete. Partido de Híjar. Provincia de Teruel”.

 

A la capilla, que se abre por medio de un amplio arco rebajado, se accede por una estrecha escalera situada bajo el portal. Está protegida por una sencilla verja que permite la visión del interior desde la calle. Se cubre con cúpula sobre pechinas y un sencillo retablo acoge las imágenes de los dos santos. Hay una polea para tañer la campana (que data de 1700), un elemento básico para congregar a los vecinos a los rezos o festejar el día de los santos. San Fabián y san Sebastián son, como hemos recordado en otras ocasiones, los protectores contra la peste y diversas plagas. Su fiesta se celebra el 20 de enero y en Oliete se conserva la tradición de encender una hoguera.

 

Capilla de la Virgen del Pilar

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Capilla de la Virgen del Pilar

El portal sobre el que se asienta la capilla de la Virgen del Pilar abría el antiguo recinto amurallado hacia el norte; frente a este arco hay un paso cubierto, un buen ejemplo del tipo de casco urbano en el que nos introducimos. La capilla consiste en una galería rectangular abierta a intramuros mediante una estructura adintelada, cubierta con teja árabe; las escaleras de acceso sustituyeron en algún momento al paso que existía desde la casa aledaña. En la parte posterior había una pequeña ventana acristalada por la que se veía el manto de la virgen (una imagen adquirida por suscripción en 1923 que se perdió en 1936); en la actualidad el hueco esta cerrado con un mural cerámico. Era tradición que dos familias distintas cada año cuidaran de la limpieza y se celebrara fiesta solemne el 12 de octubre. Todavía hoy los vecinos se encargan de esa tarea y también se acude en procesión para cantar una salve el día de la Virgen del Pilar.

 

Capilla de Santa Bárbara

capilla santa barbara
Capilla de Santa Bárbara

La capilla de Santa Bárbara se construyó sobre el portal occidental del recinto amurallado, próximo al templo parroquial. Abierta por medio de un amplio arco de medio punto, se accede por una escalerita independiente y está protegida por una sencilla balaustrada. Es la más pequeña de las tres capillas y, encastrada entre las casas, hace caer en la cuenta de que cada una de ellas tiene su propio carácter. Conserva el antiguo cartel “Hermita de Sta Bárbara”, varias plantas asoman entre los barrotes de madera y produce una grata impresión ver en perspectiva la sencillez del conjunto. En 1930 había un cuadro de la Santa (ahora hay una imagen resguardada en una urna), y hasta fechas recientes el día 4 de diciembre se celebraba su fiesta con el encendido de la hoguera.

 

 

Ermita de San Bartolomé

La ermita de San Bartolomé se encuentra en la parte más elevada de la población, en el barrio denominado El Muro por la muralla árabe que lo recorría. Algunos documentos notariales hablan de la convivencia de musulmanes, cristianos y judíos en Oliete sin que existiera una estricta separación por barrios entre las tres culturas, por lo que las huellas judeo-musulmanas aparecen en muchos recodos del pueblo. Este es el caso de la ermita de San Bartolomé, que sin duda esconde antiguos secretos. Algunos autores apuntan que pudo haber sido una mezquita abandonada tras la expulsión de los musulmanes y reaprovechada posteriormente para el culto cristiano. De hecho, se piensa que fue la primitiva iglesia parroquial o, al menos, que la primera parroquia se construyó en el mismo solar de aquella antigua mezquita.

 

Según el SIPCA, el edificio que contemplamos procede del siglo XVI, salvo la portada, barroca del XVIII. Construido con mampostería, tiene una sola nave, rectangular, cubierta por bóveda de cañón y dividida en dos tramos separados por un arco apuntado. En el altar hay un retablo decorado con símbolos de la pasión que acompañan a la imagen del santo. La portada, en arco rebajado, es de ladrillo; hay una pequeña espadaña con campana y los muros están encalados. En la visita pastoral de 1785 se apuntó que este templo estaba cerrado, solo se abría algunos días para ir en procesión; “es antigua –añadían- solo tiene lo material de las paredes y un altarico pobre”.

 

Sobre la advocación, leemos en el correspondiente cartel: “San Bartolomé fue uno de los doce apóstoles de Cristo y predicó en Armenia, donde el rey Astrage, en lucha con los cristianos, ordenó desollarle vivo y decapitarle. Se le representa con la piel al hombro o despellejado y también con un cuchillo en la mano. Es el patrón de carniceros, curtidores, peleteros, encuadernadores, traperos y abogado contra los malos espíritus. Junto a la Virgen del Cantal es el patrón de Oliete y su fiesta se celebra el 24 de agosto”.

 

Ermita del Santo Sepulcro

La ermita del Santo Sepulcro está situada en lo alto de una colina junto al pueblo. Probablemente se construyó en 1680, fecha que figuraba en un muro antes de su rehabilitación; en los libros de defunciones de la parroquia de Alloza consta que Francisco Arnaldos encargó una misa por su alma en el Santo Sepulcro de Oliete en septiembre de 1682. En 1785 se decía que estaba “en su correspondiente estación de Vía Crucis”; tenía “un campillo de monte, contiguo a ella, y algunos olivos en el curso del Vía Crucis, y otros más en el término de las Solanas”. Entre todos producían tan poco que no era suficiente para la iluminación y el mantenimiento del templo y de la casa anexa, en la que vivía el ermitaño que cuidaba de la colecta y de la limpieza; no recibía ninguna remuneración e “incluso da limosna de su casa para suplir lo que falta”.

 

Según Francisco Falcón, se reformó en el año 1826 y en 1861 se construyó un pórtico; en 1930 conservaba en su interior grandes cuadros al óleo que representaban escenas de la pasión y un templete o baldaquino antiguo y de mérito, bajo el que se veneraba la imagen de Jesús en el sepulcro. Todo ello fue desmantelado en 1936.

En 1986 la nave rectangular y el pórtico, que estaban semidestruidos, fueron restaurados. Actualmente en su interior se guardan los pasos de la Semana Santa; su apariencia es la de un sencillo museo en el que prima el sentido práctico, con pavimento de gres y una rampa para que deslicen las ruedas de las peanas. Solo un arquito de ladrillo sobre la entrada y restos del alero de inspiración mudéjar nos conectan con el edificio original. Y en el pórtico se abren dos ventanas laterales en arcos de medio punto que enmarcan el paisaje de forma rotundamente fotogénica.

 

Ermita de la Virgen del Cantal

La ermita de la Virgen del Cantal era ya en el siglo XVIII un importante centro de devoción. Su origen está relacionado con un hecho milagroso que Francisco Falcón refería así: “No hay en Oliete quien ignore que la Imagen de Nuestra Señora del Cantal, que se venera en esta villa, fue hallada en un hoyo cubierto con una piedra, próximo al sitio que hoy ocupa el santuario”. Como hemos comentado en otras ocasiones, en una época en que el culto mariano estaba en auge, las apariciones eran una forma de conseguir protección ante guerras y calamidades y los escenarios en que sucedían solían ser puntos aislados, de especial belleza, en muchas ocasiones próximos a manantiales o cursos de agua. Esta ermita fue construida en el camino de Obón, junto al “manantial de la Virgen”, que mana en un cabezo próximo y ha dado vida a un bello conjunto de olivos, cipreses y pinos. La intención, reforzada en posteriores reformas con un vía crucis, una cerca y una portada de entrada, era crear un espacio en el que la oración se aunara con la naturaleza.

 

Tiene una única nave, dividida en varios tramos: el primero y el tercero se cubren con bóveda de arista; el segundo, con falsa cúpula sobre pechinas; y el cuarto, donde está la cabecera del templo, con bóveda de cañón con lunetos. Tras el altar hay dos pequeños vanos en arco que comunican con un espacio en el que se encuentra la imagen de la Virgen, apoyada en el cantal. En el extremo opuesto, a los pies, existe un coro al que se sube por grandes escalones. Los muros están construidos en mampostería y la espadaña, el cimborrio y los aleros son de ladrillo. Hay un bonito pórtico definido por arcos de medio punto y la puerta de acceso, que se abre asimismo en arco de medio punto, está realizada en piedra sillar y luce un pequeño relieve en la clave.

 

La fecha de construcción del edificio primitivo no está clara. Algunos autores la sitúan a mediados del siglo XVI, otros la datan en 1660. Sí que está documentado que en 1737 la ermita fue ampliada –“contribuyendo a ello todos los vecinos con limosnas en dinero, materiales y jornales”- y que poco después se construyó un retablo, hoy desaparecido. En 1785, estaba en buenas condiciones y contaba con unos olivos en su cercanía (que al parecer han proporcionado aceite a varias parroquias turolenses hasta hace unas pocas décadas). No tenía ermitaños, pero sí un encargado de cultivar la tierra, recolectar la cosecha e iluminar y limpiar la ermita.

 

En 1863 se encomendó al albañil Pedro Gargallo una importante reforma. Falcón transcribe dos documentos en los que se narra la ceremonia de traslación de la Santa Imagen a la ermita del Santo Sepulcro (2 de febrero de 1864) y la solemne procesión de regreso el día 14 de septiembre del mismo año. Desde finales de los años 1990 la ermita y su entorno han sido objeto de varias intervenciones que han asegurado y recuperado la techumbre y los muros, así como los caminos y calzadas de piedra.

La Virgen del Cantal, que aglutina muchos devotos, ofrecía beneficios en las calamidades públicas, en épocas de sequía y de epidemias y enfermedades; en su honor se sigue celebrando misa el día 15 de septiembre.

 

Ermita de San Pedro de los Griegos

La ermita de San Pedro de los Griegos está situada a unos siete kilómetros del pueblo, cerca de la espectacular sima del mismo nombre. Es casi la única superviviente de un conjunto de edificaciones enclavadas en una finca con una interesante historia. Pocos años después de que se fundara el convento de Nuestra Señora del Olivar en el siglo XIII, Blasco de Alagón cedió a los monjes el usufructo perpetuo de esta importante extensión de tierra. La nueva comunidad construyó edificios y una iglesia dedicada a San Pedro Apóstol, origen de la ermita que nos ocupa. Era conocida como San Pedro de los Griegos, porque se tenía la creencia de que una colonia griega había habitado aquellos lugares. A finales del siglo XVI este convento fue incorporado al del Olivar y la finca se convirtió en una gran casa de campo dependiente de dicho monasterio. En el XIX, la desamortización obligó a los monjes a abandonar estas tierras y el marqués de Lazán, descendiente de aquel caballero que había cedido el usufructo a la orden, reclamó la propiedad al Estado. Unos años después de haberle sido devuelta, la vendió a Ramón Julve, vecino de Andorra, quien redujo el tamaño de la nave de la iglesia y suprimió el coro y la sacristía; las dimensiones del templo, que fue bendecido de nuevo el 4 de octubre de 1864, quedaron entonces como las conocemos ahora.

 

El edificio es de mampostería, con esquinas de sillería (en una de las piedras se conserva un antiguo grabado), y tiene una única nave dividida en tres tramos por arcos apuntados, también de piedra sillar. Estos valores arquitectónicos salieron a la luz hace una década, cuando fue restaurada, y refuerzan la sensación de penumbra constante que envuelve esta bonita iglesia. El acceso se abre en arco de medio punto flanqueado por pilastras que sustentan un entablamento con friso decorado.

 

Hasta la Guerra Civil se conservó un retablo del siglo XVI, mencionado por Juan Cabré en su Catálogo y por Francisco Falcón, que también describe la procesión que se trasladaba “a la capilla de San Pedro el segundo día de la Pascua de Resurrección desde tiempos muy remotos”. Tradicionalmente, desde Oliete se organizaban procesiones en época de sequía y, por otro lado, este lugar era un punto clave para el descanso de los romeros que se dirigían al monasterio del Olivar desde pueblos tan alejados como Lécera o Alfambra.

 

Capilla del pantano de Cueva Foradada

En los años 1960 se preparó una capilla (no conocemos su advocación) en el recinto del pantano de Cueva Foradada, en los bajos del antiguo molino harinero y, después, central hidroeléctrica Electra Olietana. Fue iniciativa del entonces ingeniero encargado del pantano, que además promovió durante unos años acuerdos con la diócesis de Teruel para que los seminaristas pasaran sus vacaciones o realizaran ejercicios espirituales en las instalaciones del embalse. Actualmente está desacralizada.

 

Fuentes bibliográficas principales:

  • Royo Lasarte, José, Guía histórico-monumental de Oliete. Una visión actualizada del patrimonio cultural 25 años después de su aproximación histórica, Zaragoza, Guías turísticas PRAMES, 2015.
  • Falcón Cercós, Francisco, Historia de la villa de Oliete, Zaragoza, Tip. "La Académica" de F. Martínez, 1930.
  • Aínsa Amigues, Fernando, “Tiempos vividos y memorias pendientes de Oliete”, en Revista de Andorra, n.º 11, CELAN, pp. 208-223.
  • Benito Martín, Félix, Patrimonio histórico de Aragón. Inventario arquitectónico: Teruel, Zaragoza, Departamento de Cultura y Educación de la Diputación General de Aragón, 1991.
  • Archivo Diocesano de Zaragoza, Visitas Pastorales, 1785.
  • SIPCA/Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés: http://www.sipca.es/
  • Parque Cultural del Río Martín: http://www.parqueriomartin.com/
  • Fundación Quílez Llisterri: http://www.fqll.es/

Bibliografía

 

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