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Ermitas y capillas de Estercuel

(Reproducción íntegra del artículo firmado por Josefina Lerma con fotos de Rosa Pérez publicado en el BCI n.º 34 citado en la bibliografía)

 

estercuelEn un mundo cada vez más homogéneo, es indudable que Estercuel reúne patrimonio, historia, leyendas y costumbres propias. Nosotros hemos intentado abrirnos paso por esas peculiaridades a través de la observación de sus ermitas. Recordemos que los pueblos elegían con cuidado las que colocaban a su alrededor, porque con ellas querían mostrar quiénes eran y qué cuestiones les preocupaban.

Estercuel comenzó a repoblarse a principios del siglo XIII, en un contexto del que ignoramos casi todo. En 1206 Pedro II concedió a Miguel Sancho sus posesiones y rentas, y la villa pasó a ser de señorío. Los vecinos pagaban a los señores tributos de trigo, cebada, avena, panizo, cáñamo, nueces, seda -“la mejor del reino”-, lana, azafrán, nabos y vino. Y celebraban mercados en los bajos de un magnífico ayuntamiento -hoy desaparecido-, sustentado por cinco arcos de piedra, obra de un famoso arquitecto local en el siglo XV. El recinto primitivo estaba rodeado por una muralla en la que se abrían cuatro puertas alineadas según los ejes cardinales. La más antigua es la puerta norte o portal de la Barrera, sobre la que se construyó la capilla de los Santos Mártires; en el portal sur o del Cabezuelo hubo igualmente una capilla, pero desconocemos su titular. En el centro de ese núcleo se encontraban la plaza y ermita de Nuestra Señora del Olivar. Y en un extremo hubo una iglesia parroquial cuyo solar ocupó después la ermita de Santo Toribio. Fuera de este perímetro se levantaron otras dos, también desaparecidas, de advocaciones típicamente medievales: Santa Ana y San Cristóbal. Y, por último, en época barroca, en un promontorio cercano al pueblo, se construyó la del Santo Sepulcro con una planta poco frecuente.

La villa se identifica sobre todo con una imagen local, la de la Virgen del Olivar, aparecida al pastor Pedro Nobés y proclamada patrona de Estercuel. En esa época el culto mariano estaba en auge en el mundo cristiano, las apariciones eran una forma de conseguir protección ante guerras y calamidades. En el entorno del lugar del milagro de la Virgen del Olivar se levantó una ermita que fue el germen de un templo mucho mayor y de un convento de mercedarios. En sus proximidades, para recordar ese hecho milagroso, en el siglo XVII se edificó la capilla del Pastor, y en esa época, también cerca del convento, una ermita del Calvario.

 

ermita señora olivarErmita de Nuestra Señora del Olivar

La ermita de Nuestra Señora del Olivar se sitúa, como decimos, en la plaza del mismo nombre (“Plazuela de la Virgen del Olibar”, se lee en una baldosa sobre la entrada), en lo que era el centro de la población. Se piensa que fue su primer templo cristiano y ha pervivido hasta hoy, transformado pero reconocible. Sus características arquitectónicas son muy sencillas: pequeña planta cuadrada, con tejado a dos aguas; fábrica de sillería y ladrillo, con casas adosadas en su parte posterior y en un muro lateral. El arco de medio punto del acceso, también de ladrillo, y una sólida puerta de madera ocupan buena parte de la fachada. En el interior, los muros están lucidos y pintados de blanco, y el templo es una estancia pulcra, con la imagen de la Virgen en un soporte sobre la pared. El zócalo, de unos dos metros de altura y de piedra bien labrada, puede datar del siglo XIII, mientras que las paredes y el alero de ladrillo son labores mudéjares, quizá del XVII. Por entonces el prestigio de la Virgen del Olivar se puso de manifiesto en las obras del monasterio y no sería extraño que este edificio hubiera sido renovado en el mismo contexto.

Nuestra Señora del Olivar estaba cuidada por los devotos, que acudían en procesión algunos días festivos, entre ellos el 8 y 9 de septiembre cuando se celebraba la fiesta dedicada a la patrona. No puede pasarnos desapercibido que esta ermita –además de la capilla de los Santos Mártires- es la única que el pueblo ha preservado siempre.

 

Ermitas de San Cristóbal y de Santa Ana

Las ermitas de San Cristóbal y de Santa Ana debieron de ser construidas hacia el siglo XV; se sabe que la de Santa Ana fue ampliada y recibió con ese motivo la visita del arzobispo en 1518. A principios del XIX, ambos edificios carecían de dotación o limosna, no tenían “más oración que rezar el que pasa cerca de ellos y visitarlos el día del santo”.

Se ubicaban en parajes de las afueras, pero no sabemos dónde. La de San Cristóbal estaba “a medio cuarto de hora”. Hay un peirón dedicado a este protector de peregrinos y caminantes en la ruta hacia el santuario del Olivar, quizá su ermita también estuviera en ese camino. En cuanto a la de Santa Ana -“a cuarto y medio del pueblo”- pudo haber estado en la peña o monte de Santana.

 

Capilla de los Santos Mártires

Capilla Santos martires
Capilla de los Santos Mártires

Los santos Mártires (san Fabián y san Sebastián) se adoptaron desde la Edad Media como protectores contra las epidemias, sobre todo de peste, que asolaron las poblaciones europeas en varias oleadas. Según la tradición oral, los habitantes de Estercuel levantaron esta capilla en acción de gracias por haberse librado de un contagio. Los santos Mártires también recibían culto en la parroquia, en la que se custodiaban unos huesos en un relicario de plata. Para conmemorar aquella protección, se empezó a celebrar la Encamisada, una fiesta en la que el concejo y personas notables desfilaban de noche con hachas (grandes velas) y hogueras encendidas. Frente a esta capilla todavía hoy se reza una salve y se enciende la primera hoguera del popular recorrido.

 

No hay acuerdo en cuanto a la fecha de su construcción, que algunas fuentes sitúan en el siglo XIV y otras en el XVII. Las razones para considerar mayor antigüedad son: su situación -sobre la puerta principal de la muralla-, la forma apuntada del arco -característica del estilo gótico- y una columna de piedra cuyo capitel conserva una inscripción ilegible, pero reveladora de un pasado remoto. Por otro lado, las capillas sobre arcos fueron frecuentes en la zona en el siglo XVII y, en este caso, el vano adintelado, la escalera lateral en el exterior, la barandilla de madera y, sobre todo, la decoración vegetal de yeso con la técnica de esgrafiado provienen de esa época barroca. La capilla, el pequeño retablo de yeso, la hornacina con imágenes de escayola de los santos Mártires y el techo a dos vertientes rematado con tres claves decorativas fueron restaurados por la Fundación Santa María de Albarracín en 2014.

 

Ermita del Santo Sepulcro

 

ermita santo sepulcro
Ermita del Santo Sepulcro

En un pequeño monte “a medio cuarto de hora del lugar”, junto al cementerio, se encuentra el calvario. La ermita del Santo Sepulcro fue construida para albergar la estación XIV de ese vía crucis. Era “bastante decente y capaz”, con un solo altar; los vecinos subían en procesión en Cuaresma y celebraban dos misas al año. Detrás del altar, según consta en la sepultura, fue enterrada Ana María Abello en 1793. El edificio data de ese siglo XVIII y estuvo a punto de perderse por completo, pero en 2007 un minucioso proyecto puso en marcha una rehabilitación que ha resultado espectacular.

 

Tiene planta cuadrada dividida en tres naves idénticas, que a su vez se dividen en tres espacios mediante pilastras; sobre estos apoyos se desarrollan una gran cúpula central, cuatro pequeñas cúpulas en las esquinas y cuatro bóvedas de cañón, una de ellas con lunetos. Este tipo de distribución -una cruz griega inscrita en un cuadrado- es de tradición bizantina y recibe el nombre de quincunx (puede imaginarse como el número cinco de los dados). El modelo se aplicó por primera vez en la península ibérica en la iglesia de Santa Isabel de Portugal de Zaragoza en 1681. Una de las escasas ermitas que siguió este esquema (más frecuente en las iglesias) es la de Nuestra Señora del Pueyo de Belchite, concluida por el arquitecto Juan Faure, quien había construido asimismo la nueva iglesia parroquial de Estercuel; cabe la posibilidad de que diseñara esta del Santo Sepulcro, lo que explicaría que este modelo llegara a un lugar alejado de los centros artísticos.

Los muros se obraron con mampostería y tapial, austeros, sin aberturas, aunque ahora hay un óculo en la parte este; la pared oeste cuenta con tres contrafuertes y la fachada sur está revestida de mortero de cal. La cubierta de teja árabe, a cuatro aguas, se remata con un bonito alero de tejas y rasillas alternativas, tradicionales en la zona y de influencia mudéjar. El edificio tiene un pequeño atrio de forma rectangular y un portón de madera inscrito en un arco de medio punto, por el que se accede al templo descendiendo unos peldaños.

En contraste con la sobriedad del exterior, el interior –concebido como una gran sala- rebosaba de elementos decorativos y simbólicos, característicos del Barroco. Pilares, pilastras, arcos y todo el perímetro de las paredes están ornamentados con molduras de yeso, y en distintos puntos aparecen rosetones, querubines, conchas, flores y otros motivos de figuras también de escayola. Cubriendo pilares, muros, bóvedas y cúpulas, pinturas al fresco recorrían los recovecos de la sala con decoraciones florales y naturalistas, caras de angelitos y geometrías que querían aparentar relieves. Una parte de esos vistosos motivos, así como fragmentos de la cartela que se leía en la cúpula central, han podido ser recuperados.

El templo que podemos visitar en la actualidad no debe de ser muy diferente del que acogía a los habitantes de Estercuel en el siglo XVIII, pero, como decimos, estuvo muy cerca de ser irrecuperable, de desaparecer bajo el avance de las raíces y arbustos que, como ocurre en otras ermitas de la comarca, reconquistaban poco a poco el espacio natural. Es importante subrayar que ha sido la iniciativa de la Asociación de Jóvenes Estercuelanos, que ya venía recuperando el calvario en su conjunto, el motor fundamental de esta rehabilitación. A su iniciativa se sumaron las ayudas de distintos organismos públicos, de vecinos y empresas locales (unas baldosas en el suelo tienen grabados los nombres), lo que permitió asimismo incorporar algunos elementos (una mesa de altar, un suelo geométrico) y que la Fundación Santa María de Albarracín restaurara las pinturas.

 

Ermita de Santo Toribio de Liébana

 

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Ermita de Santo Toribio de Liébana

La ermita de Santo Toribio se encuentra en un extremo del núcleo antiguo. Es de planta rectangular, fabricada en mampostería con tejado a dos aguas. Se accedía al interior a través de un arco de medio punto de sillería, decorado con una sencilla moldura; sobre la puerta de madera de la entrada se abren una ventana y un óculo. El edificio mantiene el pavimento de baldosas de barro y su forma original, una única nave de altura considerable, cubierta con bóveda de cañón y dos cúpulas, que se sustentan sobre arcos y pilastras. Actualmente los muros están agrietados y la cubierta amenaza ruina. Las columnas conservan pintura en tonos amarillos y los muros, pigmentos azules manchados de humedad; en las cúpulas se combinan ambos colores y sobre el presbiterio se aprecian restos de decoración pictórica al fresco.

 

Según el inventario patrimonial de la comunidad (SIPCA), proviene de época barroca, pero la creencia local más extendida sostiene que fue una parroquia más antigua. El historiador Joaquín Millán en un artículo publicado en la revista Tedero recogió que en este punto, hacia finales del siglo XIII, se construyó una iglesia con un cementerio anexo; enfrente se encontraba la vivienda de los sacerdotes y en una calle próxima, el hospital. Entre 1431 y 1444, añadía, se amplió el ábside románico y se montó una cubierta de dos cúpulas sobre arcos. Esta primitiva iglesia, de acuerdo con su exposición, pasó a ser ermita de Santo Toribio cuando en 1700, en plena época de modernización de los antiguos modelos medievales en Aragón, se construyó la iglesia de Estercuel que conocemos hoy.

Sin embargo, según otra fuente (el Boletín de Historia y Geografía del Bajo Aragón, sept.-oct. 1909) el arquitecto encargado de construir la parroquia nueva derribó la iglesia vieja para reutilizar materiales, como por otro lado era usual. Si algo quedó del viejo edificio parroquial, no sería susceptible de ser convertido automáticamente en ermita. En este sentido, una visita pastoral revela que en torno a 1730 “en el sitio” de esa iglesia vieja había comenzado a levantarse una ermita dedicada a las Almas, que quedó a medias por “falta de caudal”. Y que años después, en 1793, Ramón Navarro legó 300 libras jaquesas para “que se erigiese una ermita en honor de nuestro patrón Santo Toribio”. El documento detalla que los ejecutores del testamento decidieron aprovechar aquella obra inacabada y cambiar la advocación (aunque pondrían un cuadro de las Almas para “satisfacer los deseos de los antiguos”). Ese 1805 faltaba el pavimento y el retablo, que se pensaban sufragar con donaciones y limosnas de los devotos. A mediados del XIX, recibía culto y contaba con una casulla blanca de seda, dos encarnadas, dos verdes, otra negra, un alba con su amito y un campanico de una arroba de peso.

Santo Toribio ya figuraba como cotitular de una cofradía en 1589, pero no sabemos dilucidar los aspectos de culto y culturales que llevaron al pueblo de Estercuel a elegirlo como patrón. Este santo nacido en Galicia, que fue obispo de Astorga en el siglo V y trasladó desde Jerusalén a su tierra las más importantes reliquias de la Santa Cruz, es muy poco frecuente en Aragón, aunque en el entorno hemos encontrado también un altar en la iglesia de Alcaine y una ermita en Alloza. Los patronazgos se desarrollaron, sobre todo, en los siglos XVI y XVII, cuando los santos eran admirados y propuestos como ideal humano, o invocados como protectores o terapeutas. La elección debía hacerse por los representantes institucionales del pueblo reunido en consejo municipal y debía ser confirmada por el clero local y el obispo de la diócesis. Lo habitual fue que las poblaciones optaran por el patronato de un santo o de un mártir vinculado al territorio o a las órdenes asentadas en el mismo. En el siglo XVIII un fraile del monasterio del Olivar escribió Breve memoria de Santo Toribio de Liébana, patrón de la villa de Estercuel y del lugar de Peñarroyas, obra que parece sugerir esa relación con la Orden de la Merced.

En 1642 la fiesta del santo patrono fue declarada de precepto y todavía en época reciente el día de la conmemoración, 16 de abril, se celebraba misa mayor, se cantaba un himno, había procesión y otros actos festivos, como el “baile del pollo” en la plaza de la Fuente. La parroquia de Estercuel tiene como titular a santo Toribio (no sabemos desde cuándo, en el siglo XVII era “la aflicción de la Virgen Santísima”), pero la ermita hace décadas que no recibe culto. Se recuerda que hacia 1920-30 acogía los funerales por los niños pequeños; en cambio, en los años 1960-70 se utilizaba como salón social, para ver la televisión. En 2006 dos arquitectos redactaron un proyecto de rehabilitación para adecuar el edificio, precisamente, como centro social, pero de momento no se ha llevado a cabo.

 

El Santuario de Nuestra Señora del Olivar y las ermitas del Pastor y del Calvario

Según cuenta la tradición, a mediados del siglo XIII el pastor Pedro Nobés halló una imagen de la Virgen en el interior del tronco de un olivo, a unos cuatro kilómetros de Estercuel, en un paraje aislado que reunía los requisitos propicios para ser escenario de una aparición mariana. La aparición a algún miembro de la comunidad –casi siempre un pastor o un labrador- era la señal más directa de que un ser sobrenatural estaba dispuesto a actuar como intercesor de un pueblo. Este tipo de manifestaciones en las que existen testigos que afirman haber tenido la visión se consideraban hechos históricos y obligaban a las autoridades a intervenir. En Estercuel el pastor corrió a contárselo a su señor, don Gil de Atrosillo y la imagen fue escoltada repetidas veces en procesión al pueblo, pero al día siguiente volvía a encontrarse en el lugar del hallazgo (las imágenes solían elegir de este modo su residencia). El señor de Estercuel decidió respetar la voluntad de la Virgen y erigir una ermita en ese paraje. El territorio aragonés puede recorrerse de norte a sur entre historias legendarias de este tipo: San Juan de la Peña, Santa María de Sigena, Veruela, Santa Fe, Rueda, etc. Estas imágenes atraían poderosamente la devoción popular y muchas ermitas primitivas llegaron a ser santuarios o monasterios. En Estercuel, Gil de Atrosillo donó la ermita, una casa, el molino, el horno y tierras de cultivo, entre otras posesiones, a la Orden de la Merced en 1260 con la tarea de fundar un convento.

El convento creció y adquirió prestigio, las viejas construcciones desaparecieron para dar paso al monasterio actual, que data fundamentalmente de los siglos XVI y XVII. En esa época la devoción atrajo romerías desde los pueblos de la contornada y también de otros más alejados, como Lécera, Alfambra o Perales del Alfambra. En el mes de mayo, en Pentecostés y en septiembre, los devotos se acercaban para pedir a la Virgen favores o agradecérselos y realizaban una procesión y una ofrenda de cirios. También existían romerías extraordinarias para protegerse de la peste, la langosta o las sequías, y hay constancia de que los fieles peregrinaban en ocasiones de manera individual (pueden conocerse detalles de estas romerías y, sobre todo, de la historia, arquitectura y los bienes muebles que se conservan en el monasterio en El Monasterio del Olivar, Cuadernos comarcanos n.º 5).

Para terminar nuestro estudio hay que citar todavía dos ermitas que se encuentran en el entorno del monasterio. Por un lado, la del Pastor, construida en el siglo XVII al parecer en el punto donde cuenta la leyenda que se vio el resplandor de la Virgen del Olivar. Está frente al convento, en lo alto de un bosquecillo de pinos, en la partida de las Peñuelas. Es una pequeña construcción de planta cuadrada, con sillería en las esquinas y alero de rasilla, arco de medio punto en el acceso y un altar sencillo dedicado a la Virgen del Olivar. Fue restaurada en 1896, según una inscripción pintada en el interior, y, de nuevo, en 1950. Y por otro, junto a una pista que conduce a Obón, surge una bonita ermita del Calvario entre cipreses, que ha sido restaurada recientemente.

 

Fuentes bibliográficas principales:

  • Archivo Diocesano de Zaragoza, Visitas Pastorales 1656, 1771, 1785, 1805 y 1845.
  • Serrano, Eliseo, “Santidad y patronazgo en el mundo hispánico de la Edad Moderna”, en Studia historica, Historia Moderna, vol. 40, n.º 1, 2018, pp. 75-123.
  • Campos Rubio, Fernando A. y Muñoz Barduzal, Guillermo, Proyecto básico y de ejecución de rehabilitación de la ermita del Santo Sepulcro. Villa de Estercuel, Teruel, Estercuel, 2007.
  • Altaba Escorihuela, José, El monasterio del Olivar y pueblos aledaños, Teruel, 1979.
  • Sancho, Ramón y Mola, Mónica, Proyecto de rehabilitación y adecuación de la iglesia de Santo Toribio como centro social, Estercuel, julio 2006.
  • Documentos para escribir el Diccionario geográfico histórico de España en la parte referente a Aragón [Manuscrito Biblioteca Nacional], siglos XVIII-XIX.

Bibliografía

 

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