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XXIV Concurso Internacional de Relatos Cortos "Juan Martín Sauras"

Se hizo entrega de los premios del XXIV Concurso Internacional de Relatos Cortos Juan Martín Sauras, cuyo primer premio en esta ocasión recayó en Ángeles del Blanco Tejerina por su relato "Re.viviendo" y el segundo premio para Manuel Povedano Bruque por su relato "Los ángeles duermen en Treblinka".

 

 

Tanto África Miralles, directora de la Casa de Cultura, como Héctor Balaguer, concejal de cultura del ayuntamiento de Andorra y José Ángel Aznar, bibliotecario agradecieron su presencia a los asistentes, a los ganadores por acercarse a recoger su premio a Andorra desde León y Madrid y poder así intercambiar impresiones y especialmente a los jurados que hacen posible el concurso. Recordaron que a esta edición se han presentado un total de 524 trabajos procedentes de España, Argentina, Francia, Uruguay, Cuba, Chile, USA, Alemania, Israel, Guatemala, México, Holanda, Venezuela, Colombia, Nicaragua, Brasil, Kenia, Perú, Hungría, Italia, Inglaterra, Mongolia, Bolivia y Portugal.

José Angel leyó la aportación realizada por los autores de los relatos ganadores, para generar el debate.

“Mi relato nació de esta noticia: “Condena de 40 a 175 años de cárcel para el médico que abusó de las gimnastas de EE UU Tras dos décadas de abusos sexuales al menos a 156 menores y jóvenes mujeres…” Leyendo la prensa me encuentro una y mil veces con el microrrelato de Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Cada vez que leo o escucho casos de malos tratos, violencia de género o abusos a menores, intento imaginar lo que pasará por la mente de es@s niñ@s posiblemente ya adultos, cuando ven en televisión que su historia se repite, una y otra vez, imagino que los titulares despertarán ese monstruo que duerme en ellos y posiblemente también aflore la sensación de culpa o de vergüenza. En este relato intento ponerme en la piel de una niña encerrada en un infierno silencioso, víctima del ego materno por un lado, y de un depredador sexual por otro. Leí a fondo el caso del entrenador americano, escuché vídeos de sus víctimas, casi ninguna puede terminar su declaración porque rompen a llorar. Tienen en la mirada y la garganta los cristales de la infancia rota. La impotencia que transmiten es brutal, y me he permitido empatizar con su rabia y transformarla en relato. A los que nos gusta escribir debemos usar las letras para denunciar lo que no funciona a nuestro alrededor. Porque no todo el mundo lee periódicos, pero a casi todos les gusta leer historias, y no siempre tienen que ser felices, porque la realidad a menudo no lo es. Este relato es un llamamiento a padres que no quieren ver lo que es evidente, a educadores que deben hacer saltar las alarmas ante cualquier indicio en sus alumnos, y sobre todo a las víctimas, que busquen el valor suficiente y el oído apropiado para denunciar el más mínimo ataque. Ánimo y ojalá estas letras desenreden algún nudo de gargantas atenazadas, y ayude a despertar a todos los monstruos que duermen en la sensación de culpa ajena”.

(Ángeles del Blanco Tejerina)

 

«Yo soy yo y mi circunstancia». Me vino a la cabeza esta frase de José Ortega y Gasset cuando me disponía a escribir unas líneas sobre mi relato Los ángeles duermen en Treblinka. Es curioso como seis palabras, que dicho sea de paso forman parte de una frase más extensa y que, tal vez, sintetice magistralmente buena parte de su pensamiento sobre el hombre y el lugar que este ocupa en el mundo, resuman a la perfección todo aquello que quise contar en mi historia y de lo que no caí en la cuenta hasta que me senté frente a la pantalla en blanco del ordenador dispuesto a compartir mis reflexiones con todos vosotros. Yo, no me refiero a mí, sino al «yo» universal, nunca seré consciente de lo que soy, o podré llegar a ser, sin contar con los condicionantes externos que me han hecho ser de un modo concreto, determinado, e incluso contradictorio con los principios que he abrazado en cada uno de los momentos a los que me he enfrentado a lo largo de mi vida. ¿Podemos reconocernos como personas totalmente diferentes dependiendo de la coyuntura histórica, social o personal en la que nos encontremos? Sin duda. Nunca seremos héroes o villanos por completo porque poseemos un poco de cada en todo el arco de matices emocionales que nos configuran como hombres o mujeres. El ser humano crece, evoluciona y aprende de los errores cometidos, otra cuestión es el precio que puede o debe pagar por ellos, independientemente de lo deleznables que fuesen. Tenemos derecho a olvidar aquellos pasajes ignominiosos de nuestra biografía, al igual que los demás tienen el mismo derecho a no hacerlo, si dichos pasajes tuvieron fatídicas consecuencias sobre terceros, y reclamar una condena por ello. El protagonista de mi historia no ha olvidado, no se lo ha permitido a sí mismo porque es el único castigo que se ha infligido ante la cobardía de aparentar ser lo que no era, un hombre de conducta intachable, un héroe, cuando en el fondo se sentía un superviviente empeñado en construirse una imagen de hombre ejemplar”.

(Manuel Povedano)

 

En el debate entre los asistentes, se valoró del relato de Manuel el hecho de dejar interrogantes abiertos, el cambio de perspectiva en el enfoque al realizarlo desde el lado del verdugo, cancerbero del gueto siendo adolescente y que luego huye y rehace su vida en Estados Unidos arrastrando el sentimiento de culpa.

Ángeles explicó que escribe por impulso, y que en este relato buscaba escribir para plasmar con sutileza la realidad, buscando opuestos en el relato para dejarlo más perfilado. Los asistentes valoraron su forma de escribir, con descripciones cortas, intensas y gráficas que describen muy bien los personajes y el juego de complicidad entre los protagonistas.

Gelines escribe largo y luego adopta el punto de vista del microrrelato y concentra lo escrito; partiendo de una frase o una imagen, piensa en el final y escribe en función del mismo y cuando ya lo ha terminado, le dedica mucho tiempo a la primera frase, inicio y final se juntan. Y le gusta confundir al lector con sorpresas ya que cree que la importancia del relato no sólo está en el contenido sino también en la forma y que se agradece al leer relatos que sorprendan. Eros y Tánatos, vida y muerte, son los motores de la escritura.

Manuel ha escrito guiones, relatos y novela; escribe como viendo una película y se nota en su relato. No ha hecho talleres de escritura, le gusta escribir y sin querer está pendiente de lo que sucede a su alrededor y lo incorpora.

Fue un gusto estar con ellos e intercambiar valoraciones y opiniones.

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