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1917- 2017. La Revolución rusa en su centenario

En el mes de febrero de 2017 se cumplieron los 100 años de un proceso histórico que cambió el mundo: la Revolución Rusa. Las consecuencias que tuvo de forma inmediata y a lo largo del siglo XX en las formulaciones políticas internas de los distintos países y en las relaciones internacionales son tales que sin tenerlas en cuenta es imposible explicar el mundo de hoy. 

En colaboración y cofinanciación con el IES Pablo Serrano de Andorra y, en especial con su departamento de Geografía e Historia, se organizaron las jornadas "1917-2017. La Revolución rusa en su centenario. Un año crucial para la historia", para estudiar aquel acontecimiento. 3 charlas y una película permitieron abordarlo: "Guerra y Revolución", a cargo de Javier Alquézar Penón; "El impacto de la revolución sobre la izquierda y la derecha europeas", a cargo de Ramiro Trullén Floría; "Después de 1917: historia interna y política exterior en la Unión Soviética", a cargo de Miguel Ángel Sanz Loroño y la película Rojos, de Warren Beatty.

Javier Alquézar reflejó la importancia de la revolución rusa en la historia, ya que supuso para muchos millones de personas una esperanza de un mundo nuevo sin explotación y no se puede explicar el siglo XX sin tenerla en cuenta puesto que el ordenamiento del mundo, los movimientos de descolonización y los nacionalismos, el estado del bienestar, las teorías de Keynes, la caza de brujas y el macartismo, las dictaduras anticomunistas de América y Asia… fueron así por su influencia. Nadie permaneció impasible ante los hechos de los que ahora se celebra el centenario. 

 

Javier abordó la Rusia zarista prerrevolucionaria, los elementos explicativos de la situación: los condicionantes estructurales materiales, sociales y geopolíticos; los nuevos factores en torno a la mitad y final del siglo XIX y principios del XX que explican la decadencia de la Rusia zarista: la industrialización con capital extranjero; crecimiento de las ciudades industriales donde surgirán los movimientos revolucionarios; intelectuales comprometidos y con ellos surgen las corrientes políticas. En tercer lugar analizó la oportunidad, que situó en la II Guerra Mundial por lo que supuso para Rusia de desastre militar y también económico, el despoblamiento del campo y el desabastecimiento, la propaganda antibelicista y antizarista, concluyendo que la guerra fue el elemento desencadenante al inicio y al final de la etapa revolucionaria.

En cuarto lugar analizó quién llevó la iniciativa en la segunda fase: Lenin y el partido bolchevique que pese a ser el minoritario fue un partido muy activo, militante, la vanguardia del proletariado, con una postura clara contra la guerra y con una visión precisa de los distintos momentos, sabiendo captar las aspiraciones y sentir de las masas en cada momento.

En la segunda parte de la ponencia, explicó la primera revolución, burguesa y liberal, fruto de las dos contradicciones entre el estado y la sociedad y entre las masas y el poder constituido, los cinco días hasta el 27 de febrero fueron los que registraron mayores movilizaciones. Y se llega a la Revolución de octubre: Vuelve Lenin de Finlandia e impone sus tesis de abril frente a los que pretenden un gobierno de coalición. El 25 de octubre es la toma del Palacio de Invierno, llegando los bolcheviques al poder. Plantea una paz sin indemnizaciones ni anexiones (que luego será unilateral negociada con Alemania); confiscan las tierras de la corona, la iglesia y la nobleza y la reparten entre el campesinado y declaran los derechos de las nacionalidades de Rusia, soberanía y autodeterminación. 

Hay un proceso de control del gobierno bolchevique en detrimento del Comité ejecutivo de los Soviets; se impone  la censura y se instaura la checa (policía secreta similar a la de los zares) al margen del poder judicial. Hay violencia no sólo por parte de los insurrectos sino proveniente del poder. Se firma la paz de Brest-Litovsk en marzo de 1918 perdiendo Rusia territorio y capacidad industrial, obstáculos que va salvando Lenin para salvar la revolución, pero le queda enfrentarse a la disidencia. La Guerra Civil (1918-1920) enfrentándose el ejército blanco y el ejército rojo; las intervenciones extranjeras (Japón, Francia, Inglaterra) que no quieren que Rusia abandone la guerra y quieren retomar la deuda de los zares que habían anulado los soviets. Finalmente triunfa el ejército rojo que está más unificado, tiene más armamento y más posibilidades de reclutamiento por tener las principales ciudades y un proyecto político con las masas. 

La guerrra deja un caos postbélico tremendo con hambre, enfermedades, además de las pérdidas humanas que ha acarreado. Y se prepara la Tercera internacional, una nueva asociación que sólo acoge socialistas y con exigencias, con la misión de extender la revolución al mundo. Además de los partidos comunistas, hay socialistas fieles a la socialdemocracia europea y se divide el movimiento obrero. El comunismo de guerra había llevado a la debacle la producción, hay insurrecciones y represión y se plantea la nueva economía política de 1921 a 1926, mixta, favoreciendo la actividad privada individual aunque con dirección estatal, es una época rica culturalmente y con éxito económico, pero cuestionable en el debate socialista. 

Como conclusión, la revolución puso sobre la mesa la conciliación entre justicia, igualdad y libertad, algo que da que pensar en nuestro mundo actual, en el que cada vez se concilian menos esos tres elementos.  

El viernes, la película de Warren Beatty, Rojos, completó de forma más vívida y emotiva esta aproximación a los hechos revolucionarios. Basada en la vida del periodista y escritor John Reed quien en su libro Diez días que estremecieron el mundo, narró la revolución rusa de 1917, una buena forma de describirla, con un buen elenco de actores. La película ganó tres premios Oscar al mejor director, la mejor actriz de reparto y a la mejor fotografía.

El profesor Ramiro Trullén Floría, analizó los antecedentes y el contexto internacional de la Revolución Rusa. Destacó la importancia de la I Guerrra Mundial y el triunfo de la Revolución Rusa en 1917 en medio del desprestigio de la socialdemocracia, generando en la sociedad europea diversas reacciones que el ponente supo sintetizar en, por un lado, ilusión desbordante y fascinación en la izquierda obrera pero, a su vez, una profundización de la división en el seno del Movimiento Obrero con la creación de la Tercera Internacional. Por otro lado, la derecha recibió con gran miedo el triunfo de una revolución de tales características. Ese terror se agudizó debido a la crisis de 1929 frente al desarrollo soviético, provocando un cambio de tendencia y discurso en los líderes conservadores, así como una radicalización ultranacionalista de las clases medias conservadoras que se reflejó, primero, en el corporativismo y el surgimiento de dictaduras autoritarias como Miklós Horthy en Hungría o Miguel Primo de Rivera en España, y en el fascismo, después.

En conclusión, 1914 significó la quiebra de la idea de progreso y de la socialdemocracia trayendo consigo ilusión y esperanza a unos, así como miedo y terror a otros. Asimismo, para el ponente resulta inconcebible la creación y desarrollo de los estados del bienestar de la segunda mitad del siglo XX sin la Unión Soviética, ya sea por influencia o por miedo. El que fuera el estado que más sufrió y vencedor en la Segunda Guerra Mundial, dejó de existir en 1991 sin haber conocido más de diez años de paz debido al continuo hostigamiento de occidente y, quizás, ahora en occidente estemos recogiendo los frutos de su desaparición en forma de recortes en derechos laborales y sociales.

Miguel Ángel Sanz Loroño, completó con la tercera charla una visión completa de las consecuencias de la Revolución Rusa. Recurriendo a Eric Hobsbawm, “La URSS condicionó toda la política exterior e interior de Occidente en el siglo XX”. 

Tras una introducción para valorar las dimensiones de la Unión Soviética, sus recursos y potencia demográfica; lo que supuso la Revolución Rusa de 1917 de miedo enorme en los estados de Occidente, destacando la intolerancia ante un Estado de esas características por parte de las clases dominantes de los países atlánticos, y de generación de esperanzas como espejo al que miraban los Partidos Comunistas de los estados occidentales, el ponente considera que es un error considerar la URSS como un fracaso, ya que dependiendo del punto de vista político para cada corriente política el fracaso sería antes o después en el tiempo pero, para el doctor zaragozano, los logros en el desarrollo la URSS, comparado con la situación de la Rusia zarista son muy evidentes, incluso para el nacionalismo ruso.

Posteriormente, situó a la URSS como principal vencedora de la Segunda Guerra Mundial y, pese a la creencia de buena parte de Occidente, los objetivos del Ejército Rojo, esquilmado por la guerra, no pasaban por continuar la expansión de la Revolución, sino que únicamente querían mantener el terreno conquistado para asegurar un cinturón de seguridad que impidiera una posible invasión futura, una obsesión desde los tiempos de Lenin, debido a la experiencia de la Guerra Civil rusa. Igualmente subrayó que para la descolonización de África y Asia la presión de la URSS fue fundamental, mientras que la primaria posición de Franklin Roosevelt quedaría, o bien, ambigua o incluso favorable a los imperios coloniales tras 1945. 

Además, dejó patente en su discurso la existencia todavía del debate historiográfico sobre quién inició la Guerra Fría. Para Miguel Ángel Sanz, fue, sin duda, Estados Unidos y para explicarlo recurrió a los orígenes del Estado soviético, cuya política exterior marcaría las actuaciones en política interior desde la Guerra Civil Rusa (1917-1923), la intervención de las potencias occidentales (Reino Unido, Francia y Estados Unidos, que no reconocería a la URSS hasta 1933), las pérdidas territoriales tras el Tratado de Brest-Litovsk (1918), y el continuo miedo a una invasión extranjera. Todo esto, unido al hostigamiento de Occidente es lo que generó una obsesión continua por miedo a ser invadidos hasta el final de la Guerra Fría (1989), sobre todo después de la invasión alemana en 1941. Así pues, se abandonó la estrategia de internacionalización de la revolución, a cambio de coexistir pacíficamente con occidente y asegurar su propia supervivencia dando lugar a políticas de Frentes Populares o al controvertido pacto Ribbentrop-Molotov, así como una intensa militarización de la economía y la sociedad soviéticas. 

Después, tras la invasión alemana y la alianza con Estados Unidos cuyo presidente, Roosevelt, veía la guerra como la alianza de los hijos de la Ilustración, frente a la anti-ilustración y entendía las pretensiones de una zona de confort soviética, parecía que se acordaba el futuro de la posguerra. No obstante, tras la llegada al poder de Harry Truman con su doctrina anticomunista, hizo surgir los miedos a la conquista del Mundo por parte del comunismo soviético y conllevó un giro en la visión de la descolonización como conquistas de Moscú y el visto bueno de cambios de regímenes en estados democráticos por dictaduras tuteladas por Estados Unidos. 

Así pues, finalmente, para Miguel Ángel Sanz se cumplió la paradoja de que después de haber sido sometida a un profundo hostigamiento por parte de Occidente, fue en el momento que más se estaba rebajando este acoso, cuando la URSS terminó desapareciendo. La caída de la URSS en 1991, siguiendo la línea de opinión de Ramiro Trullén, ha influido y continúa haciéndolo en la actualidad, sobre todo en Occidente, ya que, por un lado, se acabaron las posibilidades de algo distinto al neoliberalismo y el mundo capitalista. Por otro lado, así como diversos avances sociales de los estados de bienestar en Occidente son impensables sin la existencia de la URSS, los grandes recortes en derechos laborales y sociales que se están sufriendo en la actualidad serían inconcebibles con la presencia de una URSS, el miedo a un sistema diferente y al Ejército Rojo que había en el siglo pasado.

La opinión de Josep Fontana, intelectual que mantiene posturas comprometidas con el cambio, compartidas por Javier Alquézar al inicio de las Jorndas, pueden ser una buena síntesis para la reflexión realizada a lo largo de las jornadas. 

“…es evidente que este estudio [el de la Revolución Rusa] no lo veo como un puro ejercicio intelectual sin fines prácticos. La utilidad que puede tener, que debe tener, es la de ayudarnos a rescatar de aquellos proyectos que no tuvieron éxito -por errores internos y por la hostilidad de todas las fuerzas que se oponían a los avances sociales que promovían - lo que pueda servirnos aún para el trabajo de construir una sociedad más libre y más igualitaria. Porque me parece indiscutible que el propósito que movió a los hombres de 1917 era legítimo. Como dijo Paul Eluard: "Había que creer, era necesario / creer que el hombre tiene el poder / de ser libre y de ser mejor que el destino que le ha sido asignado". Y pienso que necesitamos seguirlo creyendo hoy".

Si quieres más información sobre las tres ponencias: 

La revolución rusa en su centenario. Un año crucial para la historia

Conferencia de Ramiro Trullen Floria

Conferencia de Miguel Angel Sanz Lorono

 

 

 

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