Centro de Estudios Locales de Andorra

Adiós a José Miguel Iranzo

El realizador y cineasta turolense, nacido en Villarquemado, falleció el pasado 10 de agosto. 
En el CELAN recordamos cuando el 3 de junio de 2007 estuvo en Andorra presentando en el salón de actos de la Casa de Cultura su documental “José Iranzo, el Pastor de Andorra”.  El acto lo organizamos con el Centro Pastor de Andorra y la Peña El Cachirulo, contando con la presencia del cineasta, el propio José Iranzo y los cantadores de jota Isidro Claver y Nacho del Río, que actuaron al final de la presentación acompañados de la rondalla conjunta del Cachirulo/Agrupación Laudística de Andorra.
 
José Monzón, director de la Casa de Cultura y uno de los organizadores del evento, resumió el resultado de un trabajo de años en una frase: “Ha sabido presentar la forma natural de entender la vida de José” y dijo de José Miguel Iranzo: “con una larga trayectoria de películas y documentales para televisiones, empresas e instituciones, vinculado con Andorra a través de los primeros cursos de video y televisión que dirigió en los años 80”
José Miguel  dio las gracias a toda la gente que había colaborado en el rodaje, en la cesión de imágenes y archivos, a todos los que salen en la película y a la Fundación Endesa y el Departamento de Cultura de la DGA y concluyó su intervención con un deseo: “Hecho con todo el cariño del mundo, espero que les guste, por lo menos tanto como a nosotros”.
 

 
En el documental, de 55 minutos, intervienen Pascuala Balaguer, Luis Ángel Romero, Eloy Fernández Clemente, Javier Barreiro, Fernando Solsona, José Antonio Labordeta, Conchita Carrillo, Manuel Fraga Iribarne, Herminia Balaguer y el protagonista, José Iranzo, que sabe transmitir su humanidad y la percepción de los acontecimientos vitales que con tanta agilidad guionista (Joaquín Carbonell) y realizador (José Miguel Iranzo), hacen llegar a través de la imagen.
Si queréis ver fragmentos del vídeo: 
 
José Miguel Iranzo, nacido en Villarquemado, comenzó su andadura en el cine durante los efervescentes años 80 en los que Teruel acogió sus primeras ediciones de la Muestra Turolense de Cine y su primera televisión local, en la que Iranzo colaboró con asiduidad. 
Este año se cumplía el 35 aniversario de su primera incursión profesional en el mundo del audiovisual, con el rodaje junto a Víctor Lope de Mayumea (1985). Entre sus últimos trabajos, destacan los dos documentales Teruel, una ciudad de frontera, que se presentaron en 2013 y 2016 con un notable éxito, y el documental Brueghel oculto sobre el pintor flamenco, rodado entre 2013 y 2015 junto a Pimpi López Juderías y Gonzalo Tena. 
 
Su primera producción de éxito fue Mayumea (1985), un cortometraje rodado en Noguera con actores, medios y productora turolense, Estela Films, con la tradición de los Mayos como telón de fondo. Constituyó la primera experiencia de cine profesional en Aragón casi veinte años después de que hubiera desaparecido Moncayo Films, que contó con una subvención de 1.300.000 pesetas de la DGA para rodar en 35 mm., algo impensable en el Aragón de la época. La película,  que contó con la música de Javier Navarrete, fue premiada por el público en el Festival de Cine de Huesca de 1986 y hoy se considera como un clásico de los pioneros del cine aragonés. 
A partir de ahí José Miguel Iranzo cultivó todos los géneros y soportes, desde la ficción a la película institucional, pasando por la publicidad en cine y en vídeo, aunque fue en el campo del documental donde más destacó. 
Tras Mayumea Iranzo rodó trabajos en Super-8 como Ruido de alas (1986), una cruda película con abundantes guiños al cine de Luis Buñuel, Butaca de Patio (1986), la fantástica historia de En el parque (1987) y su primer documental, sobre la Vaquilla de Teruel, que rodó en 1988, el mismo año en el que trabajó como ayudante de casting para Terry William durante el rodaje de Las Aventuras del Baron Munchausen, que tuvo lugar en Belchite. 
A finales de la década comenzó a prodigarse como realizador de documentales, en campos como el artístico (Museo Provincial de Teruel, 1989), de naturaleza (Sierra de Albarracin: Rodeno y Albar, 1989) o el etnográfico, como Artesanía en la Sierra de Albarracín (1989), Gastronomía de la Sierra de Albarracín (1989), Proceso de la cerámica turolense (1989) y Semana Santa en Teruel (1989).
En 1990 trabajó en la serie cómica de muñecos Los Guguqús, de Félix Zapatero y Carlos Ochoa, que se emitieron en Tele5, y dos años más tarde fue realizador y coguionista de la serie en vídeo Historia de Aragón (1992), el primer producto audiovisual ambicioso sobre la historia de la Comunidad Autónoma, producida por Víctor Barrios para ASIMSA con dirección histórica de José Luis Corral, y rodada durante año y medio con 115 millones de pesetas financiadas por la CAI, con un producto total de tres horas y media distribuidas en nueve capítulos, producción que fue premiada con una medalla de plata en el Festival Internacional de Vídeo y Televisión Ciudad de Nueva York de ese año.  
En 1993 realizó Un poema de familia, episodio piloto de una serie de televisión planteada como una original serie dramática basa en textos de grandes poetas y con guion de Luis Felipe Alegre. Se rodó un episodio piloto pero ninguna televisión accedió a comprarla. Tres años más tarde, en 1996, rodó la fábula medieval Témpora y violeta, rodada en el castillo de Peracense con guion de Antonio Castellote, uno de los guionistas que más estrechamente y en más ocasiones colaboraron con el de Villarquemado. Ante todo lo define como “un genio del montaje”. “Cómo ordena, selecciona y elige el material para buscar el detalle de humanidad absoluta que Iranzo daba a sus personajes es digno de un maestro absoluto, algo muy difícil de encontrar”. “Sabía elegir los detalles perfectos para desnudar al personaje a través de la empatía, y ofrecerlo con una naturalidad y pureza difícil de imitar. Es imposible hacer un documental sobre Labordeta mejor que el que él realizó”.
En la revista Cabiria el propio Iranzo describió el rodaje de Témpora y Violeta como “un descenso a los infiernos” hasta el punto de considerarla un error, “por el caos y desastre de producción que hubo”. El presupuesto ascendió a seis millones de pesetas para una historia medieval cuyo resultado se vio mermado por los continuos problemas de producción que sufrió, según apuntaban Nacho Navarro y Gonzalo Montón en el artículo citado de Cabiria, y de algún modo marcó cierto divorcio entre Iranzo y la ficción –pese al posterior rodaje de Los hijos de Mandrake en 2003, con José Luis Esteban, Antonio Castellote, Rosa Escuín, entre otros–, ya que esta no provocaba más que deudas con los bancos, según el turolense.
Tras el rodaje del cortometraje Los hijos de Mandrake (2003), José Miguel Iranzo colaboró con Joaquín Carbonell rodando dos documentales sobre aragoneses ilustres: José Iranzo. El Pastor de Andorra, que fue presentado en 2007, y Con la voz a cuestas, dos años más tarde, sobre José Antonio Labordeta. En éste último el propio poeta y músico narraba su historia a cámara en una producción estrenada un año antes de su muerte, acompañado por testimonios de Eloy Fernández Clemente, Carbonell, Gonzalo Tena,  Emilio Gastón o Eduardo Paz, entre otros. El documento es de obligada consulta para cualquiera que se interese por la obra de este político y cantautor aragonés tan vinculado a Teruel, y una de las obras destacadas de Iranzo según el profesor y crítico Juan Villalba. “Su dimensión como documentalista fue enorme en todos sus trabajos, pero queda especialmente de relevancia en Con la voz a cuestas”, explica Villalba, para quien Iranzo, “siguiendo la estela de Buñuel y otros realizadores aragoneses, fue capaz siempre de rodar grandes cosas con presupuestos muy exiguos. Si hubiera sido catalán o vasco sus posibilidades para hacer cine hubieran sido muy superiores”.
 
En esta última década firmó El tiempo en la maleta (2010), sobre el exilio turolense tras la guerra civil, rodada en su Villarquemado natal y en Canadá. Fue una producción financiada por el programa Amarga Memoria del Gobierno de Aragón en el que, con guion de Antonio Castellote y fotografía de José Carlos Ruiz, documenta la historia de más de 200 personas de esa localidad que vivieron en Canadá como inmigrantes durante los años 60 y 70. Este proyecto contó con la colaboración de Emerén Ruiz, una de las emigrantes instaladas en Montreal, que se encargó de la producción en Canadá donde se rodaron imágenes durante diez días. La cinta, en la que Iranzo plasmó como nunca las grandes dosis de cariño artesano que ponía en su trabajo, fue encargada por el Ayuntamiento de Villarquemado y supuso “saldar una deuda histórica con aquellos vecinos cuyas divisas ayudaron a los que se quedaron”, según explicó en su día el alcalde, Federico Serrano. Castellote lo recuerda como uno de los trabajos más especiales que ha hecho con Iranzo, aunque en realidad son mucho más. Menciona por ejemplo Cajas destempladas, estrenada ese mismo 2010, en la que el actor José Luis Esteban, otra de las personas que le acompañaron durante casi toda su trayectoria, interpreta a Longinos en una delirante y surrealista historia ambientada en la Semana Santa con los tambores de Calanda de fondo. “Es imposible rodar algo tan libre y poético como lo que hizo allí José Miguel” asegura Castellote, para quien es imprescindible sacar a la luz la producción de Iranzo y honrar su aportación al cine aragonés.
Brueghel oculto (2015), un documental sobre el pintor flamenco rodado junto a Gonzalo Tena y Pimpi López Juderías, es un registro muy diferente pero hecho con idéntica entrega; a través de secuencias de animación, planos del pintor turolense y la voz en off de Antonio Castellote se repasan cinco de las principales obras de Brueghel el Viejo (1525-1569), artista flamenco que apasiona a Tena –y apasionó a Iranzo– por la cantidad de detalles esotéricos, cómicos o críticos que introducía de forma subtérfuga en algunos de sus cuadros. López Juderías recuerda que “hicimos ese proyecto casi por diversión, muy artesanalmente, y para mí fue una auténtica delicia trabajar con él”. 
Pero si hay que destacar alguno de los últimos trabajos de José Miguel Iranzo no puede dejar de nombrarse el documental Teruel, una ciudad de frontera sobre la historia de la capital, realizada en dos capítulos que se presentaron en 2013 y en 2016 respectivamente tras un largo rodaje junto a Fernando Burillo. Esta producción, ambiciosa en sus objetivos y humilde en sus medios, ha sido acaso la que mayor entusiasmo y aceptación provocó entre el gran público turolense. Contó con el asesoramiento histórico del profesor José Manuel Latorre y el arquitecto Antonio Pérez; Adolfo Barrio y los actores de Siglo XIII Teatro dieron vida a diferentes capítulos de la historia como la reconquista, el tribunal de la Inquisición o la explosión modernista gracias al vestuario de Paloma Utrillas, y los testimonios de más de cuarenta expertos, es decir, contando con la colaboración de un gran número de instituciones y particulares turolenses. Su estreno en el cine Maravillas llenó la sala en varias ocasiones y concitó un aplauso unánime. 
El primero de los capítulos de los documentales de la productora Se Rueda abarca el periodo de tiempo entre la fundación de la villa y la guerra civil, mientras que el segundo analiza aspectos contemporáneos entre 1939 y 2000, como la posguerra, la fiesta de la Vaquilla, la expansión urbanística, la mítica Zona de ocio o el fenómeno de Teruel Existe. Todo contado en 140 minutos, en una producción llena de cariño que le provocó muchas dudas a Iranzo: “Admito que cualquier espectador echará en falta cosas, y creerá que otras tienen demasiada importancia. Corremos ese riesgo, pero sinceramente creo que hemos contado lo que tenía que contarse”, explicaba el realizador en febrero de 2016, justo antes de estrenarse el segundo capítulo de la serie. (…)
 
Es sin duda una de las personalidades indiscutibles del cine contemporáneo en Aragón y deja tras de sí una sólida filmografía en el campo de la ficción y, sobre todo, del documental. 
Iranzo trabajó con numerosos guionistas, artistas y escritores, aunque quizá Fernando Burillo y Antonio Castellote fueron sus dos grandes compañeros de viaje por el séptimo arte. Al primero le cabe el orgullo de “haber guionizado el primero y el último de sus trabajos cinematográficos, Volavérunt en 1984 y Teruel, tierra de frontera, cuyo segundo y último capítulo fue estrenado en 2016. “Yo nunca he tenido más vínculo con el cine que mi relación con él, y los trabajos que hicimos juntos los hicimos fruto de la amistad que nos unía”, explica Burillo. “Ni siquiera he sabido nunca escribir un guion, pero él me decía al dictado lo que yo tenía que hacer y lo hacíamos. Trabajar junto a él fue una experiencia exquisita para mí”. (…)
Ansioso por experimentar en lo formal y expresarse a través de la metáfora, su siguiente corto, La Pelea (1985), narraba una peculiar pelea entre dos hombres, que cambiaba de escenario a cada golpe que se propinaban. Según un artículo publicado en el número 2 de la Revista Cabiria por Gonzalo Montón y Nacho Navarro, y en la que se ofrece la mejor y más prolija semblanza de los primeros años de José Miguel Iranzo, dicha pelea fue rodada en escenarios como Villarquemado, las dependencias del Diario de Teruel o el histórico bar Hartzenbusch, abierto en su día por el propio realizador. 
 
Mayumea se rodó hace 35 años y fue la primera película hecha por Iranzo en 35 mm, así como la primera producción completamente meditada y realizada con un planteamiento totalmente profesional. Iranzo, Victor Lope, José Asensio, Lucía Villarroya y Jacinto Porro fundaron Estela Films y rodaron el corto basado en la historia que Gabriel Giménez, Mauro, contó a su amigo José Miguel tomando un café. 
Ramón (Juan García)  abandona Noguera para marcharse a Alemania, con la promesa de Amalia (Ana Escámez) de esperarle cinco años antes de casarse. Transcurrido el plazo Juan (Paco Escriche), que pretende a Amalia, puja por ella durante los Mayos y contraen matrimonio el mismo día que Ramón regresa al pueblo. A los ecos innegables de los Amantes de Teruel se unía en Mayumea la voluntad crítica del turolense, retratando una sociedad rural gris presa de los tics del franquismo o con una última escena en la que aparece la violación consentida de Juan hacia su esposa; y también su vocación documentalista que eclosionaría años más tarde, revelada en algunas escenas de la película, como el baile –en el que aparecen numerosos extras del pueblo con su propio vestuario y dos músicos reales, Miguel Ángel Martínez y José García Leal el Cordobés, dúo habitual de acordeón y batería que solía amenizar las fiestas de la Sierra de Albarracín– que termina con una elipsis en la puerta de la iglesia donde se casan Juan y Amalia, o la de los propios Mayos de Noguera, donde se reproduce el tradicional rito.
El proyecto contó con una subvención del Gobierno de Aragón y un presupuesto de 1.300.000 pesetas. “Era muchísimo dinero”, bromeaba Iranzo en una entrevista concedida a Diario de Teruel en junio de 2015, con motivo del 30 aniversario del cortometraje. “Con los medios de hoy en día ese dinero daría para rodar La guerra de las galaxias”. La mayor parte del presupuesto se fue en el laboratorio profesional FotoFilm y los técnicos de Madrid, “los únicos que cobraron”, según Iranzo. 
Mayumea fue el primer trabajo profesional de Iranzo y también el primero que realizó para el cine otro turolense ilustre, Javier Navarrete, que firmó la música grabada en los estudios Exa con la trompeta del suizo Markus Breuss, basándose en una versión lenta y triste de la jota de los Mayos. Para Iranzo Mayumea, rudimentaria a la luz del cine contemporáneo pero que marcó un hito en Aragón, fue siempre la niña de sus ojos. “En esa película aprendimos a hacer cine de verdad, con técnicos profesionales, con todo muy pensado y estudiado”, comentaba el cineasta años después del rodaje, que definió como el mejor de su vida.  “Éramos tan ignorantes que todo salía a pedir de boca. Todos los días cumplíamos el minucioso plan de rodaje que teníamos y no gastamos ni un metro más de película del previsto. Fue algo increíble que nunca me ha vuelto a pasar jamás”, aseguraba. 
Y eso que también le proporcionó algún sinsabor. La película, comprada y emitida por TVE y que hoy está considerada de culto dentro del cine aragonés, fue galardonada con el Premio del Público en el Festival de Cine de Huesca de 1986, que sin embargo declaró desierto el Premio a la Mejor Película Aragonesa, que era el que estaba dotado económicamente. Iranzo no olvidó esa maniobra del festival para aligerar presupuesto “porque su objetivo era ayudar a los que estábamos empezando a hacer cine”, narraba un Iranzo que ese año perdió su fe en los festivales de cine. 
Aunque el profesor y crítico de cine Gonzalo Montón valora muy positivamente toda la trayectoria documentalista de Iranzo, si tuviera que elegir se quedaría con ese Mayumea. “Recuerdo que cuando lo vi en televisión me quedé absolutamente impresionado. Ni siquiera conocía entonces a Iranzo, pero me pareció tan profesional y tan digno, con un tratamiento del realismo social de la posguerra tan exquisito, que quedé impresionado. Es una película que he utilizado muchas veces en las clases con mis alumnos”.(…)
Según López Juderías, fue un avanzado a su tiempo “que apostó por las productoras potentes en Zaragoza, que estuvo en el núcleo de la primera televisión local de Teruel y que firmó cortos modernísimos en los 80. Un tío que simplemente a través de la conversación te enseñaba muchas cosas sobre el cine y sobre la vida”. (…)
La mayor parte de los trabajos profesionales de José Miguel Iranzo en los primeros años del siglo XXI tuvieron que ver con la publicidad y el cine promocional y corporativo. Rodó más de quinientos anuncios donde adquirió una enorme maestría en la narrativa formal audiovisual, que después pondría de manifiesto en algunas de sus producciones documentales más celebradas. 
Al margen del género elegido, Iranzo fue maestro en acrisolar la vida a través del objetivo para convertirla en poesía. Antonio Castellote cuenta que Iranzo solía rodar los estrenos de teatro que la Compañía Teatro de la Estación de Zaragoza ponía en marcha. “Eso le dio las llaves del sentido teatral de la realidad, que dominaba a la perfección. Porque Iranzo tenía claro que el arte tenía que decir la verdad, pero sabía muy bien que el arte está lejos de esa propia realidad”. 
 
 
 
 
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