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Pingüinos en Paris, de Jordi Siracusa

Para no repetir la Historia

Cuando divagamos sobre el pasado más reciente de nuestro país o del resto de Europa, y, concretamente, alrededor de causas que han vivido nuestros abuelos y o nuestros propios padres, siempre solemos incidir con mayor rigor nuestra atención en los años en los que hubo conflictos bélicos, como la Guerra Civil Española o la Segunda Guerra Mundial. Principalmente porque todos estos acontecimientos trágicos se repiten demasiado a menudo en el trascurso de la Historia, cada vez que un autor se plantea escribir algo sobre el pasado, aunque sea de los más recientes como los sucedidos en el siglo pasado, se ve abocado a basar algunas de sus obras en algunos de estos hechos trágicos o a incluirlos de alguna manera en sus relatos, cuentos o novelas, aunque solo sea de manera trivial. Así que resulta difícil encontrar novelas, donde dentro de su trama, no haya algún momento trágico, o de situación violenta sobre ellos. Por otra parte son también muchos los testimonios, terribles, de estos hechos que hemos escuchado de la propia voz de los protagonistas que tuvieron la mala suerte de verse en medio de las batallas, o dentro de los campos de concentración durante esas guerras del siglo pasado, por lo que pudieron ser testigos directos de las escenas horribles que siempre provoca una guerra y que nunca borraron -les fue imposible borrar- de su memoria. No solo en los libros de Historia que  se encuentran en las bibliotecas de todo el mundo, nos podemos informar y o documentar también sobre estos acontecimientos, sino que, además, últimamente aparecen bien detallados en documentales de cine o de la televisión, para que nos podamos hacer una idea, más o menos razonable de cómo pudo haber sido el trascurso de esas tragedias que, de cuando en cuando, y de manera muy lamentable asolan un territorio concreto del planeta, dejando en el paisaje y en la memoria de los que los vivieron, la imagen de miles de heridos y muertos tirados como basura en medio de las ciudades desoladas.  

En la novela “Pingüinos en París”, de Jordi Siracusa, yo he podido adentrarme de nuevo en los años en los que mi padre deambulaba por las Alpujarras Granadinas durante la Guerra Civil Española con su fusil al hombro y su traje de miliciano, siempre acompañado de aquellos soldados rusos pertenecientes a las Brigadas Internacionales que lucharon en favor de la Segunda República, y que él, me decía con su voz de trueno, se atrevía a bañarse en pleno invierno, rompiendo el hielo de algunas de las balsas que hay por la sierra granadina, como si esa fuese la única tragedia que nos pudiese contar. Él calló la verdadera guerra, no nos la quiso narrar, pues seguramente el dolor y el ansia que le provocaron, se lo llevó a la tumba. Mi padre, por compararlo con unos de los personajes de esta historia, era en cierta medida como Martín, el torero de La Cartuja (Zaragoza), pero deambulando en aquellos años por otro territorio, hacia el sur, de esta Península Ibérica, aunque no fuera de la influencia que tuvo para él ser partícipe también de hechos tan lamentables y violentos que inevitablemente forjaron su manera de ser, o su personalidad. 

El relato o conjunto de relatos que nos cuenta el autor, muy bien documentados y sobre todo muy bien narrados, empieza en la época actual (veinticinco de agosto del año dos mil catorce) con una llamada telefónica entre dos de los protagonistas mientras en la plaza del Ayuntamiento  de París se está celebrando el aniversario de la toma de la ciudad por parte de las Fuerzas Aliadas, casi al final de la Segunda Guerra Mundial, en el que se le hace un homenaje a republicanos españoles que participaron en la Segunda División Blindada,  del general Leclerc, la compañía conocida como La Nueve. A continuación, y desde el punto de vista del narrador omnisciente el autor nos va narrando, en tramos de textos que en principio parecen historias independientes, las descripciones tanto de los diferentes personajes que van apareciendo y participando activamente en la trama de las dos guerras (la civil española y la mundial), como también de las ciudades o lugares donde estas se van a ir desarrollando. Tras estas descripciones no demasiado largas, pero que nos van dejando el deseo de volver a encontrarnos con el personaje o personajes, o también con la ciudad o ciudades donde trascurren los hechos,  la historia sigue en otra serie de tramos de textos un tanto más largos (aunque no siempre) donde las acciones violentas y las tragedias en los dos conflictos se van haciendo cada vez más notorias, evidentes y complicando de una manera tan gráfica en la redacción, que el lector tiene la sensación de estar dentro del guión de una película, pues es como si se tratase de escenas cinematográficas que tu cerebro llega a dilucidar incluso en blanco y negro, como en las viejas películas de la época. Si sigues leyendo, pues sin duda la historia engancha, el texto se va haciendo también cada vez como más denso, y tan preciso en algunos detalles, que de alguna manera es como si en realidad estuvieses también llenando tu cabeza de mucha información sobre la Historia Contemporánea, pues hay personajes muy reales como el General Patton o el Rey Alfonso XIII, que directamente se encuentran involucrados dentro de la ficción con otros personajes que nunca existieron. El relato, o los relatos, pues en realidad son muchos sucesos, conjugados en una sola historia que los vincula, están narrados de una manera cronológica en su mayor parte, por lo que primero, como era de esperar, la lectura te va adentrando en cada una de las fases por las que trascurrió la Guerra Civil Española, analizando sus posibles causas en la parte documentada; y así, poco a poco, como un ratón de biblioteca, te parece percibir  la huida de los refugiados republicanos hacia Francia, mientras vas entrando, como si de un solo conflicto se tratase, en los inicios de lo que ha sido denominado en los libros de Historia como la Segunda Guerra mundial. Son muchos los pasajes, sobre todo en la primera parte de la novela, en los que, con personajes como el fotógrafo Robert Capa, o su compañera Gerda, voy descubriendo, en imágenes que asumo también como fotográficas en blanco y negro, y que mi cerebro dibuja con bastante precisión, cómo fueron los hechos de todo tipo, crueles y también felices aunque cueste creerlo,  que acontecieron en este larga etapa de conflictos bélicos en Europa; y, aunque no necesariamente tenga que sentirme como un ser que se traslada en el tiempo de una manera real, haciéndome partícipe  de ellos, sí que me hago una idea casi real de todo lo que fue ese dolor, esa violencia, esa incertidumbre… y de todo ese sufrimiento que padecieron muchos de esos ciudadanos españoles, y de otros países de Europa, en las diferentes ciudades de este país y o de otros países de Europa que fueron participes de la guerra, de la única gran guerra mundial, que empezó en España un dieciocho de julio de mil novecientos treinta y seis.  

La novela, como muchas de las que he leído sobre este tipo de conflictos, me ha dejado esa sensación amarga sobre que, por mucho que conozcamos los humanos nuestro pasado o nuestra Historia, siempre volvemos a caer en los mismos errores que nos llevan a repetirla tal y como si estuviésemos programados genéticamente para hacerlo de esa manera. Llegar a esta conclusión, aunque no se sea algo científicamente probado, no es nada baladí, pues son tantas las coincidencias en las que concuerdan las causas y los hechos de otros conflictos bélicos en España, como por ejemplo, los acaecidos en la Guerra de Sucesión o en las Carlistas, en las que también se enfrentaron españoles contra españoles, que, sin lugar a dudas, deja al menos la idea de que como seres sociales no somos los que más podemos dar ejemplo con respecto a otros animales, mucho más pacíficos en su comportamiento, mientras deambularon y aún deambulan por los mismos que territorios que nosotros. Quizá el problema esté en que realmente los humanos no sabemos funcionar muy bien como sociedades y o pueblos que buscan o basan sus vidas en intereses muy parecidos, sino más bien como seres independientes que de cuando en cuando necesitamos unirnos para sacar ventaja de una situación que nos resulta, o nos puede resultar provechosa para la mejora de nuestra economía, sobre todo, y también tal vez como una forma de acentuar el Poder y el dominio que podemos ejercer sobre otros seres humanos, y por ende de otros animales. 

©Mariano Martínez Luque

Pingüinos en Paris

Jordi Siracusa

ISBN:9788416565108
Editorial: Comuniter Editorial
Fecha de la edición:2017
Lugar de la edición: Zaragoza. España
Colección: Narrativa
Encuadernación: Rústica
Medidas: 23 cm
Nº Pág.: 646

Idiomas: Español

Jordi Siracusa estuvo en Andorra participando en la Feria del libro 2017. Así lo recoge en su blog https://pinguinosenparis.com/2017/05/17/pinguinos-en-andorra-teruel/

 

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