por Josefina Coto y Pilar Villarroya
La tejeduría es una de las actividades artesanas más antiguas que
se conocen. Hubo en Andorra, aunque ahora pocos se acuerdan,
varios telares que pertenecían a familias diferentes; sin
embargo, nos vamos a referir al último telar que quedó, al
que hacía funcionar Rosario Galve Lisbona.
Ésta nos cuenta que fue de su bisabuelo, Macario Galve “El
tío Ventura”, de quien heredaron este oficio. Macario tuvo
dos hijos, Ramón y Cesáreo, de los cuales el segundo no
siguió con este trabajo sino que fue su hijo Ramón quien
continuó esta labor, y más recientemente fue Rosario, la
nieta de Ramón, con la que desapareció este oficio que, como
ella nos cuenta, aprendí a tejer ayudando y mirando,
como ocurría con la mayoría de los oficios antiguos.
Como era habitual, el arte de tejer era un complemento en la
economía familiar y así Rosario recuerda las demás
dedicaciones que compartía su abuelo: mi abuelo
vendimiaba cuando era la época y en verano hacía la campaña
de la siega. Era el resto del año cuando tejía, ayudado en
un principio por mi padre y más adelante fui yo misma la que
lo sustituí en esta labor y continué tejiendo, aun de
casada, durante unos años más con él.
Rosario trabajaba sobre la propia demanda, nunca tenía
material hecho, sino que todo era por encargo. Tejían sobre
todo mantas de trapos o mantarras, como aquí se las
llama, que se utilizaban para muchas cosas: coger olivas,
proteger los somieres de las camas y otros usos de diferente
índole en los mases. Además recuerda que en los telares
de mi casa, en tiempos más antiguos, se fabricaban con
cáñamo otras cosas como: talegas, sábanas, mantones, etc.
cuya forma de pago, por aquel tiempo, era el trueque. Yo
cobraba 100 ptas por una manta.
Los materiales necesarios para hacer las mantas eran, por un
lado, ovillos hechos con tiras de la ropa vieja cortadas a
un tamaño más o menos de un dedo y cosidas unas a otras, que
les llevaban ya hechas al hacer el encargo. Aunque, según lo
que se tejía, el material era diferente y variado y más o
menos fino: lino, cáñamo, algodón, etc. Y por otro lado,
como base del telar, un ovillo de algodón con el que se
hacía la urdimbre (1).
Ésta solía venir en madeja y, a través de una devanadora
-aparato donde se ordenan los hilos de la urdimbre-, se
sacaba en forma de trenza.
El montaje y preparación del telar era lo más laborioso y
requería la ayuda de dos o más personas para el embobinado
del material de urdimbre. Rosario comenta que cada vez
que se anudaba el telar se tejían siete mantas.
En cuanto al proceso de tejer, dependía del tipo de telar,
de urdimbre vertical u horizontal; Rosario utilizaba un
telar horizontal y las partes de las que constaba eran las
que se aprecian en el dibujo. Consistía básicamente en tres
acciones principales: pisar un pedal para abrir la calada,
pasar la trama por la misma con una lanzadera que
tenía una canilla donde estaban los hilos que tejían la
urdimbre y, finalmente, ajustar la pasada con el batán y el
peine que apretaba el tejido (2).
(1) Conjunto de hilos que se colocan en el telar, paralelos
unos a otros, para pasar por ellos la trama y formar el
tejido.
(2) Para saber más, Manual de tejeduría, Ninette
Frederiksen, Ed. del Serbal, 1982, Barcelona.