por Pilar Villarroya, Josefina Coto y Mª José Tejedor
El oficio de guarnicionero muchas
veces se confunde con el de albardero pero, como muy bien
dice nuestro guar-nicionero Eladio Aznar, “la diferen-cia
entre albardero y guarnicionero es que este último es un
oficio más ele-vado y más fino, porque hasta se hacía
artesanía en los collarones, mientras que el albardero no
hacía nada de eso”. Este oficio abarca desde el trabajo de
la piel hasta el almohadi-llado de alguno de los aparejos
pasan-do por el enrique-cimiento de las piezas con aplicaciones
de tachuelas, adornos de cuero recortado, bordados, flequillos...
Además de estas piezas, nuestro guarnicionero también hacía
albarcas de cuero con suela de goma.
La guarnicionería ha sido sinónimo de arreos,
guarniciones o jaeces de los animales de caballería;
dependiendo del trabajo que la caballería realice, la
guarnición será distinta. De tal forma que hay guarniciones
en función de su uso: de carga y para montar; y dependiendo
del día: diario o festivo. Por lo tanto, los aparejos de la
caballería como son los cabezales, colleras, pretales,
zanjaletas, etc. eran adornados con bordados, cascabeles,
campanillas, colgadores, tachuelas haciendo dibujos,
flequillos, etc. de acuerdo con su función.
Eladio nos cuenta: “el aparejo que más se adornaba era el
cabezón, solía llevar chinchetas y clavos formando iniciales
y dibujos, además había unas pesillas en donde se ponían
collares y esquilos (1);
de todo esto hice poco, porque los labradores no lo querían,
pero sí los arrieros que hasta los limpiaban.”
El padre de Eladio era albardero, pero él aprendió con
Martín Bayona: “No me pagaban nada, aunque también era
normal porque el trabajo no daba para dos sueldos”. Cuando
éste murió lo dejó, aunque al poco tiempo Eladio se fue a
hacer el servicio militar a Sabiñánigo (hablamos de los años
1955/56) y durante esta época se reencontró con su oficio:
“en la mili practiqué de artesano, y cuando se marchó el
maestro que había entonces me pusieron a mí. Cuando volví ya
vi que no había posibilidad, la agricultura, que era donde
más se usaban mis aparejos, iba para abajo y además aparecía
la maquina-ria. Así que me equivoqué al elegir el oficio,
tenía que haber aprendido el de mecánico”.
La materia prima empleada para la confección de toda clase
de arreos ha sido la piel, que podía ser de cualquier
animal, pero en el caso de Andorra se utilizaba de toro y
vaca. Aunque, como nos comenta él mismo: “cuando un animal
se moría, su piel también se aprovechaba, y ésta había que
curtirla, mientras que las otras ya venían tratadas”.
Según nos explica, “los materiales que utilizaba casi todos
venían de la parte de Cataluña, Lérida, Igualada y Tárrega,
y la piel venía en grandes rollos y se compraba por piezas”.
El proceso de fabricación era el siguiente:
Curtido de la piel: para ello se introducía en
grandes tinajas con agua de cal para quitarles el pelo. A
continuación, y con ayuda de unas cuchillas, se raspaba la
superficie de la piel hasta hacer desaparecer los pequeños
restos de carne que aún pudieran quedar; una vez limpia, se
introducía en tinajas grandes de agua mezclada con cortezas
de encina y quejigo (2).
Y por último, se ponían a secar al sol.
Patronaje y corte: se procedía a cortar la misma en
función de la pieza que se deseara. Para ello se podían
utilizar modelos de patrones para proyectarlos sobre la piel
y, con ayuda de unas tijeras, se recortaba siguiendo la
forma del patrón elegido.
Por último, se realizaba el cosido de las piezas: se usaban
agujas de gran tamaño e hilo de cáñamo (3).
Según nos comenta Eladio “cuantos más agujeros se hacían
mejor se cosía”,
Herramientas para este proceso: los instrumentos del
guarnicionero eran numerosos, cabe destacar la lezna, las
agujas, las cuchillas, tenazas, martillos y rajadores, así
como un instrumento característico del oficio: la machota,
tabla o gato del guarnicionero, que consistía en tres tablas
de madera, rectangulares y estrechas, unidas en formas de Y,
que el guarnicionero utiliza para sujetar el cuero mientras
realiza el cosido de la pieza. Nuestro guarnicionero
recuerda las que él utilizaba: “Las herramientas que yo utilizaba eran
las dos agujas sin punta, dedal, punzón, una galezna (4),
cuchillos de media luna de varios tamaños y muchas más.”
Además de las piezas a las que hemos hecho referencia
anteriormente, nuestro albardero también hacía albarcas de
cuero con suela de goma.
Actualmente estamos en los últimos vestigios de este oficio
en la forma tradicional a la que nos hemos referido, que
tuvo su mayor esplendor desde las últimas décadas del siglo
XIX hasta la primera mitad del siglo XX,; a partir de aquí
el avance tecnológico, reflejado en la introducción de
maquinaria en las labores del campo, ha hecho que de manera
paulatina los animales hayan dejado de ser útiles para las
labores del campo, de tal forma que paralelamente la
guarnicionería ha ido perdiendo la funcionalidad que tenía.
Sin embargo, a pesar de esto, siguen existiendo talleres
especializados en correajes, sillas y demás aparejos de
animales.
(1) Esquilos: campanillas.
(2) (De cajigo). m.
Árbol de la familia de las Fagáceas, de unos 20 m de
altura, con tronco grueso y copa recogida, hojas grandes,
duras, algo coriáceas, dentadas, lampiñas y verdes por la
haz, garzas y algo vellosas por el envés; flores muy
pequeñas, y por fruto bellotas parecidas a las del roble.
(3) (Del latín cannabum
, por cannabis).
Filamento textil de esta planta.
(4) O lezna (De lesna) f. Instrumento que se
compone de un hierro con punta muy fina y un mango de
madera, que usan los zapateros y otros artesanos para
agujerear, coser y pespuntear.