El esportonero

por Josefina Coto y Pilar Villarroya

Centro de Estudios Locales de Andorra Teruel

El oficio de esportonero recibe el nombre del apero agrícola que con más frecuencia elaboraba este artesano, pero su labor se caracteriza por utilizar el esparto como materia prima para otras aplicaciones relacionadas con las labores del campo.
El esparto, en Aragón, es la gramínea “ligeum spartum”, mata de poca altura que abunda sobre suelos casi siempre yesosos, en la zona central más árida del valle del Ebro, con un desarrollo especial en las vaguadas, pero el verdadero esparto, “stipa tenacísimo”, sólo está representado en un pequeño rodal en Jaulín. La recolección del esparto es muy delicada.
En Andorra, Francisco Alquézar Ginés, nacido el 6 de julio de 1928, casado con Julia Rudilla Alquézar, y con cinco hijos, se inicia desde niño junto con su hermano en el oficio, como él nos explica “en casa de mi madre se han hecho esportones siempre, y lo llevábamos chupao como los dientes desde pequeñicos”. El abuelo de Francisco al no tener hijos varones enseñó a su madre y ésta enseñó a su marido e hijos, lo que en los años de la posguerra les sirvió para tener un jornal, a diferencia de muchos otros.

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Básicamente, su trabajo consistía en la elaboración de diferentes aperos que le encargaban y también en el arreglo o reforzamiento de éstos. Para poder realizar su trabajo era imprescindible el esparto, el cual como ya hemos comentado anteriormente no crece en Andorra. Tiene una serie de cualidades como son su ductilidad, flexibilidad y resistencia, así como la sencillez de las técnicas y de las herramientas que se utilizaban en su elaboración.
El oficio de esportonero dependía de otros artesanos especializados en la preparación, tratamiento o proceso artesanal del esparto necesario para poder ser utilizado.
En este caso era traído desde La Cuba (pueblo de la provincia de Teruel), según nos cuenta Francisco: “En La Cuba había 30 ó 40 habitantes y todos trabajaban para uno que les traía el esparto en rama, pero sobre todo las mujeres. El esparto procedía de Albacete”.
El proceso artesanal del esparto movilizaba a todo el núcleo familiar en La Cuba. Los pasos que se siguen son los siguientes: en un primer momento, hay que dejar el esparto en remojo en una balsa con agua la noche anterior, después con el esparto ya maleable se realizaba una trenza ancha llamada “Yata” (1). Para ello se usaban quince camales (2) de crines de esparto trenzadas entre sí (7 de cada lado y uno en medio). El trenzado “era un trabajo muy duro realizado por las mujeres” nos cuenta Francisco. La yata podía variar en peso en función de su utilización y para ello se usaban camales más gruesas en el trenzado, pero la longitud siempre era la misma, 40 varas (3) el rollo. Para coser la yata y darles forma a los aperos se utilizaba el hilo hecho con trenzado de tres camales de esparto. Con 24 hilos se formaba una madeja. También se hacía la jareta, que era una trenza gruesa de tres camales que se utilizaba para terminar los aperos.

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Francisco compraba los rollos de yata, como bien explica: “la plaita era la planta ya preparada”. Con ella podía ponerse a tejer los diferentes aperos. Para la elaboración de éstos, los materiales que se necesitaban eran la plaita, jareta e hilo de esparto, y los instrumentos, agujas de 30 centímetros o más. Además utilizaba un zamarro preparado a molde por el guarnicionero, aunque duraba sólo diez o doce meses por el roce con la cabeza del esparto.
Para hacer un esportón o serón hay que coser las plaitas entre sí y para eso se utilizaba el hilo de esparto, el cual se enhebra en la aguja, ésta se pasa por cada plaita cogiendo dos o tres camales de cada una hasta unirlas completamente. Después, teniendo unidas las plaitas se les pone el refuerzo o jareta de tal forma que le da más forma y resistencia.
Por último, se añaden unas asas para poder manejarlo mejor. Ya sólo queda ponérselo al macho sujetándolo con una soga.
Dependiendo del tamaño del apero se empleaba más o menos cantidad de plaita, en el caso del esportón “había dos tipos, de 2,50 o de 2,10” nos aclara y añade “para los burros eran más pequeños, nos los pedían de 1,50 cuando arrastraban las piedras para la construcción de la carretera”.

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El precio del esportón en los años 44 y 45 era de 11 pesetas para las caballerías y de 10 pesetas para los burros.
También hacía otros utensilios para el campo: “hacíamos de todo, esportones, cenachos, capazos, capacetas, esteras, cuévanos, gavias, sogas (para la garrucha y para acarrear), persianas, cajones para los carros, comederos para los machos, fencejos, etc”.
Nos explica que los fencejos se hacían con el esparto de peor calidad. Por otra parte las persianas de esparto que hacían protegían las casas de los calores del verano como las de la “Casa de los Generales” que las hizo Francisco. Las esteras se utilizaban sobre todo en los patios de las casas y llegaban hasta las escaleras.
Francisco trabajaba durante todo el año para vender sus productos cuando la gente los necesitaba, pero también salía a los pueblos de alrededor: Oliete, Alacón, Alcorisa, Crivillén, Alloza, etc. “Lo que no vendíamos hoy, lo vendíamos mañana; si no era en Andorra, cogíamos el burro y lo vendíamos fuera”, “en Alloza, teníamos un cuarto para vender cerca del Gato Negro donde la gente nos traía diferentes aperos para ponerles algún remiendo y trabajábamos más que en Andorra porque había más huerta” pero además venía la gente y te decía “quiero una capaceta de tal manera, y la hacíamos en el momento”.
Francisco fue el último que se dedicó a este oficio que ha desaparecido casi por completo. Como consecuencia de la aparición de los tractores y maquinaria agrícola el empleo de los diferentes aperos decayó, incluso a la gente le parecía poco fino su uso, “aunque actualmente nos los quitarían de las manos”, dice Francisco.
Una vez más la evolución tecnológica ha sepultado una de las labores y ocupaciones de nuestro pasado cercano, que aportó su granito de arena en hacer más llevaderas las duras labores del campo.

(1) En Andorra se llamaba “Plaita”.

(2) Haz de hilos de esparto.

(3) Menos de un metro.