Oliete

por Agustín Quílez Clavero

Cuando éramos críos, los de los pueblos vecinos nos decían a los olietanos: "Oliete, míralo y vete". Los provocadores tenían poco futuro como poetas porque la rima no podía ser más falsa y desafortunada. Pronto comprobaban que habían puesto en bandeja una contundente contestación. Ésta se basaba más en los defectos del pueblo rival que en las virtudes de Oliete que son muchas. Siempre perdían la batalla.
Nombro esta anécdota para dejar caer que bien puede mirarse esta población durante un buen rato. Por entonces, en nuestra niñez, nosotros no pensábamos en el patrimonio histórico. No se nos ocurría recitar una lista de rincones con encanto, más que nada por ignorancia. Ahora (ya de mayores) una vez convencidos de que el turismo rural es posible por aquí, nos fijamos algo más en esos detalles que tiene nuestro pueblo (de ello hablaré en este texto). Hemos aprendido a valorarlos en su justa medida y podríamos contestar a la provocación con más argumentos. Pero, sobre todo, los que somos de Oliete nos sentimos orgullosos de él aunque no pisara por aquí ni un turista. Por una serie de motivos nos gusta vivir aquí. Ver a la gente pasear al atardecer por el puente, observar sus tertulias en eras y callejuelas o recordar una niñez completamente libre nos da pistas de lo bien que se vive en Oliete.
Sin embargo, no pretendo con estas líneas atraer turistas, ni vender ninguna moto. El objetivo es dar una imagen actual de un pequeño pueblo de Teruel a mitad de camino entre la última y nueva minería y la agricultura de las subvenciones PAC. Un pequeño pueblo envejecido demográficamente y venido a menos pero con el orgullo de un pasado intenso. Un pueblo que, como todos los de Teruel, necesita un impulso. Espero que esto represente un grano de arena.

Turismo rural
Con el declive poblacional hubo quien pensó que la salvación de Oliete sería el turismo. Los jóvenes se marchaban (y se marchan) sin solución de continuidad. En su mayor parte estudian fuera, buscan trabajo fuera y desean formar una familia fuera a pesar del precio de la vivienda. En los últimos años se recibe población inmigrante. Es algo ya natural para nosotros ver a marroquíes o rumanos pasear por nuestras calles. Y este detalle también tiene su valor en cuanto a revitalizar el municipio. Pero ellos no son turistas, simplemente han venido a trabajar aquí. ¿En tareas que nadie quiere? Casi seguro.

Ahora todos estamos convencidos de que muy difícilmente nuestro pueblo atraerá a un turismo de masas. Por ese motivo la existencia del Parque Cultural del Río Martín le ha venido al pueblo como anillo al dedo. Por fin, un organismo público de base municipal trabaja de un modo muy acertado sobre la conservación de los atractivos de nuestros pequeños pueblos. Indirectamente, al dar a conocer estos atractivos, se potencia el turismo rural. Y ello se hace sin una falsa euforia en cuanto a un despegue económico espectacular de la zona. Se hace sabiendo que se trata de una valiosa ayuda a las actividades que tradicionalmente se han desarrollado por aquí.
Hace unos años nadie se hubiera atrevido a montar un negocio de hostelería en nuestro pueblo. Era triste tener que orientar a los visitantes a otras poblaciones para que pudieran pasar unos días o pudieran simplemente comer. Actualmente se dispone de ese mínimo para que un visitante pueda sentirse correctamente atendido.

Un pueblo y su río
Una jota muy recurrida por este municipio nos caracteriza como un pueblo rodeado por agua. ¡Menos mal! "Dos cosas tiene mi pueblo/ que no las tiene Madrid / un pantano en el Congosto/ y otro en el río Martín".
A pesar del seco clima predominante, el pueblo está rodeado por agua. El río Martín (al lado de la población) y el Escuriza pasan por el término municipal. Por otra parte solemos decir que Oliete tiene dos pantanos. Esto para una población de tradición agraria es un orgullo. Con respecto a la jota cabe apuntar alguna contradicción. El pantano del Congosto (prácticamente fuera de uso), los de Alloza lo consideran como suyo. Y el de Cueva Foradada, se ubica en su mayor parte en territorio de Alcaine, población en el que se produjeron unas nada agradables expropiaciones a principios de siglo para inundar y arruinar por completo la vida campesina de sus moradores. Nuestros, de la

Confederación o de los regantes; los olietanos podemos disfrutar de ambos sin ningún problema. Los vecinos los nombran con orgullo como si se tratara de un importante patrimonio. Uno de los temas favoritos de conversación de los olietanos, es si el pantano de Cueva Foradada está lleno o no. Eso, a pesar de que prácticamente nadie vive de la huerta.
El agua es vida. Tener agua es un atractivo para que un pueblo decida asentarse en un lugar. Seguramente los antiguos pobladores iberos se decantaron por este enclave por su suficiente agua. En la ribera del río Martín se ha formado una extensa huerta y una chopera. La chopera procede de unas expropiaciones tras la guerra civil. Triste capítulo en la historia de Oliete. Pertenece actualmente a la DGA. La huerta, compuesta por multitud de pequeñas parcelas, se aprovecha para pastos y hortalizas. En algún caso podemos ver frutales y choperas particulares.

Ruta ibérica
Un apacible paseo por esta ruta nos transportará 2.000 años atrás. La mayoría, con básicos conocimientos de historia y arqueología, simplemente paseamos por el puro placer de pasear o curiosear y, por qué no, de aprender. Sin embargo, los entendidos, con una caminata de únicamente dos horas, pueden visitar y estudiar dos estupendos asentamientos iberos: El Palomar y El Cabezo de San Pedro. Ambos asentamientos se recomienda verlos –con un guía– in situ. Nos encontramos ante unos vestigios muy bien conservados y estudiados. Por ello es muy

recomendable acudir al Centro de Interpretación de la Cultura Ibérica, situado en la Calle Carretera, parte de arriba del colegio público. El Parque Cultural del Río Martín se ha encargado de organizar una red de centros por temas: arte rupestre, flora y fauna, cultura popular, paleontología, cultura ibérica, etc. Éstos están muy cercanos a los acontecimientos de los que hablan, lo cual es muy loable. Cada pueblo cuenta con un centro. En Oliete se sitúa el dedicado a los iberos. Nos encontraremos en él información de Oliete, hace 2000 años, tal y como podemos leer en un folleto explicativo. Este museo ha sabido plasmar los conocimientos y explicaciones de tal manera que, sin perder el rigor informativo, la visita resulta amena. Esto lo hace accesible a todos los públicos, que en pocos minutos tendrán acceso a multitud de datos sobre la vida ibérica.

Casco urbano
Un folleto editado por el Parque Cultural del Río Martín nos recomienda un paseo por nuestra población. Gracias a unas señales de madera podemos apreciar aquellos elementos de valor histórico. En los últimos años se ha realizado un importante esfuerzo por rehabilitar diferentes inmuebles históricos. A muchos nos ha servido para aprender a darle sentido a rincones que veíamos a diario pero de los que no imaginábamos el valor histórico que encerraban. El pequeño catálogo de nuestro patrimonio se compone de los arcos de entrada

a la población (que podrían poner los límites de un antiguo-hipotético recinto amurallado), las diferentes ermitas, los restos de murallas, las casas medievales, con sus escudos y reloj de sol, la iglesia parroquial, el propio urbanismo, y otras manifestaciones, todas ellas de gran interés. Algunos pensarán que la mejor manifestación es la tranquilidad de la que disfrutamos por aquí (libre de tráfico y de ruidos). Seguramente no opinará del mismo modo la gente joven a quien aburre el exceso de tranquilidad. Muchos son los que aprecian el sosiego de Oliete y muchos son los que buscan relajarse y respirar aire puro en su estancia por el pueblo.

Sima de San Pedro
Una estupenda visita para disfrutar de la naturaleza es la Sima de San Pedro. Conviene no perdérsela por varios motivos.
Se trata de un fenómeno natural único que se encuentra a 4 km. del casco urbano de Oliete. Se ubica en la ribera del Martín, a unos 5 minutos del río.
Es un agujero de 100 metros de profundidad y 100 metros de diámetro que impresiona al extraño. Su origen parece ser kárstico según los expertos (disolución de calizas). Unas galerías subterráneas se derrumbaron y dejaron al descubierto la enorme cavidad. En la base hay un lago con aguas procedentes de los acuíferos de la zona, que siempre se mantiene al mismo nivel (nivel freático).

Aparte del fenómeno geológico en sí y de poder estudiarlo desde ese punto de vista, la sima de San Pedro representa un microclima irrepetible y un cobijo para diferentes especies de pájaros verdaderamente interesante. En particular el espectáculo de ver cómo al atardecer vuelven a sus nidos las diferentes especies de manera escalonada, según tamaños, es digno de verse.
Aprovechando la verticalidad de las paredes se han celebrado diferentes campeonatos de espeleología. Este deporte, especializado en el estudio de las cuevas, encuentra aquí un sitio idóneo para escaladas y descensos.
En el entorno de la Sima de San Pedro, se encuentra un poblado ibérico y un cañón, expoliado una y otra vez, con fósiles. Se trata de un interesante rincón para que paleontólogos y otros aficionados disfruten.

Manifestaciones culturales
Me resulta muy complicado hablar de mi pueblo sin acordarme del Parque Cultural del Río Martín. Representa un hito en la historia reciente de los diez pueblos integrados en el mismo. Aparte de los centros nombrados, para poder encontrar información, de Oliete y de los demás pueblos, podemos estudiar toda la bibliografía que esta entidad atesora, sus libros, catálogos, revista Cauces, etc.
Los libros que hablan de Oliete son tres: Historia de Oliete, libro descatalogado que escribió el párroco Falcón, en 1929; Oliete: aproximación histórica, a cargo de José Royo Lasarte, en 1990; y Oliete, gentes y costumbres, de Antonio Carod, editado en 1999. Cada uno tiene su propio valor. El primero se puede considerar una reliquia en manos de muy pocos olietanos, es casi imposible acceder a él. El segundo nos habla de la historia de Oliete desde una perspectiva mucho más organizada y rigurosa. El tercero se trata de un ameno relato sobre la reciente historia olietana.
Otra interesante manifestación cultural es la revista Oblites, que desde 1989 ha sido un medio de comunicación clave en nuestro pueblo. Esta asociación, con unos quinientos socios, utliza esta publicación como nexo entre la gente que vive fuera del pueblo y desea seguir conectada a él. En ella encontraremos mucha información escrita y fotográfica sobre los avatares cotidianos de nuestro pueblo. Lleva 30 números por delante y su periodicidad es semestral. Esta publicación la realiza la asociación cultural deportiva Oblites, entidad apoyada por diferentes entes públicos que organiza diferentes actividades culturales y deportivas.
Es preciso acabar este apartado pero no podemos dejar de hablar de la familia Cañada y su legado pictórico. El pasado verano de 2001, lamentábamos la muerte de Alejandro Cañada, inspirado pintor nacido en Oliete (1901), cuya obra (una pequeña parte) se puede contemplar en la sala anexa al Centro de Interpretación del Cultura Ibérica. Fuertemente influenciado por los paisajes olietanos, gran parte de su obra tiene motivos rocosos. Dos de sus hijas, Nati Cañada y María Ángeles Cañada, han seguido su profesión. Se han convertido en dos excelentes pintoras. Sus cuadros también han visitado Oliete, en ambos casos, con formidables exposiciones. Nati ha retratado a multitud de personalidades, entre los que destaca la familia real. El retrato es una de sus especialidades con un estilo etéreo y de agradable visión. María Ángeles se decanta por un estilo expresionista con predominio de colores fuertes y óleos luminosos. Ambas pintoras han plasmado diversos rincones de la localidad en sus obras.
Dos estupendas obras suyas, una de cada una, se pueden ver en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Dos enormes murales, uno a cada lado del altar, que bien merece la pena ir a ver.

Festividades
Los periodos festivos de Oliete son dos. El día de San Bartolomé, 24 de agosto, se celebran unas fiestas. Los días 13, 14, 15 y 16 de septiembre son nuestras fiestas mayores, denominadas de Exaltación de la Cruz. Estos dos periodos tienen un amplio programa de actos, con misa, baile, vaquillas, cucañas, revista, etc.
Otras fiestas de menor relevancia son las correspondientes a las hogueras. Para Santa Bárbara (4 de diciembre), los mineros tienen su particular celebración con una hoguera en honor a la santa. Para San Antón (19 de enero) y para los Mártires (21 de enero) también se encienden otras hogueras en torno a las cuales los vecinos conviven durante unas horas, ya que para esas fechas el día es muy corto.
Por Semana Santa se celebran los habituales oficios religiosos; como lo más propiamente olietano, cabría destacar la Romería a la Ermita de San Pedro, que se celebra el lunes de Pascua. Todos los olietanos ser reúnen en este paraje para una comida en la que los vecinos se organizan por cuadrillas o por familias según les parezca. En un pasado era típico acudir con caballerías. También estaba relacionada esta fiesta con las rogativas para que lloviera.