Estercuel

por Teresa Gamarra

Yo soy serrana, de un pueblo lindante con Estercuel. De las relaciones entre los dos pueblos, he recogido algunas anécdotas propias de la economía de trueque (se cambiaba aceite de Estercuel por trigo de mi pueblo o miel por judías), alguna copla popular que alude a los gaiteros ("El Baltasar toca el bombo/ y su hijo los platillos/ y el abuelo de la Torre/ los demás instrumentillos"), que venían a las corridas de San Miguel y un par de dichos que ponen de manifiesto el arrojo de los estercuelinos ("más vale un estercuelino que cuatro torrinos") aunque, en compensación, conozco un cuentecillo ("De Estercuel de España, ¡los más valientes del mundo!) cuyo argumento voy a omitir porque es folklórico y seguro que lo aplicó un mal intencionado de algún pueblo vecino, que no es precisamente el mío.
Además, conozco Estercuel por el convento de Nuestra Señora del Olivar, por la Encamisada, ahora que se han perdido tantas hogueras de San Antón en tantos pueblos, y por las minas a cielo abierto, que llenan de camiones el camino que recorro diariamente y que me hacen pensar en un pueblo próspero en el que sus habitantes encontrarán trabajo, a pesar de que alguno de ellos dirá que no es oro todo lo que reluce.
Finalmente lo conozco por la revista Tedero que edita una vez al año la "Asociación Cultural Santo Toribio", tan útil a la hora de redactar este trabajo, y por los famosos gaiteros, continuadores de la tradición a la que alude la copla que he copiado más arriba.
La mayor parte de la información, sin embargo, pertenece a un opúsculo titulado El escudo y la bandera de Estercuel realizado por la Cátedra Emblemática "Marqués de Valdeolivos" de la Institución Fernando El Católico y a algunos artículos aparecidos en la citada revista firmados por Joaquín Millán Rubio y otros historiadores locales.

Tengo la impresión de que en Estercuel hay al menos dos miradas en cuanto a su futuro. Una es la de la conservación de las tradiciones y la proyección de éstas hacia el desarrollo turístico y al mantenimiento del pueblo como una Arcadia en la que transcurrió la inolvidable niñez, que tiene en su haber éxitos tan notables como la recuperación de la fiesta de la Encamisada, que a tanta gente atrae, algún campo de trabajo con el que se ha recuperado el Calvario, y un Centro de Interpretación del Fuego en las cuevas del Castillo. La otra es la del desarrollo industrial, que es la que permite fijar a la población en los pueblos, al menos de momento, a pesar de que, en muchas ocasiones, se modifica, hasta hacerlo irreconocible, el medio sobre el que se trabaja.

Un poco de historia vieja
En el término de Estercuel se encuentran los yacimientos de Santana, pequeño núcleo paleolítico, y de La Cuesta de las Damas, con restos de la primera edad del hierro, y especialmente Moncoscol, que se halla sobre un montículo elevado en la margen izquierda del río Estercuel, en el que se ha encontrado material paleolítico y neolítico, pero sobre todo típicamente ibérico, en especial la cerámica decorada con motivos geométricos. De fecha más reciente son los vestigios hallados en La Codoñera, de época tardorromana ó visigótica.

En cuanto al casco urbano de la villa, los escasos restos pertenecientes al antiguo castillo, del que luego trataremos más extensamente, han llevado a suponerle un origen o, al menos, un componente musulmán, del que no podemos dudar por el nombre del pueblo, que en su traducción del árabe significa "Valle hermoso", según se señala en uno de los números de la revista de la Asociación "Santo Toribio".
Sin embargo, la primera mención documental data de noviembre de 1157, en que aparece citado en la carta puebla de Alcañiz como uno de los límites de su término. Desde el citado año hasta principios del siglo XIII la localidad fue de realengo, hasta que Pedro II concedió esta villa y la de Gargallo a Miguel Sancho y a sus descendientes en 1209. Se ignoran las vicisitudes del señorío en los años siguientes, hasta que en 1239 consta como señor de Estercuel, Gargallo y Cañizar don Gil de Atrosillo.
En los años sucesivos y durante el siglo XIV el señorío de Estercuel siguió en poder de los herederos de don Gil. Años después, el 18 de septiembre de 1320 y el 6 de julio de 1321, se documenta a su hijo, Martín Gil de Atrosillo, como señor de Cañizar, Gargallo y Estercuel, la cual seguía poseyendo en 1344, cuando él y su hijo Lope Ferrench de Atrosillo tuvieron «discordia y bando» (en expresión de Zurita) por la titularidad de Estercuel con Juan Jiménez de Urrea.
Fue ya en el siglo XV cuando el señorío pasó a manos de la influyente familia de los Bardají. Berenguer de Bardají y Pinós, cabeza de la tercera rama de dicho linaje, aparece como señor de la baronía de Estercuel y en 1448 obtuvo privilegio para poder tener en sus pueblos de Estercuel, Cañizar, Gargallo y Pertusa, con los lugares de su baronía, treinta casas de judíos y recibir los tributos correspondientes. A partir de este momento, Estercuel siguió siendo la cabeza de la baronía de su nombre, bajo la égida de los Bardají, marqueses de Cañizar, hasta la supresión de los señoríos a principios del siglo XIX.

Urbanismo
El principal edificio civil de la villa de Estercuel guarda precisamente relación con la antigua dominicatura, pues se trata de la Casa-Palacio de la baronía: «En la parte superior de esta v[illa] hacia el O. hay un magnífico palacio (...) de construcción muy sólida, que aunque al presente por las diversas formas que se le ha dado no se puede conocer exactamente la época de su construcción, sin embargo, por algunos relieves que le han sido encontrados, se infiere que fue en tiempos de los árabes; este edificio es uno ó quizá el único objeto notable de esta población», escribe Pascual Madoz en su diccionario.
Sin que actualmente haya datos que permitan corroborar el origen islámico apuntado por Madoz, algunos vestigios constructivos (cuatro contrafuertes de piedra y aspilleras en algunos muros, en particular la fachada oeste, con claro aspecto defensivo) sí permiten establecer que el origen de la Casa-Palacio fue, en efecto, una fortaleza defensiva, calidad recordada aún en el nombre de "El Castillo" con el que es comúnmente designado y en el de la Calle Castillo, en la que aquél se sitúa, y que conviene a su localización en la plataforma más elevada del cerro (a 840 m.).

Las posteriores ampliaciones y reedificaciones en ladrillo le confirieron un carácter híbrido entre casa señorial y castillo, con el que se presenta actualmente. La fachada principal es la que da hacia la población, siendo la única que muestra huecos de cierta importancia. Entre ellos destaca la puerta principal, de arco rebajado, que en tiempos constituyó el elemento más representativo de la misma, como sugiere la presencia de restos de molduras que atestiguan una decoración de cierta importancia, lamentablemente desaparecida.
Más o menos en torno al promontorio en que se sitúa la Casa-Palacio se extiende el resto de la población, cuyo primer núcleo estuvo amurallado y se desarrolló en la zona norte del actual casco urbano. En el lienzo de muralla se abrían cuatro puertas, dos en los extremos del eje norte-sur (la actual Calle Mayor Baja), la puerta de Barrena o Mártires, que aún subsiste, y el Portal del Cabezuelo, derribado en torno a 1950, y otras dos en los del eje este-oeste: la de Jaraíz y la del Portillo, ambas destruidas, la segunda hacia 1976. El crecimiento urbano de Estercuel supuso (quizá en el siglo XVII) la ampliación de la localidad extramuros, en dirección sur, prolongándose la vía principal más allá del Portal del Cabezuelo, para dar lugar a la Calle Mayor Alta, que se inicia en la Plaza de la Iglesia. Domina todo el conjunto la Casa-Palacio, debido a su situación elevada, a la mayor altura del edificio y a su gran superficie.

Evolución Administrativa
En virtud de la evolución administrativa del Reino de Aragón, la villa de Estercuel ha pertenecido a la Sobrecullida de Alcañiz (finales del siglo XV), a la vereda de Alcañiz (siglo XVII) y al Corregimiento de Alcañiz desde 1711 hasta la creación de su propio Ayuntamiento en la primera mitad del siglo XIX. A su vez, el Ayuntamiento de Estercuel ha pertenecido alternativamente al partido judicial de Aliaga y al de Montalbán entre 1834 y 1965, año desde el que quedó adscrita al de Teruel. En virtud de la división comarcal aprobada por la Diputación General de Aragón en junio de 1998, Estercuel quedó adscrita a la comarca de Cuencas Mineras, aunque posteriormente pidió su ingreso en la de Andorra-Sierra de Arcos, que es a la que pertenece en la actualidad.

...y eclesiástica
La parroquia de la población está dedicada a Santo Toribio y fue construida en 1700 a expensas de la marquesa de Navarrés, doña Josefa Cecilia de Urriés, a la sazón señora de Estercuel. Es un edificio barroco de mampostería, con tres naves, la central con bóveda de cañón y las laterales con bóveda de arista, mientras que el crucero se cubre con cúpula sobre pechinas, decorada aquélla con un fresco decimonónico sobre la predicación de San Pedro y éstas con las efigies de los cuatro evangelistas. Hay también una ermita del Patrón, dedicada al mismo titular (quizá la primitiva parroquial), al que se festeja el 16 de abril, pese a lo cual las principales fiestas religiosas de Estercuel son las consagradas a San Antón, conocidas como La Encamisada, que se celebran el sábado y el domingo más cercanos a la fiesta del santo (17 de enero), de las que tratamos en el anterior número del Boletín.

Con todo, el elemento más notable de Estercuel es el relacionado con Nuestra Señora del Olivar, patrona de la localidad (cuyas fiestas se celebran el 8 de septiembre) y titular del venerable monasterio mercedario de El Olivar, situado a unos cuatro kilómetros al norte de la villa. La aparición de la imagen de la Virgen en la Edad Media en el lugar en el que se fundó el Monasterio ha dado a Estercuel un edificio magnífico y un lugar cuidado en el que los monjes tenían una magnífica biblioteca, lamentablemente perdida a partir de la Desamortización de Mendizábal, además de visitantes ilustres como el castigado fraile, por dramaturgo, Tirso de Molina y que en la actualidad es una pacífica hospedería perfectamente preparada.

En cuanto a la evolución demográfica y, como curiosidad, cabe indicar que en el primer fogaje o censo fiscal del que se tiene noticia, de 1489, contaban con 64 fuegos (u hogares). Hasta finales del siglo XIX Estercuel continuó con un lento crecimiento, para ascender (gracias a la inmigración, especialmente andaluza,
provocada por las explotaciones mineras) a 1.202 en el censo de 1910, cifra máxima de la población estercuelina que se ha mantenido bastante regularmente durante casi medio siglo, para experimentar una reducción en los años siguientes, pasando a 635 habitantes en el censo de 1970, que disminuyen a 443 en 1978, reducidos a 427 en 1986 y a 373 en 1998, para llegar a los 353 de la actualidad. Como en tantos pueblos de la provincia y de la Comunidad Autónoma, la mayoría de los jóvenes emigran a las ciudades, a pesar de que Estercuel mantiene servicios que otros han perdido, así como actividades relacionadas con la industria. La agricultura y la ganadería carecen de la importancia que han tenido hasta tiempos recientes, aunque se mantiene el olivar, el regadío y el ganado ovino con alguna dificultad. Las prejubilaciones mineras, sin embargo, son las que han herido de gravedad a pueblos como éste, ya que los generosos acuerdos económicos alcanzados han conseguido que la mayoría de los perceptores de esas rentas hayan abandonado el pueblo con sus hijos en edad escolar, con lo que eso supone.

Hablar, pues, de pueblos como Estercuel es contar un pasado más o menos esplendoroso, un presente difícil y, desde luego, un futuro incierto, a pesar de los esfuerzos tenaces y generosos por revitalizarlos. Por eso, entre las dos miradas de las que hablábamos antes, ambas imprescindibles, tienen que trabajar el Estercuel del futuro con sus proyectos respectivos buscando dar nuevo impulso a un lugar lleno de bellezas naturales que hay que mantener, pero también buscando medios de vida que sean atractivos para sus habitantes.