por Luis Lecina Estopañá
Con sólo 122 habitantes en el censo de 2001,
Crivillén es uno de los pueblos más pequeños de nuestra
comarca, y tal vez también uno de los más desconocidos. Lo
primero es un dato objetivo, estadístico, mientras que la
segunda es una afirmación sustentada en una impresión
personal, subjetiva, que seguramente bien podría aplicarse a
buena parte de dicha comarca. Tenemos la extraña necesidad de
viajar a miles de kilómetros para demostrar que conocemos
mundo y, sin embargo, no sentimos ningún rubor al confesar que
desconocemos todo de los pueblos que nos rodean. La curiosidad
es la antesala de la sabiduría, no seamos pretenciosos y
empecemos por lo que tenemos más cerca, seguro que nos
sorprenderá.
Y muy cerca, en el piedemonte de transición entre la Tierra
Baja y las Sierras de Montalbán y el Maestrazgo, está
Crivillén. En su paisaje ondulado, donde se insinúan ya las
llanuras, aún predominan las pequeñas muelas, los cerros
testigos y los crestones. El aire está impregnado de aromas a
romero, tomillo y espliego y en un mar de monte bajo y
cultivos se divisan bancos de pinos, fruto de las
repoblaciones de los años 50, y un carrascal superviviente de
la histórica expoliación del bosque tradicional.
Este paisaje relativamente horizontal se ve bruscamente
interrumpido por varios arroyos y ríos que han erosionado los
materiales terciarios formando profundos valles con un relieve
quebrado en el que abundan los "tormagales". En estos valles
es donde se establecen los núcleos de población y donde la
huella del hombre a lo largo de la historia es más visible. Al
noroeste encontramos el bello enclave de Los Mases(1), junto al
río del mismo nombre, que no pudo sobreponerse al éxodo de los
años 60 y está deshabitado desde entonces. Más al sur, en la
margen derecha del río Escuriza, en una ladera soleada y bien
orientada se asienta el casco urbano de Crivillén, del que
sobresale como un mástil la torre de su iglesia. En el fondo
el cauce serpentea flanqueado por campos y huertos hoy yermos,
y por un rosario de "chopos cabeceros" que hace ya años que no
cumplen su tarea de proporcionar buenas vigas para la
construcción.
Durante siglos en este espacio el hombre ha disputado a la
naturaleza el derecho de vivir allí, y ha utilizado sus
recursos sin transformar drásticamente el entorno. Observando
en la margen izquierda la enorme herida de una mina de arcilla
a cielo abierto nos damos cuenta de que el equilibrio entre
naturaleza e historia se ha roto en favor de la segunda. Sin
embargo, esto tampoco ha logrado frenar el problema de
despoblación y envejecimiento que sufre el municipio. Es
necesario volver la vista hacia actividades sostenibles,
respetuosas con el medio y hay que recuperar el equilibrio
entre el hombre y la naturaleza.
Historia
Las primeras evidencias de poblamiento estable en el tramo del
río Escuriza donde hoy se localiza el núcleo de Crivillén
corresponden a los yacimientos de San Ramón en el sur y el
Moncoscol en la confluencia de los ríos Escuriza y Estercuel,
ya en el término del municipio del mismo nombre.(2) Dos pequeños
enclaves en los que predominan materiales de época íbera, y
desde los que se domina todo el valle.
Sin embargo, serán los romanos quienes dejen una huella más
profunda y duradera, pese a no conservar ningún resto
documental, arquitectónico o arqueológico de su presencia. Su
legado es el nombre de Crivillén, un topoantropónimo
indicativo del nombre de un propietario que ha dejado su
huella en la denominación del lugar.(3) Fue recogido ya por
Menéndez Pidal, y los profesores G. Fatás y F. Marco lo
incluyen en el mapa de la distribución de fundus de origen
romano en Aragón. La pervivencia del topónimo en la dominación
islámica nos lleva a pensar que la propiedad continuó en
explotación en época visigótica, aunque no existía constancia
material o arqueológica de ello.(4) Esta pervivencia, junto con
la ausencia de noticias escritas y la inexistencia de núcleos
urbanos o semiurbanos en el periodo islámico, es síntoma de la
debilidad del poblamiento musulmán de este territorio.
Su conquista por los reyes de Aragón y, sobre todo, el
establecimiento de población cristiana señala el inicio de la
historia documentada de Crivillén, originándose en este
periodo el asentamiento urbano que conocemos hoy en día. Se
anota la repoblación cristiana de Crivillén en 11575 otorgada
por Ramón Berenguer IV, en ella el reparto de las tierras a
los primeros pobladores será condicional, reservándose la
Corona el derecho de retracto. El enclave, perteneciente al
término de Alcañiz, será de realengo, hasta que Alfonso II en
1179 constituya la Encomienda Mayor de Alcañiz y la entregue a
la Orden de Calatrava.(6) A partir de ese momento y durante más
de 600 años el Comendador Mayor de Alcañiz ejercerá el poder
político y la jurisdicción criminal y civil, mero y mixto
imperio, sobre sus habitantes, elegirá a las personas para
ocupar el cargo de justicia, controlará la elección mediante
insaculación del resto de oficiales y ostentará la propiedad
de los bienes comunales, aunque los administrará el concejo.
Aldea de Alcañiz, Orden Militar de Calatrava, es la coletilla
que acompañará a Crivillén en todos los documentos civiles,
económicos y judiciales en los que aparezca su nombre. Pero
este dominio no fue siempre pacífico, el reforzamiento del
poder municipal en los siglos XV y XVI, fruto del
florecimiento económico y demográfico que se estaba
produciendo, originó continuos enfrentamientos entre la Orden
y el Concejo. En 1438 Alfonso V decidió incorporar todos los
pueblos de la Encomienda a la Corona, aunque a la postre tuvo
que ceder a los derechos de la Orden, que recobró todos sus
bienes; a finales del siglo XVI la construcción de las "Casas
Comunes" en Crivillén, es también un símbolo del
fortalecimiento del poder municipal y de su creciente
independencia frente a los Calatravos; y por último, según
consta en el archivo de Simancas, en 1785 Carlos III de nuevo
considera a Crivillén como tierra de realengo a efectos
fiscales, devolviéndolo ese mismo año al Consejo de Ordenes
Militares.
Estos hechos son ilustrativos de los continuos intentos del
municipio por sustraerse al control político y jurídico de sus
señores temporales, subordinación que cesó por decreto de las
Cortes Constituyentes de Cádiz en 1812, aunque en 1814 las
autoridades fueron restablecidas como estaban antes de la
llegada de los franceses, y definitivamente con la elección en
1834 del primer ayuntamiento por parte de los vecinos y con la
desaparición en 1835 de la Encomienda de Alcañiz por decreto
de la Reina Regente Mª Cristina, refrendado por el ministro
Mendizabal. A partir de entonces perteneció a los partidos
judiciales de Aliaga, Montalbán y Teruel, bajo la autoridad
política del gobierno de Madrid y sus representantes en la
provincia: jefes políticos o gobernadores.
Urbanismo y patrimonio artístico.
El urbanismo del asentamiento, tal y como lo conocemos hoy, es
el resultado de la interacción de factores condicionantes de
carácter histórico, y de tipo geográfico. En Crivillén, el
medio físico con su accidentada topografía ha condicionado extraordinariamente la estructura urbana, que ha tenido que
adaptarse al terreno quebrado de una ladera surcada por
barrancos que se dirigen al río Escuriza. Sin embargo, la
morfología de nuestro pueblo se explica a partir de su génesis
histórica a finales del siglo XII y primeras décadas del XIII.
El asentamiento originario conforma una trama urbana muy
racional, con parcelas de pequeño tamaño, de forma
sensiblemente rectangular, con poca fachada, de dos o tres
alturas y distribuidas con cierta regularidad. Esta
distribución todavía es visible en la parte alta del pueblo en
la calle la Fuente y la calle Egido7. De estos primeros siglos
conservamos un edificio público, las antiguas cárceles, de
planta cuadrada, con un arco gótico apuntado en su interior y
que hoy forman parte del Ayuntamiento.
El crecimiento económico y demográfico durante el siglo XVI
tiene su reflejo en la ampliación del casco urbano y en el
desarrollo de la arquitectura civil. Es una época en la que
nobleza y ricos-hombres se afanaban en hacer ostentación de su
estatus social a través de magníficas casas solariegas. En
Crivillén este fenómeno se da a escala muy modesta, como
atestiguan algunas casas con arcadas de piedra sillar.(8)
El Ayuntamiento renacentista es el edificio más importante de
este periodo. Fue construido entre 1560 y 1580, en la cabecera
de una nueva plaza mayor creada con motivo de la ampliación
urbana de la centuria, la actual plaza del Horno, muy reducida
respecto a sus dimensiones originales. Responde al modelo de
casa concejil con lonja abierta en la planta baja (denominada
Almudines) mediante dos arcos que sustentan la planta noble.
En la crujía posterior estaba el cuadro de escaleras y en la
planta superior la escribanía y el archivo. Esta zona se anexó
a una vivienda particular y ahora el acceso al piso superior
es por las antiguas cárceles.(9)
Si el siglo XVI es el de las construcciones civiles, puesto
que a las ya mencionadas habría que añadir el hospital,
situado frente a la Iglesia, del que ya tenemos constancia en
1601, y que hoy acoge el bar polivalente, la biblioteca y el
consultorio, y el horno de pan cocer edificado con
posterioridad al ayuntamiento, frente a él y que en la
actualidad es un pequeño parque; el siglo XVIII es el de las
construcciones religiosas, muy relacionadas con el mecenazgo
episcopal y con la nueva orientación proselitista de la
Iglesia Católica.
Por encima de todos los edificios, sobresale la iglesia parroquial de San Martín de Tours con su torre campanario convertida en hito del conjunto urbano. Se trata de un edificio barroco construido entre 1728 y 1735, de tres naves de igual altura, separadas por arcos de medio punto sustentados por recios pilares. La nave central está cubierta por tres cúpulas vaídas, la del centro linterna, y las laterales con bóveda de medio cañón con lunetos. Las cúpulas de la nave central descansan sobre pechinas que decoran estucos de los evangelistas y otros santos. En el exterior destaca una estatua ecuestre de San Martín muy deteriorada en la portada y, sobre todo, la esbelta torre, declarada Bien de Interés Cultural en 1982. Se trata de un modelo arquitectónico típicamente barroco construida en ladrillo y con motivos decorativos de inspiración mudéjar. Situada a los pies del lado de la epístola tiene cuatro cuerpos octogonales con pilares en las esquinas achaflanadas, y en el primero, cuatro columnas adosadas. Posee un remate singular, pues ya antes de 1789 se desmontó el capitel por amenazar ruina y no haber medios para recomponerlo.
En la parte baja del casco urbano, al sur, encontramos en una
recogida placeta, la iglesia del patrón de Crivillén, San Gil,
con una portada muy semejante a la parroquial. Es una
construcción también barroca de finales del siglo XVII o
principios del XVIII, obra de mampostería con una sola nave
que se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos, y el
crucero con cúpula y linterna. La nómina de edificios
religiosos se completa con la ermita de San Juan en el barrio
de los Mases, construida en 1783; con la ermita de Santa
Bárbara cuyo año de construcción grabado en su portada es
indescifrable y desde la que se tiene una hermosa perspectiva
a vista de pájaro de Crivillén y del valle del Escuriza hasta
la finca de la Codoñera; y con el original calvario,
probablemente del siglo XIX, situado tras la cabecera de la
iglesia y recientemente restaurado, en el que las estaciones
se suceden en espiral hasta la iglesia del Santo Sepulcro.
Realidad actual y futuro incierto.
Hasta aquí todo lo que hemos visto es el reflejo de un pasado
relativamente vivo, activo y en alguna época concreta hasta
floreciente. La memoria histórica, los grandes edificios
civiles o religiosos, las ruinas de otros, las tradiciones
conservadas, y también las perdidas son el testimonio de una
época en que la presencia humana era muy importante. La
realidad hoy es mucho más preocupante, es crítica, y por ello
bien merece una reflexión.
En la actualidad, como decíamos al inicio, Crivillén tiene 122
habitantes, y una densidad de 2,9 habitantes por km2, con lo
que podemos considerarlo sin duda un desierto demográfico.10 A
comienzos del siglo XX esta densidad de población era ocho
veces superior, próxima a los 24 habitantes por km2,
alcanzando en 1910 el tope histórico de población con 997
individuos. Comparando estas cifras, observamos que la
población actual representa solamente el 12% de la de
principios de siglo, y constatamos que el municipio ha sufrido
un proceso de despoblación brutal a lo largo de todo el siglo,
especialmente intenso en los años 60 y 70, como veremos a
continuación.
En los cincuenta años que van de 1910 a 1960 se perdieron un tercio de los efectivos humanos, pasando de 997 a 653 habitantes. En el siguiente decenio el boom del éxodo rural redujo la población a la mitad, 334 vecinos en 1970, repitiéndose el mismo porcentaje entre 1970 y 1981, año en que la cifra era de 161 habitantes. A partir de esta fecha, la emigración masiva a la ciudad se detiene, pero la situación demográfica resultante es ya prácticamente irreversible, comenzando un lento y agónico declinar que se mantiene hasta nuestros días. Ahora el problema es estructural, la poca población que queda en Crivillén presenta unos altos índices de envejecimiento, tiene una media de edad superior a los 52 años, y el porcentaje de mayores de 65 años se aproxima al 40% del total. Además y como consecuencia de lo anterior, los índices de maternidad son bajísimos, al igual que el número de nacimientos, mientras que las defunciones aumentan. Un crecimiento vegetativo negativo entre 1991 y 2001 junto con un persistente saldo migratorio también negativo en el mismo periodo, que afecta a los más jóvenes, ha acentuado la forma invertida de la pirámide de población de Crivillén y, lo que es más importante, ha puesto en entredicho el futuro y la pervivencia misma del pueblo.(11)
Esta situación demográfica que acabamos de describir no puede
desligarse de la evolución económica que ha seguido la
localidad en la última centuria. La economía tradicional
basada en la agricultura de cereal, olivo y vid, en la
ganadería ovina y en una escasa industria tradicional de
molinos, almazaras, fábricas de aguardiente... fue incapaz de
mantener una población relativamente elevada. La crisis de
este modelo tradicional junto al creciente atractivo de las
ciudades industrializadas originó a partir de los 50 el
fenómeno migratorio descrito en párrafos anteriores. En este
momento el sector de la minería del carbón se convierte en la
principal actividad económica del municipio, que llegó a tener
casi un centenar de mineros. Sin embargo, estas décadas son
las de mayor pérdida demográfica, dándose la paradoja de que
mientras muchos pueblos de la comarca (Estercuel, Ariño,
Andorra...) reciben inmigración para trabajar en las minas,
otros como Crivillén se están vaciando.
Con el fin de la emigración y la crisis del sector minero
energético Crivillén comienza un periodo de reorientación y
estabilidad económica, que se basa en el importante impulso
que recibe la actividad extractiva de productos no
energéticos, y que llega hasta nuestros días. En 1991 casi el
54% de la población activa estaba empleada en la industria.
Hoy este porcentaje ha disminuido algo, pero sigue vinculado a
la especialización minera de extracción de arcillas.
Los trabajos de explotación de arcillas comenzaron en 1970 y
en la actualidad las dos empresas establecidas en la localidad
generan más de cuarenta empleos directos. Estas empresas,
PORTOME, del Grupo Porcelanosa, que tiene su explotación junto
a Los Mases, y MINERA SABATER, con dos minas junto a Crivillén
en la margen izquierda del Escuriza, suministran al sector
cerámico composiciones de arcillas destinadas a la fabricación
de pavimentos, revestimientos, gres extrusionado y caravista,
con una producción fundamental basada en arcillas cerámicas
para pasta blanca. MINERA SABATER, la más importante por
número de trabajadores y por producción, dispone de dos
plantas de tratamiento y homogeneización con una capacidad de
producción de 400 Tm/hora, un área de almacenaje cubierto de
12.000 m2 para más de 36.000 Tm de arcillas y dos plantas para
producción de composiciones de arcillas micronizadas con una
capacidad de 10 Tm/h. Toda esta actividad, con ser muy
importante, no es nada en comparación con la que genera la
transformación, elaboración y comercialización del producto
cerámico resultante, del que Crivillén e incluso la comarca se
encuentran privados. De nuevo una materia prima obtenida en
nuestra tierra genera empleo, riqueza y desarrollo fuera de
ella.
El futuro, por lo tanto, no es nada halagüeño, aunque el
municipio ofrece algunas posibilidades que todavía no se han
explotado. Posibilidades relacionadas con el sector turístico
y de servicios, con el patrimonio, el entorno natural y la
cultura. En este sentido el ayuntamiento de Crivillén ha
realizado una fuerte apuesta con la construcción del futuro
"Museo Pablo Serrano". Es un imponente edificio de varias
plantas con más de 500 m2 para exposición, talleres, sala de
conferencias, etc., en el que desde el año 2000 se han
invertido unos 800.000 euros. El centro, pendiente del
proyecto museístico, nace con la vocación de convertirse en
punto de referencia cultural y artística de la comarca. La
figura del escultor Pablo Serrano, nacido en Crivillén en
1908, supone un magnífico reclamo turístico que hay que
aprovechar. A partir de él habría que diversificar la oferta a
través de la revalorización del patrimonio natural,
etnográfico e histórico y desarrollar actividades económicas
ligadas a esta oferta.
Esta economía ligada al turismo y la cultura, de pequeñas
dimensiones y de tipo familiar, supone un complemento
importante a otras fuentes de ingresos, sirve para fijar la
población, promueve la conservación del patrimonio y nos
devuelve al ancestral equilibrio entre el hombre y el medio.
Pero no vendamos la piel del oso antes de cazarlo. A
principios de siglo una economía insuficiente llevó a la
población a emigrar, hoy es la debilidad demográfica, la falta
de gente la que condiciona el desarrollo económico presente y
futuro.
Notas:
(1) Aunque Los Mases pertenecen
al municipio de Crivillén, no los incluimos en este artículo,
puesto que serán objeto de trabajo individualizado en un
próximo Boletín.
(2) Ver el artículo dedicado a Estercuel en BCI n.º 7 pág. 7.
(3) José Altaba Escorihuela ya se hace eco de este origen
etimológico en El monasterio del Olivar y pueblos aledaños
Teruel, 1979, pp. 87-88.
(4) Escribano Paño, Mª Victoria: Los Godos en Aragón (nº 54 de
CAI 100), Zaragoza, 2000, pág. 93.
(5) La Carta Puebla concedida por Ramón Berenguer IV a Alcañiz
afectó a otros pueblos de nuestra comarca, como Gargallo,
Estercuel o Ejulve. Ver BCI n.º 6, n.º 7 y n.º 8
respectivamente.
(6) El historiador Carlos Laliena retrasa la incorporación de
Crivillén a la Orden a fines del siglo XIII. En Rújula, P (Coor.):
Maestrazgo, laberinto de silencio.