por Pilar Magallón Aragonés y Mª Carmen Polo Enfedaque
Historia
Alloza se encuentra en una colina en medio de una hoya
endorreica destinada al cultivo del olivo. No se conoce
exactamente cuál es el origen de este pueblo, pero sí que ya
existía en época musulmana, puesto que su nombre es árabe y
significa 'el almendro', por lo que podemos pensar que habría
gran abundancia de este árbol en esos tiempos, quizás en el
espacio que hoy ocupan los olivos.
No se sabe, sin embargo, cuándo se produce el paso del
asentamiento del Castelillo (del que hablaremos más adelante)
al actual pueblo, ni hay vestigios de la dominación romana,
como sí encontramos en otras poblaciones del Bajo Aragón, ni
siquiera que Alloza fuera un asentamiento nuevo creado por los
invasores musulmanes, cosa poco probable. A partir de ahí sí
que sabemos que la comarca fue reconquistada en 1122 por las
milicias creadas por Alfonso 1 el Batallador y que en 1179 la
aldea de Alloza es dada por Alfonso 11 a la orden de Calatrava
en su encomienda de Alcañiz. No parece que hubiera judíos en
Alloza, puesto que nadie habla de ellos cuando su expulsión en
1492, como tampoco parece que afectaran a este pueblo los dos
grandes daños del siglo XVII: la expulsión de los moriscos en
1610, ni la gran epidemia de peste de mediados del siglo.
Durante todo ese tiempo (siglos XV, XVI y XVII) está
documentada la evolución de la población, que estaba en torno
a los 600 habitantes.
A lo largo de su historia Alloza ha participado (y sufrido) en
los distintos acontecimientos históricos del país, como más
adelante contaremos, pero hay un hecho, que puede parecer una
anécdota, que tuvo una gran importancia en su momento y la
sigue teniendo desde el punto de vista gastronómico: el
introductor de la patata en España, traída a finales del XVIII
desde Francia, nació en Alloza en la primera mitad de ese
siglo. Se trataba de Joaquín Fernando Garay, que por este
hecho recibió el reconocimiento del rey de España, Carlos IV.
¿Qué sería de uno de nuestros platos más internacionales sin
la patata? Realmente es un ingrediente básico en la
gastronomía española, no sólo en la tortilla, y resulta cuando
menos chocante que la trajera a España un allocino.
Este ilustre personaje recibió varios años de formación en la
Escuela de Gramática de Alloza, equivalentes a lo que hoy
llamamos bachillerato, la preparación para el ingreso en las
universidades. Esta Escuela de Gramática, como las existentes
en otros pueblos importantes, era el resultado del esfuerzo
que hacía España por salir del retraso en materia cultural que
padecía. En la segunda mitad del XVIII, el despotismo
ilustrado despierta en los monarcas la conciencia de que deben
mejorar la educación en los pueblos y favorecer las reformas y
la cultura, por lo que se llevan a cabo nuevos planes de
estudio en las universidades, se suprimen los colegios mayores
y los de jesuitas, se fundan Sociedades Económicas, etc. La
Iglesia, por lo tanto, pierde parte de su monopolio en la
educación, también en la enseñanza de las primeras letras, ya
que en la enseñanza primaria, impartida en escuelas de muy
bajo nivel, sólo se aprendía catecismo, lectura, escritura y
las cuatro reglas aritméticas. A partir de ese momento, pues,
se va a intentar combatir las elevadas tasas de analfabetismo
con esa reforma de la escuela que pasa por desvincularla de la
Iglesia y exigir un cierto nivel cultural a los maestros
mediante un examen y un título y, paulatinamente, recaerá en
los Ayuntamientos la dirección de la enseñanza rural, lo que
provocó una difusión importante de la enseñanza primaria, tan
sólo frenada por la Guerra de la Independencia y las guerras
civiles. También las reformas en lo que equivaldría a la
"enseñanza secundaria" pasan por la transferencia de la
educación de la Iglesia al Estado, sobre todo con la expulsión
de los jesuitas en 1767, ya que un 30% de los que estudiaban
humanidades y latinidad lo hacían en sus centros.
Dentro de este contexto educativo de finales del siglo XVIII
se encuentra la Escuela de Gramática de Alloza. La enseñanza
de la gramática se impartía, como hemos dicho anteriormente,
en pueblos de cierta importancia por maestros, seglares o
clérigos, pagados por los municipios o por los particulares.
La enseñanza solía durar cinco años y era, como se ha dicho
ya, la preparación para el ingreso en las universidades. Se
sabe que hubo, entre otras, escuelas de gramática en Alcorisa,
en Calaceite, en Calanda, en Híjar y en Maella, además de la
de Alloza. Llama la atención el elevado número de alumnos que
alcanzó ésta, la de Alloza, que llegó a tener 116 estudiantes
en 1782 -mientras en Calanda o Calaceite tenían 30 en 1786- y
que se sepa la escuela duró desde 1761 hasta 1822, con un
total de casi dos mil estudiantes repartidos en esos años,
aunque muchos de ellos permanecieron varios cursos en ella. Lo
más insólito, sin embargo, es la procedencia de estos alumnos,
los más numerosos, sin duda, de Alloza y los pueblos cercanos
(Oliete, Andorra, Alcorisa, Crivillén, Alcaine, etc.), pero
también hay un buen número procedentes del Maestrazgo
turolense, como Peñarroya o Fuentespalda, y de Tarragona
(Horta de Sant Joan, Benissanet, Mora d'Ebre...) Incluso
aparecen personas de Zaragoza, Cuenca y Alicante.
La Guerra de la Independencia supuso un frenazo para esta
escuela, a pesar de que Alloza parece que fue un lugar
relativamente tranquilo durante esa contienda, situado en la
zona de transición donde empezaba a menguar el control
francés; cuando los franceses abandonaron Aragón en 1813 el
territorio estaba hundido, con la población afectada por la
guerra y el hambre y las fuentes de riqueza arrasadas.
Lamentablemente, la vuelta a España de Fernando VII no sirvió
para mejorar las cosas, puesto que se cerraron las
universidades y se produjo una vuelta al absolutismo. En pocos
años la Escuela de Gramática de Alloza desapareció y, desde el
punto de vista político, se produjo una situación bastante
compleja en la que la gente no sabía si apoyar al liberalismo
que había empezado a implantarse o apoyar esta vuelta al
absolutismo. A lo que sí se negó este municipio fue a pagar
los derechos señoriales a la Encomienda Mayor de Alcañiz,
representante del poder feudal, tanto por las dificultades
económicas que atravesaba como por considerar obsoletas estas
obligaciones. Los últimos años del absolutismo no son muy
conocidos ni en España ni en Aragón, pero sí que se
intensificó la represión a los liberales. De Alloza se tienen
pocos datos del primer tercio del XIX: la población, que en
1819 era de 1.600 habitantes (más del doble que actualmente);
los recursos que tenía (se extraen minerales de alumbre y
caparrosa; se produce trigo, cebada y bastante aceite; hay
pinares en los montes cercanos y se cuenta con telares de lana
y cáñamo para el consumo del pueblo). También hay noticias de
que había cantero, botiguera y molineros, oficios desempeñados
en esos años por forasteros. Alloza estaba también entre los
pueblos que contaban con estanco en 1825.
Y así llegamos a la primera guerra carlista. Al morir Fernando
VII y sucederle su hija Isabel II -a la sazón menor de edad,
por lo que su madre María Cristina asumió la regencia-, se
produce una lucha entre los partidarios del absolutismo que
querían que el sucesor de Fernando VII fuese su hermano
Carlos, llamados por ello carlistas, y los liberales,
partidarios de Isabel. Esto provocó la primera guerra
carlista, en la que este bando estaba apoyado principalmente
por la Iglesia, que no quería perder los privilegios de que
había gozado con el antiguo régimen, la pequeña aristocracia
rural y los campesinos, a los que les resultaba mucho más
gravoso pagar una renta en moneda a los nuevos señores que dar
una parte de su cosecha como hacían anteriormente con los
señores feudales.
En esta contienda, en los pueblos del Bajo Aragón y del
Maestrazgo fue donde se instaló con más fuerza la insurrección
carlista en Aragón. Alloza se encontró, una vez más, en zona
limítrofe, lo que provocó mayor temor entre la población ya
que si se apoyaba muy claramente a un bando, cuando llegaba el
otro la represión era brutal. También tenían que mantener a
los dos bandos, puesto que cada partida que llegaba a un
pueblo exigía comida y dinero para mantener a sus hombres, con
lo que eso suponía para la población, muy empobrecida tras la
Guerra de la Independencia y con la caída de los precios de
los productos agrícolas. De todas formas, en Alloza hubo mayor
apoyo a la causa carlista, y aquí tuvo su punto de partida,
por ejemplo, la operación que culminó con la derrota de los
carlistas en Zaragoza el 5 de marzo de 1838. También se
libraron cruentas batallas entre ambos bandos en las zonas más
agrestes de la localidad, como Los Congostos, que sirvió de
refugio al general carlista Cabrera, y se puede decir que
todas las partidas carlistas de la zona pasaron por Alloza.
Esto dejó a la población mucho más empobrecida. En 1840 se dio
por finalizado este conflicto en Aragón, pero tras el
destronamiento de Isabel II, una vez más los carlistas
pensaron que su candidato podía ser rey, con lo que de 1872 a
1874 se produjo una nueva guerra carlista que para Alloza fue
una repetición de la historia: ayudar a las fuerzas de ambas
partes que pasaban por la población, con la complicación de
que a las repercusiones económicas que esto tenía se sumaban
el temor de la población por la inestabilidad política y los
conflictos internos que había en el pueblo. Las guerras, ya se
sabe, las provocan los poderosos, pero siempre las pierden los
pobres, gane quien gane.
La población durante la segunda mitad del XIX fue de alrededor
de 1.700 habitantes, con un descenso en 1887 en que no se
llegó a los 1.600, para terminar con casi 1.800 habitantes en
el año 1900. Y fue hacia finales de este siglo cuando se llevó
a cabo una importante obra para solucionar los problemas para
el riego de las huertas en verano. Se trataba de la
construcción de un pantano en el río Escuriza, concretamente
en la partida del Congosto anteriormente mencionada, que se
encuentra entre los términos de Estercuel, Oliete y Alloza. En
un principio se pensaba construir dos presas para dar lugar a
los pantanos superior e inferior, pero al final sólo se
construyó este, con muchas dificultades debido a la escasez de
fondos, que fue terminado en 1896. Las lluvias lo llenaron por
primera vez en 1898 y se inauguró el 13 de junio del año
siguiente. El agua recogida tenía como destino garantizar el
riego de 3.600 Ha de los términos de Híjar, Urrea de Gaén, La
Puebla de Híjar y Albalate del Arzobispo. Alloza y Ariño
participan también en los acuerdos del régimen de desembalse.
Alloza tenía el derecho a los aprovechamientos que venía
disfrutando, así como de los artefactos comprendidos dentro de
su término municipal. Desde Alloza, el pantano, considerado
como propio por su emplazamiento, ha tenido relevancia por la
labor de guardia y regulación que han des empeñado a lo largo
del tiempo varios vecinos del pueblo, además de haber
participado mayoritariamente en su construcción.
A comienzos del siglo XX, en 1910, Alloza alcanzó su máximo de
población, con 1.926 habitantes, cifra que iría descendiendo a
lo largo del siglo por causa de la emigración hasta los 1.006
que había en 1981. Actualmente hay censados 713 habitantes,
incluyendo población inmigrante.
Durante la Guerra Civil los vecinos de Alloza crearon un
comité compuesto por personas de derechas y de izquierdas que
se protegerían mutuamente según el bando que llegase antes al
pueblo. Esta voluntad de poner la vida por encima de cualquier
rencilla personal o política estuvo presente entre la mayoría
de los vecinos desde el primer momento, y por eso este fue uno
de los pueblos donde hubo menos víctimas de la represión, en
ambos bandos. Alloza quedó en zona republicana durante los
primeros dieciocho meses de conflicto. A finales de julio
llegaron los anarquistas, y se produjo el saqueo de la
iglesia, prendieron fuego a las imágenes religiosas,
destruyeron el retablo, el órgano... También querían quemar el
Calvario y matar al ermitaño si era un cura, pero los
habitantes del pueblo los convencieron de que sólo era un
trabajador. Semiquemaron los cobres que adornaban la ermita y
provocaron destrozos en las capillas, pero lo que más
impresionó a los vecinos de Alloza fue verles jugar al balón
con la cabeza del Cristo. Por lo menos, los cipreses
centenarios que tanto embellecen el Calvario y que tanto
habría costado recuperar no sufrieron ningún daño.
Unos años antes de la Guerra Civil, en 1932, comenzaron las
obras de la nueva escuela, que terminaron en los primeros años
de posguerra, con la colaboración monetaria del vecindario
porque el Ayuntamiento no tenía suficientes recursos para
acometer por sí solo esa obra.
En los años 40 aparece en la cuenca minera llamada la Val de Ariño la empresa nacional Calvo Sotelo para realizar sondeos de lignito y estudiar la ubicación de una central térmica importante, que se abastecería con el lignito turolense, central que finalmente se construiría en Escatrón. La empresa empezó a comprar minas y a abrir nuevas explotaciones, con lo que la demografía durante los años 50 aumentó en las localidades mineras (Alloza, Ariño, Andorra...). Durante esos años, el 61% de superficie que ocupaban las explotaciones mineras correspondía a Alloza, con un total de 26 minas, el 21% a Andorra, con 7 minas, y el 18% a Ariño, con 12. Sin embargo, la participación de este municipio en la producción de lignito parecía ser ignorada oficialmente. La corporación municipal reclamaba que Alloza se citara en las crónicas como productora de carbón, ya que sólo se citaba Andorra y ésta no aportaba nada a la central de Escatrón, pero no se consiguió e, incluso, en los casos en que una explotación estaba entre Alloza y otro municipio (Ariño o Andorra) Alloza recibía un porcentaje menor de dinero del que le correspondía o en ocasiones nada. Tampoco se consiguió la construcción de un poblado minero, como en Andorra o Ariño, ni una carretera directa a las minas. Fue un momento en el que Alloza perdió oportunidades de progresar, pero también creció en servicios, como el agua y el alcantarillado, y se abrieron nuevas calles para edificar viviendas. A mediados de los años 50 se llevó el agua al Calvario, después de canalizarla de dos manantiales que afloran en el barranco que hay entre el Calvario y el pueblo (la Rambla). En los años 60 se abrió la avenida San Blas y se realizaron las obras de canalización de aguas a los domicilios y el alcantarillado. También en esos años el párroco de la localidad vendió la ermita de San Blas, que fue comprada por un vecino para utilizarla como garaje, colocando una enorme puerta metálica.
La mayoría de los vecinos eran labradores o mineros, (en la
década de los 50 se había creado la Cooperativa del Campo San
Blas, ampliada en los años 60, que construyó una fábrica de
aceite con ayuda financiera estatal y posteriormente otra a
las afueras del pueblo, en el actual polígono, con los últimos
avances tecnológicos, dadas las exigencias que hay actualmente
en materia de Sanidad y Consumo) pero también había un grupo
pequeño que se dedicaba a otras actividades económicas,
proporcionando al pueblo los servicios necesarios, como
comercios, peluquerías, taller de herrería (los hermanos
Ferrer construyeron un vehículo apropiado para la recogida de
basuras), puntos de venta de piensos, forrajes y abonos para
el campo... También había un yacimiento de yeso, que en la
década de los 50 se dedicó a explotar la familia Roldán.
Por último, cabría hablar de las fiestas que se celebraban en
la localidad, muchas de las cuales aún continúan, aunque con
algunos cambios. La primera era en honor a San Antón, patrón
de los ganaderos; la organizaba una cofradía conocida como la
de los sanantoneros y duraba unos cuatro días. Pocos después
llegaba San Blas, a primeros de febrero, que era el patrón del
pueblo, con una gran hoguera en la plaza, donde la gente asaba
patatas. Los festejos se prolongaban hasta el día de Santa
Agueda y, como tradicionalmente habían sido las fiestas más
importantes de la localidad, los gastos que ocasionaban eran
incluidos en el presupuesto municipal. En estas fiestas se
solía bailar el dance de San Blas, que dejó de interpretarse
en 1929 para después ser recuperado en los años 50, cuando se
bailó un par de veces, y en los años 80, en los que se bailó
en el 80 y el 81. Actualmente ha vuelto a recuperarse con un
grupo de niños de la localidad, esperemos que por muchos años.
Luego venía el Carnaval, prohibido durante el franquismo; la
Semana Santa, en la que predominaban las procesiones y en la
que cualquier acto lúdico estaba prohibido; el día de la
Pascua de Pentecostés, con una fiesta en el Calvario (la
Judiada). También estaban muy arraigadas las fiestas del
Corpus, la Virgen de la Cama (la Asunción) y San Roque, que
tiene ermita en el pueblo y vecinos que le rezaban una novena
todos los veranos. El primer domingo de septiembre era el
domingo del Ángel, la gente bajaba al río en los mulos o en
carros a pasar juntos el día, y el 13 de septiembre era la
víspera de la Feria, que se ha convertido en la fiesta por
antonomasia debido a la emigración, ya que en estas fiestas
muchos de los que emigraron vuelven al pueblo a pasar esos
días. El contenido de las fiestas ha variado con los años, de
hecho su evolución casi permite adivinar los cambios sociales
y económicos que se producían en la población, pero la mayoría
sigue celebrándose de una u otra forma.
Patrimonio monumental
La Iglesia de la Purísima Concepción está construida en el
siglo XVIII de sillería y ladrillo, con tres naves, cubiertas
de crucería estrellada, con grandes arandelas de madera
dorada. Coro alto. Torre en la cabecera, con seis cuerpos, de
mampostería y ladrillo, su autor fue Olaso de Escatrón, que
puso pilares y ventanales, ornamentaciones de tipo manierista.
Sabemos, gracias a la erudición de Pedro Calahorra, que el
órgano de Alloza fue fabricado por el que seguramente fue el
mejor organero de Aragón y uno de los grandes de España, José
de Sesma.
En la plaza mayor se encuentran dos edificios de gran calidad.
Por un lado, la Ermita de San Blas, que es del siglo XVII, de
ladrillo, con una nave cubierta con bóveda de medio cañón con
lunetos y cúpula y con espadaña de tres cuerpos de ladrillo.
Adaptada en la actualidad para usos agrícolas y almacén, ya
que, como ya hemos comentado, en los años 70 el párroco de
aquella época la puso en venta y fue comprada ante la
indiferencia de la mayor parte del vecindario, todavía
conserva su peculiar fachada de ladrillo entre pilastras, con
una moldurada cornisa. Por otro, el Ayuntamiento, junto a una
tradicional y hermosa fuente de cuatro chorros, compuesto de
una lonja (llamada en el pueblo "trinquete") con dos amplios
arcos apoyados en pilastras sobre los que se levanta el
consistorio, rematado por una galería de nueve arcos de
ladrillo de medio punto con características renacentistas,
este edificio ha sido restaurado y renovado recientemente.
Resalta también en el casco urbano, la Capilla abierta de San
Roque, sobre un antiguo portal arqueado de acceso a la
localidad.
Pero sin duda alguna el paseo refrescante y sosegado por la
"Rambla" de una barrancada que se abre al oeste de la
localidad es uno de los mayores atractivos. En la margen
izquierda de este barranco se alza el Monte Calvario, uno de
los más monumentales de Aragón. La Ermita, probablemente
ampliación de otra más pequeña, data de principios del XVIII.
Es de una sola nave de dos tramos con bóveda de medio cañón
con lunetos, cuya prolongación se cierra en una cabecera con
cúpula sobre pechinas de caprichosa decoración, al igual que
las cúpulas. Está rodeada de centenarios cipreses que
flanquean pequeñas ermitas a modo de estaciones del Vía
Crucis. En el interior de la Ermita que cobija el Santo
Sepulcro, destacan las pinturas de Fronchón y los azulejos
populares decorados con motivos florales y jarrones
dieciochescos, así como las tumbas de ermitaños destacando la
datada en 1738.
Aguas arriba, el cauce de la 'Rambla" está ocupado por una
frondosa vegetación que apenas permite a los rayos del sol
iluminar las vetustas paredes de piedra que la canalizaron y
permitieron, en su día, sostener los abancalamientos adaptados
a las terrazas de este barranco, que en el año 2001 ha sido
empedrado y limpiado.
Poco después se alza un impresionante acueducto de piedra tallada, conocido como el "Gallipuente", que ayuda al agua canalizada a sortear el desnivel del cauce, sofocando la sed de la huerta ubicada en la otra margen. De técnica constructiva similar es la espectacular Nevera de Alloza, ubicada al sureste de la localidad, en la zona conocida como los "Montalbos", por la tierra blanquecina que la caracteriza. Esta "Nevera" se considera una nevera de aprovisionamiento. Está situada a 850 m de altitud, en una amplia planicie entre la Muela y el Cabecico Redondo, en un área ligeramente elevada que aprovecha la mayor pendiente del terreno en su vertiente sudeste para facilitar la excavación del pozo. En la obra Neveras y pozos de nieve o hielo en el Bajo Aragón de Alberto Bayod y José Antonio Benavente, de cuyo contenido hemos extraído estas informaciones, figura un catálogo en que se lee lo siguiente: "La perfección constructiva de esta nevera obliga a calificarla entre las mejores obras hidráulicas de la comarca bajoaragonesa. La solidez de su aparejo y la armonía de su diseño son fascinantes, dentro de la sencillez funcional de este tipo de arquitectura popular [...] Su restauración debería ser prioritaria entre las acciones a realizar en defensa del patrimonio de la comarca, ya que su aparente estado de conservación actual es excepcional [...] Se incluye en el grupo de neveras de gran capacidad del territorio bajoaragonés. Este hecho unido a su emplazamiento aislado pero relativamente cercano a diversos núcleos de población de la zona, definen su consideración como un importante depósito de aprovisionamiento comarcal, desconociéndose su titularidad". Afortunadamente, en sesión ordinaria de 30 de mayo de 2002 se tomó el acuerdo plenario de acometer la restauración de la "Nevera" de Montalbo y el "Gallipuente". Hoy en día los dos monumentos están restaurados para mayor orgullo de nuestro pueblo.
La Ermita de San Gregorio está situada en la capilla del
cementerio y en el año 2003 fue restaurada por nuestro vecino
Agustín Loscos Milián, ya que sus pinturas se encontraban en
muy mal estado o incluso habían desaparecido.
No hay que olvidar el espectáculo que suponen los frondosos
pinares de Alloza y los abundantes manantiales que permitieron
al General Cabrera encontrar cobijo durante las Guerras
Carlistas, época en la que se construyó el Pantano del
"Congosto" en el Valle del Escuriza, donde convergen los
términos de Alloza, Oliete y Crivillén.
El Castelillo
El máximo auge de la Cultura Ibérica se dio en nuestra
provincia hacia los siglos III-II a.C. Y es en esta fase
cronológica-cultural donde hay que datar el Yacimiento del "Castelillo",
que podría llegar hasta el siglo VI a.C. y que nos marca la
relación con nuestros antepasados. Está ubicado en un pequeño
cabezo, distribuyéndose los habitáculos de ocupación humana
por laderas. En la actualidad se observan zócalos de piedra a
base de mampuestos irregulares y restos diseminados por los
alrededores de adobes que los recrecieron hasta las
techumbres. Hoy día está afectado por la erosión y el agua de
lluvia debido a la fuerte pendiente de sus vertientes. Los
materiales extraídos, entre los que destaca la espléndida
cerámica decorada, están depositados en el Museo Provincial de
Teruel. En otras partidas de la localidad se han encontrado
útiles de la Edad del Bronce.
Desde luego, mucho antes de empezar las sistemáticas
excavaciones del Servicio Arqueológico de la Diputación
provincial de Teruel, todo el mundo sabía que en ese cabezo
con forma de camello sentado, en El Castelillo, había
abundantes restos de cerámica, objeto con frecuencia de
incontrolada rapiña de propios y extraños. Pero será algunos
años más tarde, tras las campañas arqueológicas impulsadas los
veranos de 1951 y 1952 por Martín Almagro, cuando la
Diputación de Teruel encargue a la joven arqueóloga
Purificación Atrián, que se ocupe del yacimiento del cerro El
Castelillo, lo que ésta hará a lo largo de cinco intensas
campañas, a partir del verano de 1956. En sus informes
describe minuciosamente las habitaciones y materiales de
construcción, el material arqueológico (los adobes de barro;
los molinos mortero y hachas de piedra; las hachas, picos o
espadas de hierro (muy fragmentados); los restos de cobre (una
esfera, anillos, fíbulas) y hueso (punzones, agujas o el
fragmento de un silbato) y, sobre todo, la rica y abundante
cerámica.
Pura Adrián deduce tras esta primera campaña que "el poblado
estaría en su época de esplendor hacia los siglos III-II a.
J.C., como lo demuestra el desarrollo de su cerámica ibérica,
que llegó a alcanzar una extraordinaria riqueza en sus temas
ornamentales, que lo unen pero que a la vez lo independizan de
los altares de Azaila. Como ésta, usa la estilización de los
mismos motivos florales, las escenas de caza: pero Alloza es
más rico en cuanto a la composición de escenas humanas,
emparentando en esto con la cerámica de Liria".
En las siguientes campañas (años 1957 y 1958) se avanza hacia
el flanco oeste y se procede al estudio de la distribución de
las "habitaciones". Aparecen otro tipo de objetos, como placas
de hierro, clavos, algún pico o una "figurilla de barro,
incompleta, seguramente representando algún animal del que
sólo se conservan las patas delanteras y parte del cuerpo". 0
aún más interesantes, porque revelan que se realizaban
trabajos artesanales, numerosas pesas de telar de los tipos
"pondera" o "fusaiolas".
En fin, las dos últimas campañas, la cuarta y la quinta, que
tuvieron lugar en los años 1961 y 1962, continúan los trabajos
por la ladera sur y por las viviendas más altas del cabezo.
Pocas novedades ya, aunque a los tipos de restos conocidos se
suman una hebilla de cobre, un hacha de piedra basáltica. Y,
sobre todo, el estudio de algunas viviendas particularmente
curiosas, incluyendo los restos de techumbres, de cañas,
juncos y barro. Además, se realiza el descubrimiento de un
silo para almacenar el grano, que se suma al anterior de un
horno, ambos fundamentales lugares públicos y de uso
colectivo. Entre los objetos más singulares se encuentra una
"pequeña figurita de caballo de 8'S cm de altura por 6 de
largo, es de barro de buena calidad de color muy rojizo sin
impurezas y bien trabado, aunque está modelado algo
toscamente".
Era una gente sin duda "primitiva", pero con su pizca de
sensibil¡dad, con sentimientos sociales y familiares o
tribales, amén de, muy seguramente, religiosos, mucho antes de
que llegara por estos lares el impulso uniformizador del
Imperio Romano. Recorrer los restos de los muros de sus casas
y calles, mirar al horizonte como, sin duda, hacían ellos hace
más de mil años, pensar en cuántas dificultades surcarían su
vida cotidiana para la obtención de alimentos para ellos y sus
familias, produce, desde luego, una especial emoción. Y sobre
todo mucho más cuando previamente se ha leído y conocido lo
que el esfuerzo y la ilusión de los arqueólogos han rescatado
con mimo para todos nosotros. Esa de contemplar y reflexionar
junto al conocimiento material de los restos es la verdadera
emoción de la Historia.
Un segundo asentamiento ibero, de menor importancia hasta hoy,
se encuentra cerca del acceso desde Andorra a la hoya en que
se establecerá Alloza, en el término conocido como Fuente
Andorra, que "dio cerámica análoga a la gris a mano, ya
mencionada, otra de tipo ibérico con pintura y romana". En
ambos casos se da "el común denominador de ser estaciones que
tuvieron su momento álgido en época ibérica, decayendo o
desapareciendo con los primeros indicios de la cultura
romana".
Una tercera localización arqueológica en el término municipal
de Alloza se había producido cuando, hacia 1948, el campesino
José Lahoz (el "tío Matapán"), al arar un campo, encuentra un
hacha plana y un puñal de bronce en la partida de "Las Naves",
en la Va¡ de la Filada. Consciente del interés científico de
esos objetos, los entrega, en un verano siguiente, al antiguo
maestro de Alloza, a la sazón ya en Zaragoza, Arturo Fernández
Cáncer, quien se reúne con Antonio Beltrán y ambos dan a
conocer el hallazgo. En la zona no hay muestras de antiguos
restos. La importancia de éstos, tan singulares, es debido a
que se trata, sin duda, de bronces de tipo argárico, "producto
seguramente de una importancia esporádica, ya que nada
argárico conocemos en esta región. El hacha podría
corresponder al Bronce 1-II, según la terminología aprobada
por el Congreso de Almería, y el puñal, con la nervación
central ligeramente indicada y tres orificios para enmangue,
al Bronce II.
Tras lo que debió de haber sido, pues, una época floreciente
ibera, se produce luego una cierta homologación hacia el
futuro, con la ocupación de esas tierras bajoaragonesas por
los pueblos prerromanos ilergavones. ¿Cuándo se produce el
cambio de ubicación de la población desde El Castelillo hasta
la actual Alloza? Es algo que quizá no vayamos a saber nunca.
Ni el porqué, que posiblemente fuera debido a una destrucción
del primer asentamiento por guerra o incendio, o quizá porque,
con la pacificación y organización romana, se busca un
emplazamiento mejor, en la zona más llana, junto a una rambla
que entonces sí traería habitualmente agua.